El primer paso ya está dado, pero quedan cuarenta y uno más. No fue brillante, pero tampoco hacía falta que lo fuera. El Mallorca se estrenó con victoria en Segunda con la mirada puesta al retorno inmediato a la Primera División gracias a su triunfo ante el Valladolid en Son Moix (2-0). Pablo Torre y Raíllo marcaron las diferencias para que los tres puntos se quedaran en casa y aportaran credibilidad a un proyecto que tiene un único objetivo.
Queda todo por hacer, y más en esta alocada categoría, pero esto tiene buena pinta, las cosas como son. Los de Luis García fueron mejores que un rival muy flojo que aguantó sesenta y dos minutos sin tener un plan de partido claro más allá de resistir lo que pudiera. Y en eso también tienen mérito los bermellones, que apenas sufrieron atrás y que, a falta de fluidez en el juego, algo que se puede entender en un proyecto nuevo y en agosto, tiraron de su calidad individual a balón parado.
El inicio del partido no sorprendió a nadie. Los locales tenían el balón, estaban volcados hacia la portería de Aceves, pero más por un tema posicional que de peligro real. Algunos chispazos de Luvumbo y Antoniu Roca alimentaban la esperanza de que el gol podría llegar más pronto que tarde, pero faltaba algo más. Apretaban, pero eso no se traducía en ocasiones. Y eso facilitó que los visitantes se fueran acomodando y dieran varios pasos hacia adelante, aunque sin hacer sudar a Arnau Tenas.
Hasta que en el minuto veinticuatro llegó la mejor ocasión del primer acto. Valjent sirvió un buen balón a Calatayud, que demostró que ha llegado al primer equipo para quedarse. Por algo el técnico ha apostado por él por delante de Mateu Morey. El canterano llegó hasta el fondo con velocidad y su centro medido provocó un remate de Luvumbo que despejó Aceves como pudo. La pena es que el rechace, que cayó en las botas de Roca, no fue aprovechado porque el cedido por el Espanyol lo envió a las nubes. Son Moix, con 15.650 hinchas en una noche muy calurosa, aplaudió porque era toda una declaración de intenciones, pero este equipo tiene que morder más. Quizá así algunos de los cerca de cinco mil abonados que se quedaron en casa -el club informó que se han superado los 20.256 fieles con carnet- se animarán a acudir al estadio.
Siguió con el dominio del choque, pero sin encontrar los espacios para hacer daño de verdad y planos en la circulación de la pelota. De ahí que el propio Roca probara fortuna con un tiro lejanos desviado que solo evidenció su frustración. Había que tener paciencia porque el adversario tampoco era capaz de asustar, más allá de alguna llegada con cuentagotas. Un chut de falta de Yeray que se estrelló en Raíllo provocó miedo porque el VAR revisó si le había dado en la mano, pero la acción se quedó en nada antes de irse al descanso.
En la segunda parte la dinámica no cambió demasiado, aunque un error de Arnau Tenas en la salida del balón estuvo cerca de sorprender, pero el meta enmendó el fallo casi de inmediato. Era el momento de demostrar valentía y personalidad, justo lo que no se ha cansado de repetir Luis García, y que apareciera el talento. Pablo Torre acudió al rescate con un soberbio lanzamiento de falta que tocó Aceves, pero que no pudo hacer nada para desatar la locura a los aficionados. Fue un golazo que alivió a los suyos, que empezaban a frustrarse.
Pero estaba claro que no iba a ser fácil y los pucelanos respondieron con un saque de esquina olímpico que obligó a Tenas a reaccionar.
El preparador movió el árbol con la entrada de Adrián Liso, que no llevaba ni tres entrenamientos con su nuevo equipo, Alex Sala y Mateu Morey. Lo bueno es que el Mallorca buscó el segundo y no se limitó a verlas venir.
Y el tanto no tardó en llegar, con la participación de los que acababan de entrar. Liso forzó el córner y Raíllo, tras un gran lanzamiento de Sala, cabeceó con el alma , anticipándose a su marcador, para instalar el 2-0 en el electrónico. Esa maravillosa diana dio mucha tranquilidad y supuso todo un mazazo para un Valladolid inferior. Eso sí, Delgado cabeceó alto en una jugada en la que Tenas salió tarde.
Había que tirar de oficio para no dar vida al adversario. Casi al final, Alex Sala levantó de sus asientos al público con un obús que se fue al larguero y el rechace fue marcado por Liso, pero el VAR consideró que era en fuera de juego. Ya daba igual.
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