La patrona de Gran Canaria ya está a la altura de todos. Teror vivió este sábado una de las tardes más esperadas por los devotos de la virgen del Pino, con la basílica completamente abarrotada para presenciar uno de los actos más emotivos de las fiestas. El templo registró un lleno absoluto, acompañado por el constante movimiento de abanicos entre los asistentes. Este año, además, se amplió el aforo con respecto a ediciones anteriores, pues a los bancos habituales se sumaron varias filas de sillas instaladas en los laterales, lo que permitió aumentar la capacidad del recinto. Mientras que en años anteriores el aforo para este mismo acto rondaba como máximo las 360 personas, en esta ocasión cerca de 500 fieles pudieron seguirlo desde el interior de la basílica de Teror.
Y es que, aunque es conocido que la jornada de la bajada de la virgen del Pino congrega cada año a miles de fieles llegados desde todos los puntos de la isla para dar comienzo a las fiestas, lo vivido en Teror superó con creces las cifras de ediciones anteriores.
Bajo un sol que rajaba las piedras, desde las 18.00 horas —una hora antes del inicio de la eucaristía— las calles principales del municipio y los alrededores de la basílica ya presentaban una gran afluencia de asistentes. Muchos devotos, al no poder acceder al interior del templo, buscaron un lugar desde el que seguir la ceremonia a través de la pantalla instalada en la plaza del Pino.
Desde el balcón
Otros vecinos optaron por una perspectiva privilegiada y sacaron sus sillas a los balcones de sus viviendas situadas en la zona para contemplar desde las alturas la celebración de la misa y la esperada bajada de la virgen.
La entrada a la iglesia minutos antes del comienzo de la bajada / José Pérez Curbelo
Jóvenes, mayores, niños e incluso mascotas aguardaban con ilusión a que el reloj marcara las 19.00 horas para que diera comienzo una ceremonia que para muchos simboliza el inicio oficial de las fiestas del Pino. En la plaza, frente a la pantalla instalada para que los asistentes que no pudieron acceder al templo siguieran la celebración, se encontraba Manuel González junto a su mujer, sus hijos y sus nietos. No es vecino de Teror ni reside en un municipio cercano, pero desde que tiene uso de razón ha hecho el camino hasta la villa.
Cada año se sube al coche, a la moto o a la guagua para desplazarse desde San Bartolomé de Tirajana hasta Teror y vivir en primera persona uno de los momentos más esperados del calendario festivo grancanario. Aunque hubo una excepción: el año pasado, cuando su mujer se encontraba enferma por estas fechas y no pudo acompañarle, como era tradición, hasta Teror.
Ilusión y familia
«Recé por ella y pedí, por favor, poder venir este año y que me acompañara. Y aquí estamos», contó con una gran sonrisa, emocionado por recuperar una cita que forma parte de su historia y de su manera de vivir la devoción por la patrona. Además, en esta ocasión no llegó solo. A su lado estaban también sus hijos y sus nietos, convirtiendo la jornada en un encuentro familiar alrededor de una tradición que se mantiene viva generación tras generación.
«Siempre ha sido costumbre subir este día al municipio desde el mediodía, comer aquí, dar un paseo, comprar un poco de chorizo de Los Nueces para llevarlo a casa y después ver la misa. Y eso es lo que hemos vuelto a hacer hoy», explicó.

La virgen tras bajar de su camarín. / José Pérez Curbelo
Para González este momento tiene un significado especial, incluso por encima de la romería-ofrenda o del día grande de las fiestas, el 8 de septiembre. Lo tiene claro: la bajada de la virgen del Pino es la cita que más ilusión le despierta. «Esos días son muy multitudinarios y nosotros ya estamos mayores. Mi madre siempre me decía, cuando yo era pequeño, que esta jornada era muy simbólica porque es cuando ves a la virgen de cerca antes que nadie y, además, se vive de una manera mucho más tranquila que el resto de actos», explicó.
Eso sí, reconoce que en su juventud también acudía a las demás celebraciones de las fiestas, aunque con el paso de los años ha encontrado en este momento más íntimo una forma especial de mantener viva su devoción.
Puntualidad y silencio en la eucaristía
Cuando el reloj marcó las 19.00 horas, con una puntualidad milimétrica, dio comienzo la eucaristía que este año estuvo presidida por el sacerdote don Antonio Perera. En ese instante, tanto en el interior de la basílica como en la plaza del Pino se hizo el silencio. Todos los asistentes permanecieron atentos a sus palabras en una celebración que abrió oficialmente uno de los momentos más esperados de las fiestas.
El sacerdote tuvo el honor de presidir, además, la misa de la bajada de la virgen del Pino en un año especialmente significativo para Teror, después de que estas celebraciones hayan sido reconocidas como Fiesta de Interés Turístico Nacional.

Interior de la iglesia. / José Pérez Curbelo
Durante el transcurso de la ceremonia, la calle Real de la Plaza, la principal arteria del municipio, continuó llenándose de asistentes hasta quedar completamente abarrotada. La multitud se extendía varios metros más allá de la basílica, y muchos fieles seguían la celebración desde el inicio de la vía, pendientes de cada instante de la misa a través de la distancia.
En el interior del templo, como no podía ser de otra manera, la emoción fue protagonista. Lágrimas, muestras de fe y palabras de cariño hacia la patrona marcaron el desarrollo de una celebración cargada de sentimiento y devoción.
18 minutos
Aunque el inicio de la bajada estaba previsto para las 20.00 horas, no fue hasta las 20.20 cuando la imagen de la patrona comenzó a moverse y a inclinarse lentamente para iniciar su esperado descenso.
En ese instante, los devotos se pusieron en pie de sus asientos y, entre una larga ovación de aplausos, comenzó a escucharse una de las expresiones más repetidas de la tarde: «¡Viva la virgen del Pino!». El grito se sucedió una y otra vez mientras la imagen iniciaba su recorrido, en uno de los momentos más emocionantes de la jornada.
Tardó exactamente 18 minutos en completar su recorrido y fue a las 20.38 horas cuando la virgen del Pino llegó a los pies de los fieles, poniendo fin a uno de los momentos más esperados de la jornada. La patrona permanecerá junto a sus devotos hasta el próximo domingo 20 de septiembre, fecha en la que volverá a subir a su camarín tras la finalización del calendario festivo.
Entre voladores que anunciaban a los vecinos que la patrona ya estaba a la altura de los suyos, abrazos, muestras de cariño, vídeos y lágrimas de emoción, la virgen del Pino, con su manto de color rojo, volvió a encontrarse con sus fieles. La imagen ya está preparada para recibir las ofrendas que, como cada año por estas fechas, llenan de solidaridad a Gran Canaria y reflejan la unión de la isla en torno a su patrona.












