Ficha del festejo
Ganado: se lidiaron seis toros de Zalduendo, de muy desigual presentación en cuanto a volúmenes, hechuras y cabezas, muy bajos de raza y de fuerza, casi todos desfondados o afligidos más tarde o más temprano en el último tercio.
Diego Urdiales, de verde esmeralda y oro: estocada delantera desprendida (silencio); estocada delantera desprendida (ovación).
Daniel Luque, de azul noche y oro: media estocada desprendida (oreja); estocada desprendida (oreja tras aviso).
Borja Jiménez, de berenjena y oro: pinchazo recibiendo y estocada trasera perpendicular desprendida (ovación tras aviso); dos pinchazo y estocada trasera desprendida (silencio tras aviso).
Entre las cuadrillas: destacó Manolo Quinta en un gran puyazo al cuarto, y Antonio Manuel Punta y Juan Contreras saludaron en banderillas.
Plaza: primera de feria de la Semana Grande, con un cuarto de entrada (unas 3.000 personas) en tarde de mucho calor en el coso cubierto de Illumbe.
El diestro sevillano Daniel Luque paseó este jueves sendas orejas, de tono menor, en el primer festejo de la Semana Grande de San Sebastián, en el que se lidió un muy desigual y descastado encierro de Zalduendo entre el calor sofocante que añadía el hermetismo del recinto de Illumbe.
Entre los sudores generales y el constante aleteo de los abanicos, sin que un año más se abriera la cubierta móvil de este recinto cerrado, el escaso público asistente no encontró demasiada compensación a tanta incomodidad con lo sucedido sobre la arena, básicamente por el escaso juego de una corrida muy extrañamente enlotada.
De hecho, a Borja Jiménez le correspondieron los dos toros más chicos, ambos, según la tablilla, con los mismos 495 kilos de peso y que, quizá por eso, fueron los de mayor movilidad del sexteto. De ellos, el tercero, muy astifino, soltó varios arreones antes de atemperarse en unos instantes previos a su huida hacia las tablas.
Pero el rubio torero de Espartinas no llegó a concretar con él muleta en mano por la falta de temple de sus cites y de sus pases, casi siempre desplazando con ligereza las embestidas más potables, para terminar pinchando con la espada, que fue lo que le sucedió también con el último, algo flojo de cuartos traseros, sólo que con un más que aceptable pitón izquierdo por el que Jiménez sólo le consiguió una tanda de naturales medianamente estimable.
En cambio, en un contraste tan ilógico como acusado, en el lote de Diego Urdiales entraron sendos zambombos de 590 y 570 kilos, cien más que los de Jiménez, que, como era de esperar, se vinieron pronto abajo, desfondados y afligidos, a pesar de que el torero riojano siempre les hizo todo a favor para que regalaran, al menos, un par de embestidas decentes, lo que nunca sucedió.
El lote medio, y mediano, fue el de Luque, formado por dos cuatreños de correcta presencia y, aunque de medida raza, con la suficiente nobleza y duración para que el de Gerena les acabara cortando esas dos orejas que, sin permitirle salir a hombros -el reglamento vasco exige dos apéndices de un mismo astado- le hicieron irse aplaudido del recalentado recinto.
Luque también les trató con la suficiente exigencia, más bien poca, en un muleteo suave y lineal para, con ambos, acabar sacando una tanda de mayor nivel que supuso el centro de unas trabajadas y largas faenas que cerró en la distancia corta, con alardes de escasa emoción, que el aburrido tendido agradeció, y sendas estocadas de rápido efecto que provocaron la petición y la concesión de los trofeos.













