Un crucero fluvial hecho en autobús. Los ríos se quedan sin agua. A esa contradicción se ha llegado. Es el cambio climático que ya va haciendo estragos y mientras el mar sube de nivel y se teme inundará grandes espacios terrestres, los ríos se secan. Esta es la situación actual en Europa. Grandes corrientes de agua sin agua.
Por este camino el agua de mar entrará en los grandes cauces y los ríos correrán al revés, de la actual desembocadura hacia los manantiales, sus fuentes de nacimiento. Las tierras se salinizarán y los cultivos cambiarán totalmente. Los peces se marcharán a otras aguas, irán a aguas más frescas o más cálidas según su especie, las legumbres crecerán distintas y los animales domésticos también serán diferentes. ¿Cambiarán las selvas de lugar?
Por ese camino vamos al caos. Por lo menos en un principio, se mezclarán los climas, los tiempos, las cosechas, los sabores… Menudo lío.
«Reactores parados, puertos vacíos. La enorme sequía en Europa, causa estragos en los grandes ríos», titulaba un medio de comunicación días pasados, acompañando la información con fotografías de pequeñas embarcaciones varadas en la orilla de los cauces. Otro informaba que con el cambio aparecerá un nuevo mapa de enfermedades, con la importación de enfermedades transmitidas por mosquitos o por bacterias que las nuevas temperaturas favorecen. El mapa sanitario será distinto. Y ya empieza a serlo, con casos de enfermedades tropicales por medio continente europeo. Todo ello favorecido por la mayor movilidad de las personas, los viajes intercontinentales y las vacaciones exóticas.
Las estaciones cambian y su duración variará o ya varía. Se va notando en la zona peninsular española que va desapareciendo la primavera y se extiende el verano, los inviernos parecen más templados y los picos de temperaturas proliferan. O más frío o saltos de calor.
Los agricultores ya comienzan a notar las novedades. La vendimia en las distintas zonas vitivinícolas se ve adelantada cada verano. Del otoño se va pasando al verano y la recogida de la uva ya ha empezado en algunas zonas emblemáticas. Las hortensias marchitan en Asturias quemadas por el sol antes de que llegue agosto.
Cuatro olas de calor llevamos este verano, las manzanas que se cosechaban en octubre en Asturias ya se pueden comer ahora. Y la sidra modificará su histórico calendario, aunque el Principado todavía aguanta las oleadas del bochorno peninsular. No sé si durará mucho esta situación pero deberíamos aprovecharla sin demora. Tanto para política en general como para el turismo. Creo que ya se puede trabajar insistiendo en cuanto a la desestacionalización.
Creo que se deben programar ofertas de invierno para concilios y reuniones empresariales, campañas de vacaciones en meses oficiales de primavera, aprovechar que en el Principado las temperaturas son suaves, no extremas, templadas, para presentar hostelería y su sabrosa gastronomía.
En fin, que el cambio ya es histórico y crítico. Si empezaban a verse vestigios de la pasada Guerra Mundial, desde embarcaciones alemanas y bombas sin explotar, en el este continental aparecen monumentos de valor arqueológico como los cimientos de un puente romano con más de 1.700 años de antigüedad, construido por mandato del emperador Constantino. Conectaba territorio que hoy pertenece a dos estados. Y si ahora se utilizan los drones para fotografiar las tierras desde el cielo, comenzarán a verse restos históricos como no se conocían hasta el momento. Quizá la historia se vislumbre de otra manera, menos contada y más gráfica. Puede que contemplemos lo crítico del cambio y su actual realidad histórica.
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