Las autoridades colombianas han elevado este jueves a 273 el número de fallecidos y a 3.824 el de heridos por el terremoto de magnitud 7,4 registrado a principios de semana en el noroeste del país. Tres días después del seísmo, los equipos de emergencia continúan trabajando entre los escombros para localizar a posibles víctimas, mientras el balance sigue siendo provisional.
El director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), David Tamayo, ha detallado que 250 de los fallecidos se encuentran ya en el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. De ellos, 227 han sido identificados y 184 ya han sido entregados a sus respectivas familias.
La magnitud de la tragedia también queda reflejada en el número de desaparecidos: 377 personas continúan en paradero desconocido. A ello se suman 40.753 familias damnificadas, equivalentes a 97.515 personas. Los daños materiales afectan a 12.584 viviendas destruidas y otras 74.873 dañadas, además de 2.198 centros educativos, 216 instalaciones sanitarias y cinco aeropuertos.
Entre las zonas afectadas se encuentran Cali, Pereira, Quibdó y Manizales, aunque el impacto del terremoto está siendo especialmente duro en Chocó, epicentro del seísmo y región más pobre de Colombia. La emergencia ha puesto de manifiesto unas desigualdades estructurales que condicionan tanto la vulnerabilidad de la población como la capacidad de respuesta ante una catástrofe de estas dimensiones.
Según los datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Quibdó fue en 2025 la capital departamental con mayor pobreza monetaria, con una incidencia del 61,7%, frente al 19,7% registrado en Cali. Además, el coeficiente de Gini alcanzó 0,555 puntos en la capital del Chocó, por encima del 0,531 nacional.
La pobreza extrema también se agravó en Quibdó, donde pasó del 29,7% en 2024 al 32,5% en 2025. En contraste, en Cali se situó en el 6%. Unas cifras que reflejan la existencia de dos realidades profundamente diferentes dentro de un mismo país y que ahora condicionan la recuperación tras el terremoto.
Chocó, la zona más golpeada por el seísmo
Las propias características del territorio dificultan la llegada de ayuda. En Chocó, el transporte depende en gran medida de la red fluvial y existen importantes carencias de carreteras e infraestructuras. Mientras la ayuda pudo llegar por tierra con mayor facilidad a ciudades del Eje Cafetero como Pereira y Manizales, el acceso al Chocó resulta mucho más complejo.
A esta dificultad logística se suma la precariedad de numerosas viviendas. Según los expertos del DANE, muchos inmuebles carecen de suelo revestido, presentan paredes de madera y cuentan con unas condiciones constructivas muy deficientes. La clasificación socioeconómica colombiana sitúa buena parte de estas viviendas en el estrato 1, el nivel más bajo.
Pero la comparación con otras zonas del país revela hasta qué punto la desigualdad va más allá de los materiales de construcción. En Chocó, disponer de alcantarillado o alumbrado público resulta extraordinariamente difícil, servicios que sí están presentes incluso en algunos de los barrios más vulnerables de Bogotá.
Por ello, el terremoto no solo deja tras de sí una cifra creciente de víctimas. También expone las profundas desigualdades territoriales que determinan quién está más expuesto a una catástrofe y quién dispone de más recursos para afrontarla y recuperarse de ella.
Súmate a
Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.
hazte socio













