Como Odiseo camino de Ítaca, Kaiya Brown y su familia fueron encadenando obstáculos antes de alcanzar su particular destino: Lanzarote. No hubo cíclopes ni sirenas, pero sí un camión volcado, una autopista bloqueada, un taxi abandonado, una carrera con maletas y hasta un terraplén que tuvieron que escalar para no perder el avión.
La familia logró finalmente subir a su vuelo desde el aeropuerto de Birmingham por cuestión de minutos, después de quedar atrapada en un enorme atasco en la autopista M6. La historia ha sido recogida por Birmingham Live y Coventry Telegraph.
Lo que debía ser el comienzo tranquilo de unas vacaciones familiares terminó convertido en una auténtica carrera contrarreloj.
Un accidente convirtió el camino al aeropuerto en un laberinto
Kaiya, su marido y sus dos hijos pequeños habían salido de casa con cinco horas de antelación. El trayecto previsto hasta el aeropuerto apenas debía durar unos 30 minutos. Parecía margen de sobra. Pero cerca de la salida 2 de la M6, un camión que transportaba vehículos volcó y terminó afectando a ambos sentidos de la autopista. El tráfico quedó prácticamente paralizado y los servicios de emergencia comenzaron a abrirse paso entre los coches.
Kaiya recuerda que se encontraban a unos 20 minutos del aeropuerto cuando comprendieron que aquello no iba a resolverse rápido. «Estábamos completamente parados desde hacía un rato y empezamos a ver pasar policías, ambulancias y vehículos de asistencia», explicó la mujer, de 33 años y residente en Leicestershire. El reloj seguía corriendo y el avión no iba a esperar.
Kaiya Brown y su familia corrieron por la M6 para no perder su vuelo desde el aeropuerto de Birmingham a Lanzarote. / La Provincia
Bajarse del Uber o perder las vacaciones
Esperar dejó de ser una opción. La familia decidió abandonar el Uber en el que viajaba y continuar a pie con los niños y las maletas. Aprovecharon una vía de salida que había quedado cerrada al tráfico y comenzaron a avanzar en busca de una alternativa. Entonces apareció el siguiente obstáculo de su particular odisea: un terraplén. Tuvieron que subirlo cargados con el equipaje para conseguir salir de la zona bloqueada y alcanzar un punto desde el que pudieran pedir otro coche.
«Si no hubiéramos caminado, habríamos perdido el vuelo», aseguró Kaiya. La escena dejó además un momento de solidaridad. Otros conductores atrapados en el atasco salieron de sus vehículos para ayudar a la pareja con los niños y las maletas. «La gente salió de sus coches y nos ayudó. Fue realmente bonito», relató. Una vez arriba, unos agentes de policía les ayudaron a cruzar la carretera de forma segura.
Habían superado una prueba, pero todavía quedaba camino hasta su particular Ítaca.
La familia pidió un segundo Uber y volvió a ponerse en marcha. El problema era que el cierre de la M6 había extendido el caos a las carreteras cercanas, por lo que seguían sin tener claro que fueran a llegar a tiempo. «No sabíamos si conseguiríamos coger el vuelo porque el tráfico era un auténtico caos», explicó Kaiya. El segundo vehículo tampoco hizo especialmente cómodo el tramo final.
«No tenía aire acondicionado, así que estaba empapada en sudor y cubierta de barro y arañazos de las zarzas después de subir por el terraplén», recordó. A aquellas alturas, el único enemigo que importaba era el reloj.
Los últimos en subir al avión
La carrera tuvo premio. La familia consiguió alcanzar el aeropuerto de Birmingham y embarcar en su vuelo con destino a Lanzarote. «Fuimos los últimos en subir al avión y llegamos por cuestión de minutos», contó Kaiya.
La tensión era todavía mayor porque aquellas vacaciones tenían un significado especial. Sus hijos nunca habían visto un avión y la pareja había reservado incluso una sala VIP para que pudieran contemplar los despegues y aterrizajes, comer algo juntos y comenzar el viaje con calma.
Nada salió como habían imaginado. Llegaron tan tarde que se perdieron por completo esa experiencia previa y tuvieron que centrarse únicamente en alcanzar la puerta de embarque. Pero el avión seguía allí.
Un viaje esperado durante años
Las vacaciones tenían además un fuerte componente emocional para la familia. Kaiya explicó que ella y su marido tuvieron dos hijos en apenas 12 meses y que durante años tuvieron que asumir elevados gastos de guardería.
La factura llegó a rondar las 1.300 libras mensuales, lo que dejó poco margen para viajes o gastos extraordinarios. A ello se sumaron los años de la pandemia. Según relató, ella y su marido llevaban alrededor de ocho años sin viajar al extranjero.
Por eso aquel vuelo no era uno más. «Era algo enorme para nosotros como familia», explicó. Después de un camión volcado, una autopista cerrada, dos taxis, barro, zarzas y una carrera con niños y maletas, Lanzarote terminó siendo su Ítaca.
«Fue estresante, pero lo conseguimos», resumió Kaiya. «Estoy muy agradecida de que hiciéramos lo que hicimos porque, de lo contrario, habríamos perdido al cien por cien nuestro vuelo y nuestras vacaciones».
Y probablemente pocas familias hayan empezado unas vacaciones en Canarias con tanta sensación de haber llegado ya después de un viaje interminable.













