La guerra en múltiples frentes que sacude Oriente Medio desde fínales de 2023 está cambiando las dinámicas regionales. Varios países han movido ficha desde entonces para diversificar sus alianzas y reforzar su protección ante el poder menguante de Estados Unidos en la región o el castigo de Irán a sus vecinos por permitir el uso de las bases en su territorio durante la guerra de Washington y Tel Aviv contra la República Islámica. En el movimiento de mayor envergadura hasta la fecha, Turquía, Arabia Saudí y Pakistán firmaron la semana pasada en La Meca un acuerdo de defensa colectiva, por el que se comprometen a defenderse recíprocamente en caso de “agresión” contra uno de ellos. Una fórmula que plantea una duda de fondo, dado que Turquía es también miembro de la OTAN: ¿tiene la Alianza Atlántica que salir al rescate de Ankara en caso de que sea atacado por defender a Riad o Islamabad?
Los detalles del acuerdo de La Meca no se han hecho públicos, más allá de un comunicado oficial donde se dice que “cualquier ataque armado contra uno de los tres Estados se considerará un ataque contra todos ellos”. Una circunstancia que, según aclaró el ministro de Exteriores turco, Hakan Fidan, activaría la defensa colectiva del mismo en que lo hace el Artículo 5 de la OTAN, según publicó Reuters. La duda por tanto consiste en saber si Europa y EEUU tendrían que involucrarse en caso de que Ankara sea atacada por defender a sus nuevos aliados.
EL PERIÓDICO ha trasladado la pregunta a la OTAN, que ha optado, sin embargo, por eludir la cuestión. “En relación a sus preguntas, le remito a las autoridades turcas”, respondió su servicio de prensa. Tampoco tras la réplica, en la que se insistía en las obligaciones de los miembros de la Alianza en caso de a que uno de ellos sea atacado al cumplir con sus compromisos derivados de un acuerdo militar con terceros, hubo una respuesta clara. “No entramos en escenarios hipotéticos”, zanjó la OTAN. El Gobierno turco tampoco ha contestado a las preguntas de este diario.
Ataques contra Arabia Saudí
Esos escenarios son, sin embargo, menos hipotéticos de lo que podría parecer. Desde el inicio de la guerra contra Irán el pasado 28 de febrero, una guerra todavía activa, Teherán ha atacado Arabia Saudí en múltiples ocasiones con drones y misiles. No solo la base estadounidense de Príncipe Sultán o su embajada en Riad, sino también refinerías y yacimientos petrolíferos de Aramco. Algo que están haciendo también sus aliados yemeníes. Este mismo domingo, los rebeldes hutíes —a los que Teherán arma y financia— golpearon la refinería de Jazán, que produce 400.000 barriles de crudo al día en el sudoeste de Arabia Saudí, según Reuters. Y puede ser solo el principio porque la guerra civil en Yemen, donde Riad apoya al bando gubernamental, se está reactivando.
Frente a las evasivas de la OTAN, el viceprimer ministro y titular de Exteriores pakistaní, Ishaq Dar, dijo el sábado que el acuerdo de La Meca “no afecta a los acuerdos existentes con otros países u organizaciones” de sus miembros. “En ese sentido, debería considerarse como un acuerdo de defensa que funciona en un universo paralelo a la OTAN y a la participación de Turquía en ella”, asegura a este diario, Solon Solomon, profesor asociado de derecho internacional en la Universidad Brunel de Londres. “Es decir que, si Turquía es atacada como consecuencia de su participación en el pacto de La Meca, los demás miembros de la OTAN no tendrían que ayudar a Turquía a repeler el ataque”. Una interpretación —dice— coherente con el derecho internacional, según el cual un Estado debe mostrar por escrito su conformidad al asumir una obligación derivada de un tratado que no ha firmado.
¿Una ‘OTAN islámica’?
El acuerdo ha unido a la única potencia nuclear del mundo islámico (Pakistán), con el segundo mayor ejército de la OTAN (Turquía) y una de las petromonarquías más ricas del mundo (Arabia Saudí). Una alianza con potencial, pero todavía mucho camino por recorrer. No en vano, Islamabad y Riad mantenían ya desde 2025 un acuerdo de defensa mutua, pero no hay constancia de que Pakistán haya empleado sus fuerzas armadas para defender a Arabia Saudí de los ataques iraníes de los últimos meses.
“Estos tres países carecen de las bases institucionales necesarias para una interoperabilidad militar similar a la de la OTAN. Turquía aporta la experiencia de ser miembro de la OTAN, pero el ecosistema militar de Pakistán está actualmente dominado por tecnología china, mientras que Arabia Saudí sigue dependiendo en gran medida de los sistemas estadounidenses”, le ha dicho la analista india Aishwaria Sonavane al portal ‘Firstpost’.
Las tres capitales han insistido en que el pacto es «puramente defensivo» y busca reforzar su disuasión frente a las veleidades de terceros países. No han puesto nombres. Ni siquiera Irán, cuyo ministro de Exteriores le ha dado este lunes la bienvenida, presentando la alianza como una reacción a la influencia menguante de Washington. Tampoco han querido alimentar la idea de que podría ser la piedra fundacional de una “OTAN islámica”, como se ha especulado estos días, si bien hay voluntad de invitar a otros miembros. Egipto podría ser el próximo. “El acuerdo no representa un intento de establecer un eje militar o un bloque sectario”, aseguró este fin de semana el ddiplomáticosaudí, Rayed Krimly.
Suscríbete para seguir leyendo













