Justo a tiempo. Agentes de la Policía Nacional han logrado detener en el aeropuerto de Valencia a un futbolista neerlandés de 20 años cuando faltaban apenas unos minutos para que se subiera a un avión de regreso a Amsterdam junto con sus amigos y familiares, apenas unas horas después de haber cometido dos presuntas violaciones de las que ha sido víctima una joven de 18 años que estaba de visita en Valencia con dos amigas. Ambos se habían conocido en los mismos reservados de la discoteca en la que la víctima de Rafa Mir conoció al jugador la noche que acabó con su agresión sexual en casa del exvalencianista, en Bétera, por la que ha sido condenado a ocho años y medio de cárcel.
Pese a la rotundidad de la declaración de la joven ante el juez de la plaza 6 de la Sección de Violencia sobre la Mujer del Tribunal de Instancia de Valencia, Jesús Manuel Villegas, el presunto violador quedó en libertad tras su paso por el juzgado y actualmente se encuentra en su país, sin ninguna medida cautelar.
Los hechos sucedieron en la madrugada del pasado miércoles, 5 de agosto, cuando un grupo de amigas, todas ellas de un país del norte de Europa que Levante-EMV no revela para preservar su anonimato, conocieron al presunto agresor sexual, L. Z., de 20 años, jugador no profesional en un equipo de la región de Países Bajos donde reside, a su hermano y a un amigo de ambos, grupo que también estaba de visita en Valencia.
Tras presumir antes ellas de su, afirmó, alto poder adquisitivo, invitaron a las tres jóvenes a compartir su mesa en el reservado de la discoteca, ubicada en el recinto que alberga la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. La primera hora discurrió con normalidad, compartieron copas y hablaron distendidamente. En un momento determinado, según contaría la víctima, ella y L. Z. se atrajeron físicamente y acordaron salir del local para tener un encuentro íntimo en un lugar más discreto.
La primera relación fue consentida; las siguientes, no
Los dos salieron juntos y él la llevó a la parte inferior de uno de los puentes próximos a la discoteca, el del Assut de l’Or. En ese primer momento, ambos mantuvieron una relación consentida de sexo vaginal, pero, una vez finalizada, llegó la agresión. La víctima, que ha mantenido siempre el mismo relato, asegura que en ese instante, el joven le pidió que la realizara una felación, pero ella se negó y le dijo que ya habían terminado y que quería regresar con sus amigas.
El ahora acusado, explica la chica, obligó a esta a arrodillarse y consumó esa primera violación, para, a continuación, agredirla sexualmente de nuevo con una penetración anal a la que la chica, aterrada, también se negó en rotundo. Luego, él se fue. Eso sí, antes, asegura la chica, grabó parte de la violación y la compartió con alguien, acción de la que, ha asegurado, fue testigo y que ahora rastrea la Policía.
La joven volvió a la discoteca en busca de sus amigas y, en el baño, les relató lo que le acababa de hacer L. Z. Fue una de ellas quien llamó de inmediato a la Policía Nacional, que envió un coche patrulla al local. Para entonces, el presunto agresor, su hermano y su amigo ya habían recogido y se habían esfumado. Los agentes acompañaron a la joven a un hospital de Valencia, donde se activó el protocolo de agresiones sexuales, que implicó enviar agentes de la Oficina de denunciar y atención a la mujer (ODAM) de la Policía Nacional, así como al médico forense de guardia y al servicio de ginecología. Durante la exploración, las especialistas confirmaron lesiones en las piernas y en otros puntos del cuerpo de la chica compatibles con el delito descrito.
Detenido en el aeropuerto
Gracias a que una de las amigas había tomado fotografías de los tres neerlandeses, los investigadores de la Unidad de atención a la familia y la mujer (UFAM Investigación), que se hicieron cargo del caso, pudieron alertar a sus compañeros del aeropuerto para que buscasen a L. Z. y lo detuviesen, ante la sospecha de que pudiera estar intentando regresar a Países Bajos. Acertaron. Gracias a esa foto y a la celeridad de la actuación, agentes de la Policía Nacional del aeropuerto de Manises localizaron y detuvieron al sospechoso poco antes de que subiese al avión con destino a Amsterdam.
Esa noche la pasó en los calabozos del completo policial de Zapadores, pero, contra todo pronóstico, cuando al día siguiente fue conducido ante la jueza de la plaza 1 de Violencia sobre la Mujer, que ese día, jueves, empezaba su guardia, la fiscal no solicitó ninguna medida y la magistrada, tras consultarlo con el juez del 6 que va a llevar el caso, decretó la libertad provisional. Dado que no se le ha impuesto medida alguna, L. Z., ese día ya sí, pudo tomar un vuelo de regreso a su casa. Deberá responder si el juzgado lo cita, le han advertido.
Prueba preconstituida rechazada
La Policía continúa pendiente del volcado del teléfono del acusado, para comprobar, como ha afirmado la chica si grabó y compartió vídeos y/o fotos de la violación. Mientras, la joven también ha regresado a su país y tendrá que volver si la llama el juez, ya que se ha rechazado realizar la prueba preconstituida, una declaración con todas las garantías, en la que se le ofrece a ella disponer de abogado y en la que también está presente el letrado del acusado -además de juez y fiscal-. Se trata de una prueba que permite a las víctimas no tener que revivir los hechos y es una herramienta judicial de uso frecuente por quienes buscan evitar la revictimización de las personas que han sufrido un delito.













