El Repertorio de Oficios Artesanos de Andalucía ha incorporado la cestería en vareta de olivo y la elaboración de venencias, dos actividades estrechamente vinculadas con la historia y la cultura de Montilla, dentro de una nueva revisión promovida para adaptar este catálogo a la continua transformación de la artesanía y reconocer prácticas que hasta ahora no figuraban oficialmente en él.
La actualización incluye trece nuevos oficios: pintura en piezas de cerámica, bordado de tul, bordado en oro, cestería en olivo, construcción de chozas, elaboración de encajes de bolillos en hilo de oro y plata, elaboración de fieltro, elaboración de jarapas, elaboración de pantallas para lámparas, elaboración de pergaminos, elaboración de señuelos de pesca, elaboración de venencias y sastrería de protecciones para imágenes religiosas.
Entre estas actividades destacan, por su arraigo en Montilla, la cestería elaborada con varetas de olivo y la fabricación de venencias, dos trabajos artesanales que mantienen una relación directa con el paisaje agrícola, las bodegas y las formas tradicionales de vida de la localidad. Su incorporación al repertorio supone el reconocimiento oficial de unos conocimientos transmitidos durante generaciones.
El venenciero, un oficio ancestral
En el caso de la elaboración de venencias, el catálogo denomina «venenciero» al artesano dedicado a fabricar este instrumento tan característico de la cultura vitivinícola. En Montilla, Antonio Carrasco ha recuperado con maestría este oficio después de la desaparición de los hermanos Fernández y de Nicolás Clavero.
Antonio Carrasco desarrolla su labor en Carrasco & González, Artesanía en Acero Inoxidable, un taller ubicado en la avenida del Marqués de la Vega y Armijo. Allí elabora venencias y numerosos artículos relacionados con el vino y las bodegas, preservando una actividad tradicional que forma parte de la identidad del territorio vitivinícola.
La inclusión del venenciero en el repertorio reconoce, de este modo, un oficio ancestral ligado a una herramienta utilizada en el ámbito bodeguero.
Junto a él, la cestería en vareta de olivo adquiere también la consideración oficial de oficio artesano andaluz, después de un prolongado proceso de recuperación impulsado desde Montilla.
Y es que hubo un tiempo en el que los campos montillanos no solo estaban ligados al vino y al aceite. Las varetas de olivo, los brotes tiernos que nacen al pie del tronco, eran aprovechados como materia prima para fabricar canastos y otros utensilios empleados en las labores agrícolas. En lugar de desecharse, se seleccionaban y trabajaban hasta convertirse en recipientes resistentes que acompañaban la recogida de las aceitunas y la vendimia.
El progresivo abandono de estos objetos y la desaparición de los artesanos veteranos colocaron el oficio al borde del olvido. La recuperación comenzó en 2014 por iniciativa de la primera junta directiva de la Asociación Cultural de Artesanos de Montilla Solano Salido, presidida entonces por José Luis Márquez Ruiz.
Relevo generacional
Desde la asociación montillana sostienen que «un oficio no muere cuando deja de usarse, sino cuando se olvida cómo se hace». Esa idea encontró continuidad en Maribel Ramírez Madrid, discípula de Joaquín Luque Moreno y responsable de recoger el testigo de su maestro.
Tras aprender la técnica y familiarizarse con los conocimientos necesarios para trabajar las varetas, Maribel Ramírez Madrid asumió la continuidad de los talleres. Su dedicación permitió mantener activa la enseñanza del oficio y prolongar la labor que había desarrollado Joaquín Luque Moreno en el Centro de Artesanía de Montilla.
De igual modo, la asociación reconoció en 2025 la constancia y la implicación de Maribel Ramírez Madrid al nombrarla socia de honor. El homenaje unió así a dos generaciones vinculadas por una misma técnica.















