Felipe VI mantiene su intención de visitar Ceuta y Melilla, un desplazamiento que siempre ha estado sobre la mesa del jefe del Estado, según ha podido saber EL PERIÓDICO de fuentes conocedoras de ese posible viaje. La voluntad del Rey no es nueva ni responde únicamente a la coyuntura actual: se ha mantenido con este Gobierno, presidido por Pedro Sánchez (PSOE), y también con el anterior, de Mariano Rajoy (PP), aunque nunca ha llegado a concretarse una fecha.
La visita exige, sin embargo, una preparación especialmente cuidadosa. Como sucede con todos los desplazamientos oficiales del jefe del Estado, deberá organizarse en coordinación con el Gobierno, que tendrá que analizar junto con la Zarzuela si se dan las condiciones políticas, institucionales y diplomáticas. La singularidad de Ceuta y Melilla, territorios cuya soberanía reivindica Marruecos, convierte cualquier gesto de la Corona en un acontecimiento de especial relevancia, tanto en el ámbito interno como en la relación con el país vecino, clave para España y la Unión Europea en el control de la inmigración ilegal, la lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo islamista. Un dato histórico sustenta la dificultad de un viaje del Monarca a esas dos ciudades autónomas: Juan Carlos I y Sofía solo las visitaron en una ocasión en 39 años de reinado y aquel desplazamiento fue rechazado abiertamente por Mohamed VI, que ordenó la retirada del embajador en Madrid (Omar Azziman) durante meses. De ahí que hoy sea Juan Jesús Vivas, presidente de Ceuta, el que se traslade a Palma de Mallorca para analizar en persona con el Rey esta crisis en la frontera y las dificultades asistenciales que tiene la ciudad para atender a los miles de inmigrantes que han llegado en los últimos días.
Visitas para apoyar a los damnificados
Por ahora no existe una fecha cerrada ni puede asegurarse que el viaje vaya a producirse en las próximas semanas. La visita a las dos ciudades autónomas tendría una fuerte carga simbólica y sería histórica. La presencia del Rey en esos territorios reforzaría su papel institucional y trasladaría un mensaje de cercanía a sus habitantes, como el jefe de Estado ha hecho en los últimos años con los ciudadanos afectados por la dana en Valencia, el accidente de Adamuz y los incendios. Precisamente por esa dimensión, la operación requiere discreción, consenso y una lectura diplomática minuciosa. La voluntad existe; falta que las circunstancias permitan convertirla en agenda.
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