A menos de tres meses de las elecciones presidenciales, Basil siente cada vez más la presión política de la administración de Donald Trump y su brazo sudamericano, el de Javier Milei. El Gobierno no tiene duda de que intentan incidir en la contienda cuando Flávio Bolsonaro aparece detrás de Luiz Inacio Lula da Silva en las encuestas. La noche del martes tuvo dos evidencias de que las tensiones serán crecientes. Una de ellas provino desde el Departamento de Estado que decidió cancelar la visa de la embajadora brasileña en Washington, Maria Luiza Viotti. Lo hizo en supuesta represalia por la demora al beneplácito del representante de Trump en Brasilia. La relación bilateral se encuentra en su punto más bajo. En tanto, y tras una nueva catarata de insultos de Milei a Lula, el embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, recibió una protesta formal del ministro de Exteriores, Mauro Vieira, de alcances inéditos en décadas. Brasil redujo su vínculo con el principal socio comercial al nivel de encargado de negocios. El retorno del embajador Julio Bitelli a Buenos Aires ha quedado suspendido por la reiteración de ofensas del anarco capitalista.
Los dos hechos forman parte del mismo problema para el Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT). EEUU sostiene que la indefinición en lo que respecta a la aprobación formal de la presencia del embajador norteamericano, Daniel Pérez, un hombre de Marco Rubio, motivó una medida que será levantada apenas se otorgue la visa diplomática el nuevo embajador. Ribeiro Viotti no debe necesariamente abandonar Estados Unidos. Se le prohíbe no obstante oficiar como representan del gigante sudamericano. El Departamento de Estado ha expresado a su vez malestar por las restricciones impuestas a otros dos hombres de Rubio para que visiten Brasil antes de unos comicios tan polarizados. Se sabía que tenían la intención de cuestionar la marcha de las elecciones con los mismos argumentos que utiliza Trump en lo que respecta a la contienda de medio término en su país: las urnas electrónicas. «El Gobierno brasileño condena la decisión anunciada hoy por el Departamento de Estado de EEUU. Las dos justificaciones presentadas son falsas. El proceso de concesión del agrément es confidencial y el nombre de la persona designada solo debería hacerse público una vez concedida la autorización», respondió el ministerio de Exteriores. Y añadió: «El Brasil se rige estrictamente por el derecho internacional. No hay ninguna disposición en la Convención de Viena que establezca un plazo para la concesión del agrément«. Por último aseguró que lo ocurrido este martes no es «un hecho aislado» sino que «forma parte de una escalada deliberada de medidas hostiles hacia Brasil, motivadas por razones ideológicas incompatibles con una relación bilateral que siempre se ha basado en el respeto mutuo». Trump, señala sin nombrarlo, tiene un «evidente» e «injustificado» interés en «interferir» en las elecciones de octubre.
Hostilidad
«La revocación del visado de un embajador equivale, en la práctica, a la expulsión del embajador. Es un acto de extrema hostilidad», señaló Míriam Leitão, analista estrella del diario carioca O Globo. «No hay justificación alguna para que el gobierno de Trump tome una medida como esta». Una fuente diplomática habló de un acto de «chantaje y prepotencia con la vista puesta en la campaña». Lo único peor que falta es «la ruptura de relaciones». Otra fuente del Gobierno consultada por Fabio Graner, de la misma publicación, califica lo ocurrido como un nuevo episodio dentro de «un ciclo continuo de represalias y fricciones institucionales«. No cabe duda en el Gobierno de que «los estadounidenses estarían actuando en contra de Lula y para apoyar la candidatura de Bolsonaro».
El Palacio de Itamaraty, como se conoce al ministerio de Exteriores, esperaba esta acción después de que un bloguero bolsonarista Paulo Figueiredo la anunció de manera anticipada en las redes sociales. Para Gabriel Barnabé, columnista del diario paulista Folha, las relaciones bilaterales «se desplomaron a un nivel sin precedentes«. Lula había visitado a Trump en mayo en la Casa Blanca. Retornó con la presunción de que los vínculos estaban encaminados. Pero de inmediato la administración norteamericana comenzó a elevar el tono contra Brasil. El magnate republicano recibió a Bolsonaro y designó a facciones criminales brasileñas como organizaciones terroristas. Luego anunció un nuevo aumento de aranceles sobre productos brasileños. Rubio dijo que el Gobierno de Lula no habría negociado «de buena fe». Itamaraty calificó esa declaración de un «ataque grosero y arrogante».
La diplomacia brasileña teme a estas alturas episodios más desagradables. La presunción ser basa en lo ocurrido en marzo de 2025, cuando el Departamento de Estado expulsó al embajador sudafricano en Washington, Ebrahim Rasool. Rubio lo había declarado persona non grata, alegando que «odiaba» a Trump y al país donde cumplía sus funciones.
Los roces con Argentina
La escalada no ocurre en el vacío sino en medio de una continua derechización regional. La mayoría de los países con los que limita Brasil se han aliado a EEUU: Paraguay, Bolivia, Perú y ahora Colombia, con la presencia del ultraderechista Abelardo de la Espriela en el poder a partir del próximo viernes. El único vecino con el que el gigante sudamericano tiene coincidencias políticas es Uruguay. Luego está México, que sigue con extrema inquietud el curso de los hechos. Nada se compara, sin embargo, con el caso argentino. «Antes las reiteradas agresiones de Milei, tres desde el domingo, comunicamos que mientras subsista esa situación Bitelli no vuelve», dijo al portal Infobae una fuente de Exteriores de Brasil. «Tuvimos mucha paciencia, no contestamos, pero creemos que la reiteración de ofensas hacía el presidente hacen inevitable esa decisión», fundamentó otro diplomático de manera anónima al diario La Nación.
La participación de Milei en la convención del Partido Liberal que erigió a Flavio Bolsonaro como candidato a presidente de una coalición de derecha, el 25 de julio pasado, generó un enorme desagrado al Gobierno brasileño. «Ustedes vieron la payasada que vino a hacer aquí el presidente de Argentina. Yo no dije nada, porque mi relación es una relación de jefe de Estado a Estado, y me gusta el pueblo argentino, así que no voy a estar intercambiando cosas con esas cosas», comentó Lula. No contento, el ex tertuliano televisivo reincidió en sus los ataques que los empresarios argentinos que venden al vecino país por millones de dólares observan con estupefacción. «Es ladrón, es un corrupto. Fue condenado. Estuvo preso, con lo cual es cierto lo de presidiario. Lo liberaron por una falla administrativa, no por ser inocente. Por lo tanto, es ladrón y es un corrupto». Según Milei, Brasil ha sido responsable «del 25% de la campaña anti argentina» desplegada en redes sociales durante el Mundial de fútbol en Estados Unidos. Sus exabruptos coinciden con una nueva y más profunda caída en las encuestas. Una medición de la consultora Zuban-Córdoba da cuenta que el 65% de las personas consultadas escogerá una alternativa electoral diferente a la ultraderecha en octubre de 2027.
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