Con el culebrón de la sede prácticamente olvidado, el Low Festival de Torrevieja se preparaba para vivir su jornada grande. The Hives encabezaban un cartel que también reunía propuestas musicales de lo más variado: desde la despedida de Love of Lesbian hasta la confirmación de unos Alcalá Norte que ya han dejado de ser una promesa y que ahora están obligados a demostrar sobre el escenario por qué ocupan ese lugar. La Paloma y Editors completaban algunos de los principales atractivos de una segunda jornada que aspiraba a congregar a más de 19.000 personas. A falta de conocer las cifras oficiales de la organización, lo cierto es que el recinto presentó una gran entrada durante buena parte del día.
Pero antes de hablar de nombres consagrados, esta crónica comienza con la propuesta de Mala Gestión, que asumió la siempre ingrata tarea de abrir la velada en el escenario de Radio 3, tradicionalmente el más apartado del recinto. El resultado fue más que sorprendente: cientos de personas corearon las canciones de una joven banda valenciana que derrocha carisma a través de la agresividad de su sonido. Su vocalista, lejos de buscar el impacto mediante poses o una estética llamativa, convierte la aparente pasividad en su principal arma escénica. A su alrededor, el resto de la formación desplegó una calidad técnica que pocas bandas de las que hoy mueven masas y acumulan cientos de miles de seguidores pueden igualar. El futuro de Mala Gestión invita al optimismo y, quizá, con propuestas como la suya este género vuelva a abrazar con fuerza el protagonismo de las guitarras.
Después llega el momento más complicado, mantenerse entre tantas propuestas. Ese es precisamente el punto en el que se encuentra una de las grandes revelaciones de los últimos años, Alcalá Norte. Su primer disco supuso una ruptura con buena parte de lo que ofrecía la industria. Era aire fresco, moldeado por unos músicos de influencias diversas y una estética claramente alejada de los cánones habituales. Fue precisamente ese componente exótico el que conquistó a buena parte del público indie-rock, tan acostumbrado a una imagen mucho más uniforme y distante de la que proyectaban Álvaro Rivas, Barbosa y compañía. Sin embargo, el efecto sorpresa ya ha desaparecido. Alcalá Norte ha dejado de ser la novedad para convertirse en una realidad consolidada. Ahora ya no basta con sorprender, toca demostrar que detrás de aquella irrupción había una banda capaz de sostener el estatus que conquistó diferenciándose del resto.
Con su segundo álbum en camino, el grupo afronta una gira alejada de las grandes estridencias que marcaron sus primeros pasos. Mantienen esa cercanía con el público, esa peculiar mezcla de actitud heredada del heavy metal y ecos de indie psicodélico, además de unas letras que siguen invitando al análisis y al disfrute, como demuestran sus dos últimos sencillos. Sin embargo, en el directo parece faltar ese elemento diferencial que hace apenas un par de años los convertía en una de las actuaciones más imprevisibles del circuito. Ni siquiera lograron dividir al público con su ya tradicional wall of death. Alcalá Norte no puede permitirse diluirse hasta convertirse en una banda más, porque su identidad nunca ha sido esa. Si el factor sorpresa ha desaparecido, será necesario encontrar nuevas bazas. Que Barbosa terminara el concierto lanzando puros al público puede ser una de ellas, aunque ahí ya no puedo valorar su eficacia.
La jornada transcurría con total normalidad. Los siguientes en actuar fueron unos contundentes La Paloma, que demostraron estar a la altura de uno de los escenarios principales del Low. Por su parte, PabloPablo hizo las delicias del respetable en el escenario de Radio 3. Pero todo esto no era más que la calma antes de la tormenta, prevista para las 21.05 horas. Cinco globos, cada uno con una letra, clamaban a los cuatro vientos que los Hives estaban a punto de desembarcar en el escenario Vibra Mahou.
Su concierto ha sido el mejor de lo que llevamos de edición. Adrenalina pura e incesante con un único objetivo: no conceder un solo instante de respiro durante una hora y diez minutos de actuación que se hicieron demasiado cortos. Un auténtico terremoto sueco sacudió Torrevieja entre riffs inconfundibles y trajes de luces (y no precisamente de toreros).
Muchos grupos de su talla prefieren no arriesgar: hacen su concierto, cumplen y cobran. Ellos, en cambio, se dejaron hasta la última gota de sudor sobre el escenario. Mientras el cantante dialogaba con el respetable en un castellano más que fluido, de algo sirven las innumerables veces que han pisado nuestro país, el guitarrista Niklas Almqvist conectaba con las primeras filas, que reclamaban a gritos alguna de sus púas. Todo valía. El caos generado era proporcional a la tralla que desplegaban sobre las tablas. Y en ese caldo de cultivo, The Hives se mueven como pez en el agua. No necesitan recurrir a una falsa humildad, su frontman, Howlin’ Pelle sabe que eso sería mentir. Por eso prefieren refrendar sus ideas con hechos.
Venir después de este torbellino musical debería ser complicado, pero que la siguiente propuesta fuese Ojete Calor invitaba precisamente a no tomárselo demasiado en serio. La segunda jornada del festival puso su punto final con la despedida de Love of Lesbian, en la línea habitual de Santi Balmes y compañía, mientras que Ultraligera y Editors se escapaban ya de la hora de cierre de este periódico. Tocaba descansar para coger fuerzas de cara a la última jornada del festival, en la que The Molotovs, Barry B, Dani Fernández y Sidonie, entre otros, pretenden poner el broche a la edición más controvertida del Low Festival. Y Las Chavalas, por supuesto, las alicantinas se han ganado con su talento el privilegio de abrir el domingo a las 18.30 horas y merecen darse a conocer. Además, prometen regalos.
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