La Reina del Country ha muerto a los 80 años de edad. Dolly Parton, intérprete de Jolene —canción que tantas veces ha hecho suya Miley Cyrus, su ahijada— entre otros éxitos, ha fallecido este martes 25 de agosto, en Nashville, Tennessee. Aunque en el comunicado no se habla de la causa, la artista llevaba un tiempo arrastrando problemas de salud.
No obstante, la estadounidense no vivirá en el recuerdo de todos sólo por su don, sino que también lo hará por sus reivindicaciones. Sin embargo, nunca quiso llamarse feminista, al menos de forma pública. Pero lo fue.
El concepto que ella utilizaba era el de estar «a favor de las mujeres«, y aunque esto puede resultar polémico por su indefinición y por el desconocimiento sobre el feminismo que implica —nunca confundir con la misandria—, lo cierto es que deja tras de sí un legado ligado de forma inevitable a la causa.
Durante seis décadas, nos enseñó a través de sus canciones, sus negocios y su vida privada algunos de los pilares fundamentales de esta lucha que hoy mismo se cuestionan y siguen estando en el candelero.
Algunos ejemplos son el hecho de que una mujer no ha de escoger entre ser femenina y empoderada; que la independencia económica también es libertad; y que no hay que pedir perdón por ocupar el espacio que le pertenece a cada cual tras trabajar para ello.
Su rechazo a la etiqueta del feminismo no era tanto al concepto, sino a sus connotaciones, otra realidad que se sigue discutiendo en la actualidad. Eso fue lo que sostuvo en una entrevista con The Guardian en 2019 tras ser preguntada al respecto:
«No lo sé… Quiero decir, si ser feminista quiere decir que estoy a favor de las mujeres, sí. Pero no creo que tenga que etiquetarme. Creo que la forma en la que me he mostrado a lo largo de mi vida habla por sí misma», expresó.

Dolly Parton, la Reina del Country, en una de sus actuaciones.
Lecciones feministas
A pesar de no calificarse como tal, la cantante dejó claro en su entrevista con el periódico británico que era una mujer comprometida con las mujeres —al margen de la letra de Jolene, esa súplica encarecida a la coprotagonista de la historia para que no le robara a su pareja—.
Esta predisposición de la norteamericana se traduce en una serie de lecciones de una feminista no feminista que merece la pena recordar hoy, pero también de aquí en adelante, en especial cuando derechos fundamentales que deberían ser obvios son cuestionados.
Sé tú misma
Dolly Parton logró dejar huella sin renunciar a ninguno de los elementos que durante años utilizaron para infravalorarla que, curiosamente, son detalles que se asocian con la feminidad. Desde sus pelucas imposibles hasta sus uñas larguísimas. Porque sí, antes de que Rosalía pusiera de moda las manicuras más extra hace unos años, la de Nashville ya hacía lo propio.
Aquí también entran los tacones, los vestidos ceñidos y el escote, así como el maquillaje. Todo ello se convirtió en una especie de uniforme y de marca personal que logró que la artista arraigara no sólo en su país de origen, sino en el mundo entero. Construyó un negocio de lo más rentable con aquello que cuestionaban de ella y con lo que pretendían atacarla.
En su imaginario, la idea de que tuviera que ser menos mujer —canónicamente hablando— para ser tomada en serio no era una posibilidad. Cuando había que escoger entre ser atractiva o pasar desapercibida para resultar respetable, ella decidió no renunciar a su esencia para convertirse además en la dueña de su carrera.
Esto que en teoría puede evocar al pasado sigue siendo un tema de actualidad.
El dinero importa
Una cosa que siempre distinguió a Parton fue su forma de hablar, clara y directa. Y cuando se entronca con la cuestión económica, todo el romanticismo desaparece de la conversación.
El dinero no es lo más importante, pero si no hay una estabilidad, eso puede desembocar en que falte lo fundamental. En Estados Unidos, la salud se compra a base de talonario, por ejemplo, algo que la cantante conocía bien, de ahí en parte su lucha por la clase trabajadora.
En su vida personal obró de la siguiente forma en esta dirección: no quiso ser sólo la intérprete de las canciones de otros ni alguien que dependía de los contratos que le ofrecía. Lo fue todo y más: compositora, productora, actriz, empresaria y un largo etcétera. Fue su propio imperio cuando las mujeres seguían teniendo que pedir permiso para todo.
De hecho, fue la encargada de darle vida a I will always love you, a la que puso voz Whitney Houston, una de las canciones más rentables de la historia de la música.
A lo largo de los años defendió la igualdad salarial y en 2023 lo definió así para, una vez más, The Guardian: «Si haces algo genial, deberían reconocerlo y pagarte por ello». Para alcanzar la igualdad, la libertad económica es esencial.
La polifacética artista en una imagen de 2016 en el ‘photocall’ de los Academy of Country Music Awards.
La ambición
Esta característica se suele ver de forma positiva en los hombres, pero de manera negativa en las mujeres. Mientras ellos son unos líderes natos, ellas son unas mandonas. Este sesgo de género nunca marcó la trayectoria de Parton, que luchó por querer más y nunca pidió perdón por ello.
La artista logró salir de la pobreza en la que nació sin avergonzarse de ir haciendo cada vez más con su carrera. Este detalle se refleja en 9 to 5 —título que hace referencia a la duración de la jornada laboral—, la canción que escribió para la película homónima protagonizada por Jane Fonda y Lily Tomlin en 1980.
Entonces, esta dupla de cine y música se convirtió en un auténtico símbolo e himno de las reivindicaciones de las mujeres trabajadoras. En el tema hay una frase clave: «Pour myself a cup of ambition«. El verso destaca que ellas también pueden servirse una copa de ambición.
Ellas y el sexo
Al echar la vista atrás, producciones relativamente recientes como Sexo en Nueva York parecen las encargadas de poner el placer femenino en el centro del discurso. No obstante, Dolly Parton remó a favor de esta causa en 1968.
Seis décadas atrás, la artista escribió Just Because I’m a Woman, una canción que habla del doble rasero sexual entre ellos y ellas. Lo mismo que ya hizo Sor Juana Inés de la Cruz en el siglo XVII con su poema Hombres necios. En su documental Dolly Parton: Here I Am, es ella misma la que explica que con los años había logrado entender la culpabilidad que encierra esta conversación.
Sororidad
Poco sentido tendría acabar esta pieza de una forma distinta a esta. Si algo distinguió esa lucha en favor de las mujeres de la artista fue, sin duda, que no se limitó a trabajar por y para sí misma, sino que centró sus esfuerzos en mejorar la vida de otras compañeras y de los niños.
En concreto, en 1995 creó la Imagination Library. Este programa empezó proporcionando libros gratuitos a los pequeños de Tennessee y acabó creciendo hasta convertirse en una iniciativa internacional.
Dolly Parton se marcha, pero su legado permanece. Un baúl lleno de canciones, recuerdos, películas, negocios y causas que, a lo largo de su vida, defendió a capa y espada. En el pie de página de su vida, una constante: su peculiar forma de entender el poder femenino. La máxima de que no hacía falta pedir permiso para existir más allá de las estructuras preestablecidas.
La no feminista más feminista de todas.










