En una de sus últimas ruedas de prensa del curso anterior, Hansi Flick lanzó un claro mensaje sobre el mercado. Dijo textualmente que no se podían cometer “tonterías” si se deseaba elevar el nivel de la plantilla. Y por ello el alemán pidió centrar todos los esfuerzos en el ataque, convencido de que la Champions solo se podrá ganar si se mejoraba mucho la efectividad goleadora del equipo.
Flick ha dado el ok a dos aviones por las bandas. Gordon y Adeyemi son los futbolistas diferenciales que demandaba, pero sobre todo quería un ‘9’ que no solo asegurase goles sino que pudiera combinar con el resto del ataque. Después de rastrear el mercado, el consenso absoluto fue que Julián Álvarez era el goleador perfecto para confeccionar una zona ofensiva de las más mortíferas de Europa. Y a partir de ahí, Julián se convirtió en una obsesión para el entrenador alemán, que daría lo que fuera para tenerle en el Barça.
Muchas semanas después, el fichaje de Julián Álvarez está en el aire por decir alguna cosa. La estrategia no ha funcionado y, tal y como está el mercado, parece muy difícil que el club blaugrana pueda incorporar al argentino. La oferta de 100 millones de euros, que Laporta dio por definitiva, se queda corta ante unos precios que están absolutamente desorbitados. Y ni la postura del argentino podría variar el escenario. Es cierto que el Barça ha presentado una propuesta sobre la tasación real del futbolista, pero los valores no significan nada en un mercado inflacionado.
¿De verdad el Barça quiere fichar a Julián Álvarez? Debe ser que sí, pero tampoco lo demuestran. Y huele a que Flick se ha quedado muy solo en esta prioridad de mercado de la que, cada vez más, los directivos recelan. Otra cosa es si Ferran pide irse al PSG, porque aquí sí que se van a complicar las cosas y, tal vez, el club deberá redoblar esfuerzos para conseguir a un crack en la delantera. Y, por ahora, Julián calla. Veremos si el argentino aún cree en sus sueños y colabora en desenredar este caso.











