Lo barato muchas veces puede salir caro, y, una demostración de ello son la facilidad con la que los estafadores descifran las contraseñas y pines de seguridad de las personas. Puede que, por comodidad estés pensando en utilizar tu nombre, fecha de nacimiento, o incluso, una de las más comunes como: «1234567890» o «España». Pero, es un completo error, al igual que poner la misma clave para todo.
Manuel Huerta, experto en ciberseguridad, explica que tenemos que tratar de buscar alguna que no figure con nuestro sello de identidad. Y, aunque creemos que a priori, es lo más fácil de recordar, también genera mucho más peligro. Hay opciones a nuestro alrededor más eficaces como «la matrícula de un coche».
Si lo que falla es la memoria, también puedes guardar un contacto en tu agenda con un nombre específico, sabiendo que los cuatro últimos dígitos serán la clave de seguridad. Es cómodo y siempre que lo necesites puedes ir a revisarlo. Lo más importante y a tener en cuenta es «Que no sean relacionables» con la propia persona.
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