Castillejos (o Finideq, en arabe), la ciudad marroquí más cercana a la frontera ceutí con España, a cuyo protectorado perteneció hasta 1956, se ha convertido en el epicentro de la mayor crisis migratoria entre España y Marruecos. Era el punto de encuentro para miles de personas llegadas desde diferentes lugares del país con el único propósito de entrar, por tierra o por mar, en territorio español. No procedían únicamente de la región norte. También había viajeros que recorrieron cientos de kilómetros desde ciudades como Casablanca y Tánger y que durante varios días, sobre todo el jueves, se encontraron con una frontera prácticamente abierta para todo aquel que quisiera pasar. La imagen de este viernes cambió por completo cuando la policía marroquí se empleó a fondo, con material antidisturbios, gases lacrimógenos y camiones equipados con cañones de agua a presión, para devolver a la multitud al país que querían dejar atrás.
La intervención de los agentes no se ha limitado a la carretera y a los accesos principales. Las fuerzas de seguridad también han realizado batidas en las montañas cercanas, donde todavía permanecían personas escondidas o a la espera de una nueva oportunidad para acercarse a la frontera. El objetivo de las autoridades ha sido despejar completamente la zona y evitar que quienes seguían allí intentaran aproximarse de nuevo a Ceuta. Al mismo tiempo que la policía alejaba a quienes seguían intentando avanzar, se producía un movimiento masivo en sentido contrario. Miles de personas que habían logrado entrar en Ceuta estaban regresando a Marruecos.
Vista de la ciudad de Castillejos (Marruecos). Miles de migrantes, en su mayoría jóvenes y varones, comenzaron a regresar este viernes a Marruecos tras pasar la noche a la intemperie en la ciudad autónoma de Ceuta después de confirmar que no podrán regularizar su situación en territorio español, según constató EFE. Buena parte de la multitud que el jueves colapsó la ciudad marroquí de Fnideq (Castillejos) para alcanzar la frontera con Ceuta emprendió este viernes el camino de vuelta y busca regresar a sus ciudades de origen en Marruecos. / Mar Marín / EFE
Las huellas de los enfrentamientos siguen siendo visibles en la carretera. En los alrededores pueden verse decenas de vehículos calcinados, numerosas piedras esparcidas sobre la calzada y daños en el asfalto, además de restos de otros materiales utilizados durante los disturbios. La escena resume la intensidad de una noche y de unas jornadas, desde el martes, marcadas tanto por la intervención de las fuerzas de seguridad como por los choques con algunos de los grupos concentrados. La dureza de los agentes y la envergadura del dispositivo policial, al principio insuficiente para contener a las masas, ha ido de menos a más con el paso de los días, a medida que la crisis escalaba.
Buena parte de quienes se encuentran ya en Castillejos explican que se decidieron a cruzar después de ver vídeos difundidos en redes sociales. En esas grabaciones se afirmaba que la frontera estaba abierta y se mostraba a personas que, aparentemente, habían logrado pasar a Ceuta durante los días anteriores. Esas imágenes despertaron la esperanza de que existía una oportunidad excepcional para alcanzar territorio español. Para muchos, bastó la posibilidad, por pequeña que fuera, para emprender el viaje. «Vimos que otros lo habían conseguido y pensamos que quizá también nosotros podríamos hacerlo», es la idea que se repite entre buena parte de los retornados.

Jóvenes marroquíes en la localidad marroquí de Castillejos, junto a un autobús incendiado. / Mohamed Siali / EFE
Muchos reconocen su frustración cuando, una vez en Ceuta, no encontraron las condiciones que esperaban. Aseguraban que no había alimentos suficientes y que la situación era extremadamente difícil. Numerosas personas han pasado la noche al aire libre y sin recursos: gran parte de los comercios y tiendas de la ciudad cerraron: «No encontramos ni comida». Ante la imposibilidad de permanecer allí en condiciones adecuadas, numerosos migrantes decidieron volver. Para muchos, el cruce había durado apenas unas horas antes de emprender el camino de regreso. Hay quienes aseguran que podrían intentarlo de nuevo en el futuro. Su regreso, por tanto, no siempre significaba una renuncia definitiva, sino una retirada ante las dificultades encontradas al otro lado de la frontera.
Una frontera que este viernes ofrecía tres imágenes simultáneas: la del desalojo policial, la de quienes regresaban desde Ceuta y la de una ciudad, Castillejos, convertida en punto de concentración para miles de personas. En las calles y en los accesos a la localidad, miles de personas tratan ahora de encontrar una forma de regresar a sus localidades de origen. Muchas habían salido precipitadamente el día anterior después de conocer la posibilidad de cruzar hacia Ceuta. Algunas no llegaron a conseguirlo; otras entraron en la ciudad autónoma, pero regresaron poco después. Ahora, agotadas, su prioridad ya no es alcanzar la frontera, sino volver a casa.

Un grupo de migrantes apostados en la puerta de un hotel de Castillejos (Marruecos). / Mohamed Siali / EFE
El cansancio es visible. También lo es la incertidumbre. Algunos todavía confían en que se abra una nueva oportunidad para cruzar; otros ya han asumido que deberán regresar a casa. La escena refleja la dimensión humana de esta crisis: jóvenes y adultos agotados, con pocas pertenencias, esperando una ocasión que quizá no llegue. Detrás de estos intentos de entrada hay un sentimiento que se repite entre muchos de los presentes: la falta de confianza en poder construir un futuro en Marruecos. Para algunos, cruzar hacia Ceuta representa una salida desesperada ante la ausencia de oportunidades. Están dispuestos a aprovechar cualquier posibilidad, por mínima y peligrosa que sea, con la esperanza de comenzar una nueva vida al otro lado de la frontera.
De nuevo en suelo marroquí, ante la falta de transporte, muchas personas se concentran en rotondas y carreteras de salida. Allí esperan durante horas, haciendo autostop y levantando la mano cada vez que pasa un vehículo. Algunos confían en que un coche se detenga. Otros intentan subir a algún camión que pueda acercarlos, aunque solo sea durante una parte del recorrido, a sus ciudades o pueblos de origen. La escena refleja el final provisional de una jornada marcada por la tensión y la frustración: personas que llegaron con la esperanza de entrar en Ceuta y que ahora permanecen varadas en Castillejos, cansadas, sin comida y buscando cualquier medio para regresar a casa. Sobre el terreno, la calma sigue siendo tensa y muy frágil.
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