El casco histórico de Santiago vive un verano más marcado por las largas colas para acceder a la Catedral. Una situación que los vecinos vienen denunciando desde hace tiempo porque, aseguran, «dificultan que poidamos movernos pola nosa cidade os que vivimos aquí». La Asociación de Veciños da Cidade Histórica Fonseca reclama a las administraciones implicadas —Concello, Xunta y Catedral— medidas para controlar el acceso al templo.
Esta semana, la propia alcaldesa ya había asegurado que el Concello mantenía conversaciones con la Catedral para buscar una solución a la organización de los flujos de visitantes. Hoy volvió a referirse al asunto y avanzó que los contactos se retomarán en septiembre. «Pensamos en implementar unha serie de medidas de cara ao próximo ano Xacobeo no que se espera unha afluencia maior», comentó este viernes durante su visita a las obras de asfaltado de la rúa Doutor Teixeiro.
Pero, ¿cómo viven quienes visitan Santiago estas colas y la creciente afluencia de visitantes? Entre turistas y peregrinos hay opiniones diversas, aunque la mayoría coincide en que, por ahora, las esperas para acceder al templo están siendo asumibles.
Una sevillana de visita con su familia: «En Sevilla también tengo que lidiar con los turistas»
Es el caso de una familia de Alcalá de Guadaíra, en Sevilla, que llegó a Santiago el domingo como parte de una ruta por las Rías Baixas. Para ellos, hacer cola para entrar en la Catedral no supone un inconveniente. «Esperar colas no me importa porque son cosas que valen la pena», dice la madre desde su posición en la fila por Platerías. De hecho, aseguran que las esperas que se han encontrado hasta ahora han sido «muy livianas» y que avanzan con fluidez.
Sobre la masificación, la afrontan con paciencia y como parte de la experiencia de visitar determinados destinos turísticos. «Hay sitios turísticos que es así, todo el mundo tiene derecho. Yo me lo tomo con paciencia», explica. Aunque reconocen que en Santiago se nota el tránsito de peregrinos, su valoración de la estancia es positiva. «Nos está pareciendo todo maravilloso», declara.
También ponen la situación en contexto con su propia ciudad. «Yo vengo de vacaciones y es distinto cuando estás viviendo. En Sevilla nos pasa igual, que tenemos que lidiar con ello», señala. Una diferencia que, a su juicio, también se refleja en el comportamiento de los visitantes. «Habrá quien se comporte bien y quien se comporte mal», añade.
Colas para acceder a la Catedral de Santiago el pasado domingo / Antonio Hernández
Iván, de Barcelona, hizo el Camino desde Sarria: «La cola para acceder al templo avanza rápido»
Una percepción similar tiene Iván, que ha llegado a Santiago con un grupo de amigos después de completar el Camino desde Sarria. Procedentes de Cerdanyola del Vallès, en Barcelona, reconoce que la ruta ha sido «dura», pero también «gratificante», tanto por la experiencia como por la posibilidad de conocer gente y disfrutar de la belleza del paisaje. Ahora solo les queda entrar en la Catedral para completar el Camino, algo que esperan con ganas.
Por el momento, la afluencia de visitantes tampoco les ha supuesto un problema. «Al ser agosto se nota que hay gente, pero está bastante fluido», explica. La cola para acceder al templo «avanza rápido», por lo que la espera tampoco parece preocuparles. Será a lo largo del día, dice, cuando puedan hacerse una idea más precisa de la masificación. «Llegas a la Plaza y ves mucha gente», asegura. Su plan para las próximas horas pasa por disfrutar de Santiago, comer bien y salir de fiesta antes de regresar mañana a Sarria y emprender el domingo por la tarde el viaje de vuelta a Barcelona.
Germán, de Madrid, realizó el Camino con sus hijos: «Los peregrinos deberían tener preferencia a la hora de entrar en el templo»
Entre quienes llegan a la ciudad haciendo el Camino, sin embargo, también surge la cuestión de si deberían tener algún tipo de prioridad para acceder a la Catedral. Germán, de Madrid, ha llegado con sus hijos después de realizar la ruta desde O Cebreiro, una experiencia que él ya ha completado en cuatro ocasiones. Apenas llevan diez minutos en la cola para acceder al templo, donde tienen previsto asistir a la misa del peregrino, por lo que todavía no pueden valorar el tiempo de espera. «Acabamos de llegar a Santiago y no sabemos cómo están habitualmente las colas», explica, si bien a media mañana ya percibieron que el casco histórico «estaba atope».
Germán considera que la masificación turística es un fenómeno que «está llegando a todos los sitios» y reconoce que controlar el acceso a la Catedral no resulta sencillo. Aun así, cree que los peregrinos «deberían tener preferencia» a la hora de entrar en el templo, aunque admite que no tiene claro qué sistema podría aplicarse teniendo en cuenta la gran afluencia de turistas durante los meses de verano.

Largas colas de espera para entrar en la catedral de Santiago el pasado fin de semana. / Antonio Hernández
Sandra, luguesa y exestudiante en Santiago: «Está supermasificado»
En esa misma línea se pronuncia Sandra González, natural de Lugo, que llegó a Santiago tras completar el Camino Portugués desde Vigo junto a su madre y una amiga con la que estudia. Su experiencia con la cola fue relativamente breve: esperó algo más de 20 minutos y, cuando llegó su turno, apenas tuvo que subir las escaleras para entrar en el templo.
Sin embargo, considera que debería existir «un mayor control» para acceder a la misa del peregrino y que se debería priorizar a quienes han realizado el Camino frente a quienes acuden únicamente como visitantes.
Su visión sobre la masificación es más crítica, también por su experiencia como antigua estudiante en Santiago. «Está súper masificado», afirma. Y pone el foco en las dificultades que, a su juicio, genera la presión turística para quienes viven o estudian en la ciudad: «Es horrible para los universitarios acceder a un piso y está todo lleno de gente».
José Vicente, valenciano, visita Santiago por primera vez: «Hay mucha gente, pero ya lo esperábamos»
Frente a estas opiniones, José Vicente afronta las colas con una actitud positiva. Acaba de llegar desde Valencia en su primera visita a Santiago y reconoce que no esperaba encontrarse con una espera tan larga. «No sabía la cola que había y es enorme», manifiesta. Aun así, la afluencia de visitantes no parece desanimarle. «Hay mucha gente, pero ya lo esperábamos porque nos habían advertido», explica.
La familia pasará el día en Santiago antes de continuar su viaje hacia Vigo. Ya han visitado Viveiro y ahora quieren conocer la Catedral, especialmente su mujer, a quien «le encanta». Por eso, aunque tengan que esperar, están dispuestos a hacer cola. «Esperaremos lo que nos toque para entrar», dice.














