El hombre llegó de madrugada al club New Borgia, en la recta de Heras (Santander). Allí estuvo tomando alcohol y «contrató los servicios de prostitución» que «ofrecía» una joven dominicana. Luego, los dos subieron a una habitación del local.
Lo que ocurrió después pudo ser un delito de estafa, por el que la joven va a ser juzgada. La fiscalía pide para ella dos años y medio de prisión. La acusación particular, que representa al cliente del prostíbulo, reclama que sea condenada a tres años de prisión. Ambos exigen la devolución del dinero estafado.
Reconocimiento facial
La joven, según el escrito de la fiscalía, aprovechó que el cliente del burdel «estaba en un grave estado de somnolencia«, para coger su teléfono móvil sin su consentimiento. Luego puso el móvil delante de la cara del hombre para que la aplicación de reconocimiento facial «autorizara una serie de operaciones» con sus tarjetas bancarias.
Así, la mujer logró hacer cuatro pagos de 879,20 euros cada uno con cargo a una de las tarjetas de crédito del hombre. Ordenó también seis transferencias desde las cuentas corrientes de su cliente a varios amigos y familiares suyos por valor de 8.500 euros.
Para el alquiler
Mientras el hombre seguía dormido, la prostituta acercó su teléfono a su rostro para autorizar 23 pagos por bizum. La mayoría fueron rechazados, pero finalmente ella lo consiguió en cuatro ocasiones, por valor de 500 euros cada una. Dos de esos pagos (mil euros) los destinó a pagar el alquiler del piso a su casero.
Tiempo después, «entre las siete y las ocho de la mañana», según el escrito de la fiscalía, el hombre se despertó «en un estado de gran confusión», pero pronto se volvió a dormir hasta las nueve. Durante ese tiempo, la mujer habría aprovechado para volver a acercarle el teléfono a la cara y ordenar nuevas operaciones de traspasos de dinero. En total, la mujer le habría estafado 14.016,80 euros en esa madrugada.
Tras salir del club, ya con la luz del día, el hombre empezó a darse cuenta de lo que había ocurrido. Poco después, comprobó que uno de los pagos que se había ordenado desde su teléfono aquella noche era permanente. La prostituta había conseguido que le pagara un «sueldo» desde una de sus cuentas corrientes. Había dado orden de que le enviara 900 euros cada mes. Solo cobró el primero.













