Solo hay que ver la cara que pone cada uno de los componentes del vestuario del Real Zaragoza cuando se le pregunta por Ander Herrera para confirmar que el nuevo líder del equipo aragonés es otro rollo. Referencia tanto dentro como fuera del terreno de juego, Ander luce galones de mando desde el primer día. No puede ser de otro modo. Cuando Ander habla (y lo hace constantemente en cada entrenamiento) todos atienden.
Ander, por supuesto, será uno de los capitanes. Ya lució el brazalete el miércoles ante el Utebo y lo volverá a hacer durante muchas ocasiones más. Falta por esclarecer si será el primero o el segundo si es que Francho continúa, una duda que resolverá el propio vestuario con sus votaciones. Normalmente, el proceso de elección de capitanes deja los dos primeros a elección de los jugadores y el tercero (y el cuarto en ocasiones) en manos del club a través, sobre todo, del cuerpo técnico.
Pero, más allá de eso, Ander es el jefe, la brújula y el líder de un Real Zaragoza que es otro cuando el veterano futbolista coge el balón. Su enorme calidad, visión de juego, toque e inteligencia táctica son agua bendita para un equipo al que el fútbol en estado puro de Ander le viene como anillo al dedo. Siempre desde el centro del campo, la única duda en torno a Ander es si le respetarán las lesiones. Si es así, no hay duda de que marcará diferencias en una categoría en la que su calidad ha de ser un factor esencial para el bienestar del Zaragoza.
La directriz, cuando juega, está clara: balones a Ander y que sea él quien reparta, distribuya y elija la mejor opción. Por dentro, a poder ser, o a través de un cambio de juego si es preciso. Si está en el campo, todo fluye y tiene sentido. Si Ander juega, hay fútbol.
Pero el canterano sabe que su papel va mucho más allá de su calidad futbolística o de ejercer como la prolongación de Ibai, con el que dialoga asiduamente en cada sesión, tanto en los entrenamientos como en los partidos. Porque tan importante o más ha de ser su influencia en los más jóvenes, a los que muestra el camino a seguir y, sobre todo, aquel que no deben enfilar. Fue él, de hecho, el que eligió a Pinilla como compañero de habitación. Porque, seguramente, le recuerda mucho al Ander de hace 15 años.
Ander, definitivamente, es otro rollo. Bien lo sabe el zaragocismo, que le obliga a pararse durante un buen rato después de cada entrenamiento para posar o firmar. Y también Ibai, al que se le escapa una sonrisa cómplice cada vez se refiere a su amigo, que le supera en edad por unos meses. Ander es el gran reclamo, el líder, la referencia, la brújula y el guía. Pero, sobre todo, Ander Herrera es la esperanza.
Fuente: El Periódico de Aragón










