Oye Carlos y Carlos Lee Ferrer no necesitan demasiado tiempo para convertir cualquier conversación en un espectáculo. Una anécdota cotidiana, una discusión entre amigos o un simple desayuno pueden terminar transformados en contenido para las redes sociales, en una sección de su pódcast o en un momento inesperado sobre un escenario. Esa espontaneidad es, precisamente, una de las claves del éxito de «¡Esto es una traca!», el proyecto que ambos lideran junto a un equipo que ha conseguido trasladar a internet y a las salas el humor desenfadado que caracteriza sus vidas.
Los dos creadores de contenido grancanarios se conocieron hace cuatro o cinco años a través de las redes sociales. Carlos Lee Ferrer seguía el trabajo de Oye Carlos y ambos decidieron quedar un día para desayunar. El encuentro, lejos de convertirse en una reunión formal para hablar de posibles colaboraciones, estuvo marcado por una urgencia intestinal que todavía recuerdan entre risas.
«Quedamos a desayunar un día y yo me tuve que ir porque me estaba cagando», rememora uno de ellos. Aquella situación, unida a las particulares manías alimentarias de su futuro compañero, sirvió para confirmar que entre los dos existía una conexión inmediata. «Dije: este tío va a ser amigo mío», añade.
Una amistad que terminó delante de los micrófonos
Después de aquel primer encuentro comenzaron a hablar con frecuencia, a compartir planes y a participar en contenidos conjuntos. La complicidad fue creciendo hasta que surgió una pregunta inevitable: ¿por qué no crear un pódcast?
La idea no partió de un plan empresarial ni de una estrategia para conquistar las plataformas digitales. Tampoco realizaron estudios de mercado ni se marcaron objetivos de audiencia. Su motivación inicial era mucho más sencilla: reunirse, conversar y divertirse.
«Como no hay pódcast en el mundo, pensamos: qué más da uno más», bromean. A partir de ahí contactaron con Norbe, que acudió acompañado de Jeremy, ambos piezas fundamentales del equipo que hace posible el programa. «Son los que más trabajan de nosotros», reconocen los presentadores entre bromas.
La combinación funcionó. Cada integrante encontró su espacio y «¡Esto es una traca!» comenzó a construir una identidad propia, basada en la improvisación, las experiencias personales y la ausencia de filtros. «Creo que hacemos un buen equipo porque nos hemos complementado bien», explican.
El proyecto nació sin expectativas, pero la respuesta del público superó rápidamente sus previsiones. Las comunidades que Oye Carlos y Carlos Lee Ferrer ya habían creado previamente en las redes sociales ayudaron a impulsar los primeros episodios. Parte de los seguidores de uno descubrió al otro y el pódcast permitió conectar audiencias que hasta entonces apenas se cruzaban.
El salto del pódcast a los escenarios
El crecimiento digital terminó trasladándose a los espectáculos en directo. Lo que inicialmente consistía en sentarse delante de unos micrófonos se transformó en actuaciones de más de dos horas, coreografías, juegos, improvisaciones y objetos tan inesperados como un pene de plástico que expulsaba agua.
La experiencia sobre los escenarios ha supuesto un nuevo reto para ambos. Los días previos a cada actuación están marcados por los nervios, especialmente para Oye Carlos, aunque esa tensión desaparece cuando comienza el contacto con el público.
«Yo lo paso mal los días antes de subirme al escenario, pero cuando estás ahí, de cara a la gente, para mí es brutal. La sensación que se te queda en el cuerpo está muy guay», asegura.
En uno de esos espectáculos, después de más de dos horas de actuación, llegó incluso a pedir que el show continuara. «Le dije: ‘Chino, no me quiero bajar de aquí'», recuerda. La respuesta de su compañero resumió la dinámica de la pareja: había que terminar porque llevaba horas necesitando ir al baño.
Ese intercambio constante, en el que una emoción sincera puede terminar en un chiste escatológico, define buena parte de su propuesta. No existe una separación demasiado clara entre las personas y los personajes. Los conflictos, las manías y las discusiones reales también alimentan el contenido.
Un humor gamberro que no pretende gustar a todos
Los responsables de «¡Esto es una traca!» reconocen que su humor no está pensado para todos los públicos. Definen su estilo como «gamberro» y «sin filtro», una forma de expresarse que busca verbalizar pensamientos que muchas personas tienen, pero que no siempre se atreven a compartir.
«Decimos lo que todo el mundo piensa, pero no se atreve a decir», sostienen. Esa libertad provoca momentos irreverentes y conversaciones que pueden pasar de la amistad a la crítica, de la cultura popular a las intimidades y de una discusión absurda a una reflexión sobre el propio éxito.
La naturalidad también les permite hablar de sus diferencias. Hace unas semanas, según cuentan, estuvieron cerca de protagonizar su propia ruptura. Lo explican comparándose con Cruz y Raya y con la reciente crisis de la orquesta Nueva Línea, aunque aseguran que las discrepancias no eran tan profundas como parecían.
«Ahora nos reímos de eso», señalan. La capacidad para transformar los problemas en humor parece actuar como mecanismo de reconciliación y, al mismo tiempo, como una fuente inagotable de historias.
El éxito de seguir pasándolo bien
Oye Carlos y Carlos Lee Ferrer han comprobado que una conversación entre amigos puede convertirse en un formato seguido por miles de personas. Sin embargo, mantienen que la esencia continúa siendo la misma que cuando decidieron comenzar: disfrutar.
El éxito no llegó mediante un guion perfecto, sino a través de la química entre sus integrantes, el trabajo del equipo y una comunidad acostumbrada a sus ocurrencias. Incluso bromean con que programas nacionales han utilizado juegos similares a algunas de sus secciones, como aquella en la que uno de ellos escucha música con unos auriculares mientras intenta adivinar lo que dice su compañero.
Entre bromas sobre fichajes, supuestos plagios televisivos y rupturas que nunca terminan de producirse, «¡Esto es una traca!» continúa creciendo. El proyecto ha demostrado que su universo puede funcionar en un estudio, en las redes sociales y delante de una sala llena de público.
Para ellos, la fórmula sigue siendo sencilla: sentarse juntos, contar lo que les ocurre y confiar en una amistad que comenzó con un desayuno accidentado. El resto, como el propio nombre del pódcast anticipa, puede explotar en cualquier momento.
Suscríbete para seguir leyendo












