No es cuestión baladí delimitar claramente hasta cuándo un caballero puede admitir el diminutivo. Hay gente que ni con un ‘don’ por delante logra empaque y quien goza de aristocrático porte haciéndose llamar Antoñito. Pero convengamos en que Julito quizá resta algo de clase y estilo, democratiza al más pintado, lo rebaja algo. Lo rejuvenece, sí, también. Le añade una familiaridad como de conversación de escalera: «Merceditas, la hija de Anita, era muy resuelta y se casó con Miguelito, que heredó una fábrica textil en Puertollano y tuvieron luego un niñito que nació con un bracito menos»… Y en ese plan.
El Julito que nos ocupa es Julio Martínez Martínez, conocido como Julito, sí, un empresario alicantino, nacido en Elda hace 58 años, y administrador de la consultora Análisis Relevante, que se ha convertido en el testigo clave del caso Plus Ultra en la Audiencia Nacional. El investigado está considerado por la policía como el presunto testaferro del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.
Esta testa de hierro que le adjudica la Justicia está monda, sin pelo, lo que le da un aire como a lo Miguel Rellán y lo hace acreedor a un viaje a Turquía. Julito es alto, espigado, con un aire como de directivo de baloncesto de provincias. Ha confirmado que su consultora mantenía contratada a What The Fav, empresa propiedad de las hijas de Zapatero. Además, admitió haberles seguido pagando incluso cuando dejaron de realizar trabajos efectivos para él. Julito sostiene que Zapatero se involucró y dirigió el rescate, 53 millones, de la compañía Plus Ultra. No conozco a nadie que haya volado jamás con esa compañía, que si está aún operativa goza de una campaña de márketing, o márketing inverso, absolutamente impagable. De lo que se ha rescatado a Plus Ultra es del olvido. El rescate de Plus Ultra la salvó del más allá.
Martínez Martínez ha variado su estrategia. Se ha hecho un Aldama. Ahora quiere colaborar con la Justicia. Aldama es un ejemplo de cómo el destino juguetea con alguna gente. De soñar con que el estadio del Zamora llevara su nombre a que su nombre designara una estrategia judicial.
Se trata de evitar el trullo, la sombra, el chabolo, el patio y el chándal. Los duelos y quebrantos los viernes y el economato el sábado. Tras ser detenido en diciembre por la UDEF, cambió de abogada (contratando a la exfiscal María Dolores Márquez de Prado) y optó por ‘tirar de la manta’ para rebajar su posible futura pena. En su declaración ante el magistrado José Luis Calama aportó confesiones sumamente comprometedoras que dinamitan la defensa del exdirigente socialista.
Pese a eso, Zapatero, en su ya célebre entrevista con Javier Ruiz en TVE no lo puso verde ni despotricó de él ni se desmarcó. No sabemos si es, por parte de Zapatero, elegancia antropológica o cuajo sideral. Claro que a lo mejor lo que ocurre simplemente es que él confía en Julito tanto como nosotros confiábamos en Zapatero. La izquierda está realizando el decalaje respecto a Zapatero. La progresiva desconexión sentimental. Con independencia de cómo acabe todo. Del shock pasaron a la incredulidad. De la incredulidad al escepticismo y de ahí al desánimo, la aceptación, los conatos de ira y hasta el zapping.
Julito no es una joya. Pese a que estaba con Zapatero. Pero hay que darle el beneficio de la duda y la presunción de inocencia, lo mismo que a ZP. Para algunos es ya darles mucho, pero es cierto que existe eso que es la carga de la prueba: son los que acusan a Zapatero y Julito de determinadas cosas los que tienen que probarlas. Sin embargo, por ejemplo: Análisis Relevante, la empresa de la que Julito es titular, abonó presuntamente a What The Fav, empresa de las hijas de Zapatero, 239.755 euros por supuestos trabajos que la investigación considera en parte ficticios.
Nuestro hombre, con pocos datos de su vida personal conocidos, vive en el Barrio de Salamanca y es aficionado a correr. De hecho se echaba alguna que otra carrerita matinal con Zapatero. Ha sido administrador a lo largo de su vida de al menos 16 sociedades. Este es un dato de los que gustan y mosquean mucho a los periodistas, que gustan de resaltarlo. 16. Sin embargo, no es nada malo ni delictivo y es normal si se es economista o abogado o administrador. 16 no son tantas. No son amantes. Lo que este hombre tenga que decir o qué esté llamado o cómo acabará en este proceso es una incógnita. Una incógnita relevante. Relevantita, incluso, para seguir con el lenguaje de los diminutivos.
Fuente: La Opinión de Málaga












