Julio Martínez Martínez, el relevante hombre de Zapatero

No es cuestión baladí delimitar claramente hasta cuándo un caballero puede admitir el diminutivo. Hay gente que ni con un ‘don’ por delante logra empaque y quien goza de aristocrático porte haciéndose llamar Antoñito. Pero convengamos en que Julito quizá resta algo de clase y estilo, democratiza al más pintado, lo rebaja algo. Lo rejuvenece, sí, también. Le añade una familiaridad como de conversación de escalera: «Merceditas, la hija de Anita, era muy resuelta y se casó con Miguelito, que heredó una fábrica textil en Puertollano y tuvieron luego un niñito que nació con un bracito menos»… Y en ese plan.

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