Pipo Prendes es cantautor
A veces me dejo llevar por la idea de que la vida nos asigna un papel en esta gran obra teatral que es vivir. Nuestra tarea consiste en interpretarlo de la manera más honesta y plena posible.
Somos actores y actrices de una obra que a veces se parece a un drama, a veces a una comedia y, casi siempre, a una mezcla de ambas cosas. Esa obra dura el tiempo que nos ha sido concedido y nadie sabe de antemano cuánto será. Hay una diferencia importante entre aceptar el papel que la vida nos entrega y fabricarse un personaje para impresionar a los demás. Por un lado está quien intenta cumplir, lo más noblemente posible, el papel que el Universo le ha encomendado.
Por otro, quien concluye que la vida consiste en engañar al personal –y, de paso, engañarse a sí mismo– hasta convertirse en alguien que no es, pero que le gustaría ser o, al menos, que los demás creyeran que es.
No deseo caer en lo de siempre pero por desgracia hay que decir que de estos actorzuelos tenemos la política nacional e internacional a tope, menos mal que con seguridad hay políticos honrados y decentes que seguro buscan el bien común, también hay que decirlo. Cumplir con dignidad la tarea que el gran director nos ha puesto por delante es, quizá, la gran razón de vivir. Disfrutar del papel encomendado con pasión, integridad, arrojo, aceptación y ganas de vivir: ésa es la aventura.
Y compasión, que es un concepto que no se tiene claro en esta sociedad. Ser compasivo no significa otra cosa que querer y quererse: querer al de enfrente y también al que llevamos con nosotros las veinticuatro horas del día. Hay otro teatro: el que nos empuja a creer que todo lo bueno está fuera, sólo fuera y que hay que comprarlo, consumirlo y volver a desearlo apenas dos minutos después.
Inquietante me parece lo de la IA (y esto no ha hecho más que empezar); cualquiera puede suplantar tu imagen o tu voz, la maquinucha en cuestión compone una canción en un segundo o crea un personaje virtual para una película. Al mismo tiempo, no niego que traerá avances valiosísimos en medicina, ciencia y tecnología de todo orden. Pero, aun así, me asalta siempre un pero que me deja en estado de duda, de mucha duda.
No quiero ir de sinceridad por la vida, pero me da que no soy el único al que le inquieta este nuevo orden. No es opcional: ya es una realidad. Y confirma, una vez más, el viejo dicho que nos recuerda que no sobrevive el más fuerte, sino quien mejor se adapta, o sea que toca ponerse las pilas con la inteligencia artificial y por lo menos aprender lo básico para que tengamos claro que “no todo el monte es orégano” y que hay que azuzar la vista, en el sentido más amplio de la expresión para que no nos lo creamos todo.
Me quedo con la idea de intentar cumplir lo mejor posible con la tarea que me ha tocado desempeñar. Acepto y hasta celebro ser muy poca cosa; también lo es el planeta Tierra en el cosmos y esto anima.
Por eso, si tuviera que resumirlo, lo dejaría en tres recomendaciones sencillas:
–Valorar el papel que nos ha tocado, aunque sea modesto.
–Agradecer la oportunidad de participar en esta fiesta extraña, única y apasionante.
–Celebrar la vida sin necesidad de aparentar ser quien no se es.
Desaconsejo de pleno aparentar ser quien no se es: la mentira tiene las patitas muy cortas, decepciona a los demás y acaba decepcionándote a ti, como te recordará la almohada cada noche.
Recomiendo hacer todos los días una pequeña buena obra (a tu aire) que te permita felicitarte; esas pequeñas acciones impiden que te oxides, son energizantes y te aseguro que el Universo, (el que te adjudicó tu papel en esta obra teatral) te agradecerá la actitud cuando menos te lo esperes.
Pues claro que soy optimista (y cuidado, que soy contagioso).
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