Los hosteleros de la zona de tascas de Vila-real reclaman al Ayuntamiento una normativa reguladora de la actividad hostelera y las terrazas, aplicable en igualdad de condiciones a todo el municipio, que aporte seguridad jurídica y garantice la continuidad de este espacio gastronómico y de ocio de la calle Pare Molina.
«Estamos igual que hace ocho años. Por parte del Ayuntamiento no se ha hecho nada, a pesar de que se comprometieron a ello«, lamenta Pablo Bravo, gerente de Pico de Gallo y portavoz de un colectivo integrado por cinco establecimientos en los que llegan a trabajar cerca de medio centenar de personas.
Los empresarios aseguran que llevan meses solicitando una reunión con responsables municipales sin obtener respuesta. La última entrevista con el alcalde, José Benlloch, se produjo, según Bravo, hace unos tres años.
La principal exigencia es una regulación clara que determine qué pueden hacer los locales, en qué condiciones deben instalar sus terrazas y qué obligaciones han de cumplir. «Lo único que queremos es trabajar y tener una legislación igual para todos, sin distinciones», insiste Bravo.
Los empresarios exigen una regulación clara que determine qué pueden hacer los locales de esta zona. / Erik Pradas
Reavivación del malestar
En enero del 2020, los empresarios registraron en el Ayuntamiento una propuesta de regulación de los establecimientos hosteleros y sus terrazas, avalada por más de 7.000 firmas. Seis años después, denuncian que aquella iniciativa no se ha traducido en una ordenanza.
El último episodio que ha reavivado el malestar ha sido una propuesta de sanción de la Policía Local a uno de los locales, después de que unos clientes consumieran alcohol en la terraza. Los hosteleros consideran que situaciones similares se producen en otros puntos sin el mismo tratamiento y critican que durante fiestas u otros eventos “se permita o tolere instalar barras en la vía pública”.
«Queremos trabajar en las mismas condiciones que el resto de negocios», reivindica el portavoz, quien incide en las medidas ya aplicadas por los propios negocios. Como ejemplo, recuerda las marcas pintadas en el suelo para delimitar mesas y sillas y mantener libres los accesos a las viviendas. Según explica, esta medida debía extenderse a toda la ciudad, pero finalmente solo la han asumido las tascas.
«No ha habido problemas y, sin embargo, se nos criminaliza»
Asimismo, los establecimientos también sufragan auxiliares de seguridad para mantener despejados los portales y las zonas de paso, una medida que, a su juicio, demuestra “la voluntad de compatibilizar la actividad con el descanso vecinal”.
Bravo sostiene que durante los nueve años de funcionamiento de esta zona de ocio y gastronomía no se han registrado peleas ni conflictos relevantes en la calle. «No ha habido problemas y, sin embargo, se nos criminaliza», denuncia. Según el portavoz, la causa judicial abierta años atrás tras la denuncia de algunos vecinos fue archivada provisionalmente.
Los empresarios no descartan cerrar
El desánimo ha llegado al punto de que los empresarios no descartan cerrar o trasladarse a otros municipios. Recuerdan que anteriores responsables de algunos locales ya traspasaron sus negocios ante las dificultades encontradas en Vila-real, «y han emprendido negocios en otros municipios, como Onda o Burriana, donde no encuentran los obstáculos que tenemos aquí».
Es por ello que este colectivo de hosteleros reclama que el Ayuntamiento convoque la reunión pendiente y recupere la propuesta del 2020 como base para una normativa consensuada.
«Si no podemos trabajar, nos tocará cerrar», advierte Bravo. Tras años de reivindicaciones, los empresarios alertan de que, sin regulación y sin seguridad jurídica, la supervivencia de la zona de tascas está en riesgo.
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