Llevamos años bajo la amenaza de acabar ante un juez

La detención del humorista Héctor de Miguel y la noche que pasó en el calabozo han reabierto el debate sobre los límites de la libertad de expresión y la situación que atraviesan los profesionales del humor en España. El asunto abordado en el programa Malas Lenguas, donde el presentador Jesús Cintora ha planteado si lo ocurrido puede interpretarse como un «aviso a navegantes» para quienes hacen humor.

«¿No hay gente del humor que se sienta amenazada cuando ejerce su libertad de expresión?«, ha preguntado Cintora durante el programa, antes de recordar que la detención de Héctor de Miguel apenas había tenido repercusión en parte de los medios de comunicación.

«Ha pasado la noche en el calabozo. ¿Me creéis que eso es un aviso a navegantes?«, ha añadido el periodista. La emisión ha repasado algunos de los episodios que distintos humoristas han protagonizado en los últimos años por actuaciones o contenidos satíricos.

El propio Héctor de Miguel ha afirmado que, en muchas ocasiones, quienes impulsan este tipo de procedimientos «no entienden el humor«, mientras que el programa ha recordado también la agresión sufrida por el cómico Jaime Caravaca durante una actuación.

«Yo sufrí una agresión totalmente premeditada», ha expresado Caravaca en unas declaraciones recuperadas durante el espacio. Para los participantes en el debate, el problema trasciende casos concretos y abre una reflexión sobre las condiciones en las que desarrollan su trabajo los profesionales del humor.

«Llevamos mucho tiempo así»

Para analizar esa situación, Malas Lenguas ha conectado en directo con el humorista Facu Díaz, quien ha considerado que lo ocurrido con Héctor de Miguel no constituye un hecho aislado. «La realidad es que yo creo que lleva siendo así mucho tiempo», ha apostillado. Según ha explicado, mientras durante años se ha hablado del concepto de «cancelación» o de una supuesta «dictadura progre», existe una realidad distinta que afecta directamente a numerosos humoristas.

«Llevan muchos años con esta matraca de la cancelación y de que hay una especie de dictadura progre que silencia y que amordaza«, ha señalado. Frente a ese relato, Díaz ha sostenido que existe una presión constante derivada de procedimientos judiciales impulsados por determinadas organizaciones.

«Mientras tanto hay toda una operativa judicial, con mucho dinero para que existan entidades y asociaciones que nos hostigan y que permanentemente nos amenazan con la posibilidad de llevarnos ante los juzgados«, ha asegurado.

«Es muy difícil defender el humor ante un juez»

Durante su intervención, el humorista ha puesto el foco en la dificultad que supone explicar el contexto de un chiste o de una actuación humorística en un procedimiento judicial. «Somos quizá de las personas que peor se pueden defender ante un juez«, ha añadido. A su juicio, trasladar el lenguaje del humor al ámbito judicial resulta especialmente complejo.

«No hay nada más difícil que ir a explicarle a un juez que uno es comediante y, por tanto, un payaso, y que dice payasadas», ha reflexionado. Facu Díaz ha calificado esa situación de «tragicómica» y ha considerado que representa un momento «bastante vergonzoso para todas las partes involucradas«.

Las declaraciones del humorista se producen en un contexto de creciente discusión sobre los límites del humor y la libertad de expresión. Durante el programa, Cintora ha planteado si la sucesión de denuncias, investigaciones y procedimientos judiciales puede acabar generando un efecto disuasorio entre los profesionales del sector.

La pregunta ha quedado sobre la mesa: si quienes hacen humor terminan condicionando sus contenidos por el temor a posibles consecuencias judiciales. Para Facu Díaz, ese escenario no es nuevo. En su opinión, los humoristas conviven desde hace años con la posibilidad de enfrentarse a denuncias por el contenido de sus actuaciones, una circunstancia que, aseguró, forma parte ya del ejercicio cotidiano de la profesión.

El caso de Héctor de Miguel, que ha vuelto a situar este debate en el primer plano, ha reabierto así la discusión sobre el equilibrio entre la libertad de expresión, los límites del humor y el recurso a la vía judicial para resolver controversias derivadas de la sátira.



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