Hace unos días llegaban las buenas noticias de la consulta externa de cardiología pediátrica del Complejo Hospitalario Universitario de Salamanca. Zeinabu, la niña saharaui que ha pasado los últimos veranos en Zamora y que tuvo que someterse a una complicada intervención de corazón, estaba ya completamente recuperada. En la revisión realizada por los médicos a los dos años de la operación le daban el alta definitiva. Ella ya puede correr, nadar y divertirse como una más de los 23 pequeños saharauis que este año pasan el verano en la provincia a través del programa «Vacaciones en paz».
La suya es una historia de superación y un ejemplo de cómo, más allá de la experiencia intercultural y de la ilusión infantil del disfrute vacacional, la estancia en verano de niñas y niños de los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf puede representar en algún caso la diferencia entre la vida y la muerte. La zamorana Adi Fernández, que pasa su último verano como madre de acogida de Zeinabu, tiene claro que «Vacaciones en paz» ha salvado la vida a la pequeña de tez morena y cara sonriente por la que se desvive cuando llega la época estival.
Niños del programa «Vacaciones en paz», en las escaleras de la Casa Consistorial junto a miembros de Zamora con el Sáhara y el concejal Diego Bernardo. / Cedida
Fue en el verano de 2023 cuando, en la revisión pediátrica rutinaria a la que se someten los pequeños al llegar a la ciudad, detectaron que algo no iba bien en su corazón, un diagnóstico corroborado después por el especialista en Salamanca, que comprobó que tenía un soplo cardiaco por un problema que requería necesariamente intervención quirúrgica. Aunque la afección la tenía de nacimiento, nunca se la habían detectado en Smara, el campamento de refugiados saharauis en el que vive el resto del año, donde la sanidad es precaria.
La operación
Ese verano no dio tiempo a que se sometiera a una intervención quirúrgica de ese calado, pero al siguiente, con las gestiones de la Asociación Zamora con el Sáhara para arreglar todo el papeleo y con la autorización de sus padres, realizó todo el preoperatorio y en otoño pasó por el quirófano del Hospital Doce de Octubre de Madrid para someterse a la cirugía cardiaca.
La cardiopatía había crecido de los 16 milímetros cuando la detectaron en Salamanca a los 23 cuando la operaron en Madrid, «a medida que iba creciendo era más complicado, era una cosa que si no la operaban no tenía solución», detalla Adi Fernández. Esta zamorana pasó 21 días con Zeinabu acompañándola en el hospital madrileño tras la intervención quirúrgica y ese año incluso la escolarizó un semestre, durante la recuperación, para que no perdiese curso.

Adi Fernández con Zeinabu, en la Ciudad Depotiva de Zamora. / J. N.
Las revisiones al verano siguiente indicaron que todo iba bien y la semana pasada, aprovechando que volvía en su último verano de ‘Vacaciones en paz’, de nuevo fue a consulta a Salamanca, donde le dieron el alta definitiva. «Le han dicho que está perfectamente bien, lo único, cuando le pase algo allí (en los campamentos de refugiados de Tinduf) o tenga que ir al médico, tiene que decir siempre que está operada de corazón», comenta su madre de acogida.
El acceso a la sanidad es solo uno de los beneficios del programa que permite que cada verano niños saharauis de entre siete y doce años pasen dos meses en al provincia. También contribuye a mejorar su alimentación con las familias de acogida con las que están en la época estival y la estancia en Zamora les permite disfrutar de pequeños placeres, como la piscina, alguna playa fluvial o lacustre, que allí son inexistentes.
Qué aporta la acogida
Y a los acogedores, ¿qué les aporta? La respuesta la da Adi Fernández, que lleva once años participando en el programa y que gracias a él ha recuperado rutinas del cuidado de niños que había perdido hace tiempo, ya que sus hijas son las dos ya treintañeras. «Aporta que conozcas otras costumbres y la vida de ellos allí, que es totalmente diferente, y te choca un poco», pero sobre todo «te dan mucho cariño y mucha alegría», confiesa esta zamorana, a la que es precisamente en el corazón donde más le toca lo de ser madre de acogida en verano.

Carlos Gallego y Adi Fernández, los padres de acogida de Zeinabu, junto a la niña saharaui a la entrad de La Sindical. / J. N.
Cuando se le pregunta a la niña qué es lo que más le gusta de sus veranos, a caballo entre la ciudad de Zamora y el pueblo de Rozas, en Sanabria, asegura que «la verdad es que en estos cinco años no he visto nada que no me guste», aunque especial predilección tiene por la piscina, los baños en la playa de los Enanos del Lago de Sanabria o los paseos en bici. También expresa un deseo: le gustaría estudiar en Zamora. Pero eso no depende solo de ella. De momento, tiene por delante casi un mes y medio de «Vacaciones en paz» y un encuentro, el próximo jueves en las piscinas de Valencia de Don Juan (León), con los otros 158 niños saharauis que pasan el verano en Castilla y León.
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