Cuando llega el verano, el aire acondicionado se convierte en tu mejor amigo. Sobre todo con las altas temperaturas que se están viviendo estos días. Sin embargo, usarlo demasiado hace que te lleves sorpresas a la hora de ver la factura eléctrica. El arquitecto Edu Saz recuerda que existen alternativas basadas en la arquitectura bioclimática que permiten reducir la temperatura interior aprovechando la orientación, la sombra, la ventilación y los materiales.
La idea es sencilla. Se trata de impedir que el calor entre, facilitar que el aire caliente salga y aprovechar los recursos naturales. Te contamos todo lo que debes saber para poder reducir los gastos de la luz.
Proteger la casa del sol
El primer paso consiste en reducir la exposición directa al sol. Toldos, persianas, lamas, voladizos o porches pueden evitar que la radiación llegue directamente a las ventanas.
Las grandes cristaleras, especialmente en fachadas muy soleadas, pueden generar un efecto invernadero y elevar rápidamente la temperatura interior. Por eso, la orientación de la vivienda y el número de paredes en contacto con la calle son aspectos importantes al comprar o reformar una casa.
También conviene revisar el aislamiento. Una fachada mal aislada o una ventana de poca calidad facilita la entrada de calor. Saz recomienda comprobar que las ventanas estén bien instaladas, ya que los marcos, el cristal o el cajón de la persiana pueden convertirse en puntos de pérdida energética.
La ventilación cruzada
La ventilación natural es una de las formas más eficaces de refrescar una vivienda sin consumir electricidad. La llamada ventilación cruzada consiste en abrir ventanas situadas en fachadas opuestas para que el aire atraviese la casa y expulse el calor acumulado.
Este sistema funciona mejor a primera hora de la mañana y durante la noche, cuando la temperatura exterior es más baja. En las horas centrales del día, lo recomendable es cerrar las ventanas, bajar las persianas y mantener las habitaciones en sombra.
En una reforma, las ventanas abatibles permiten una mayor entrada de aire que las correderas y suelen ofrecer un mejor aislamiento cuando están cerradas. El arquitecto advierte de que eliminar la ventilación cruzada al redistribuir un piso puede convertirse en un error durante el verano.
Materiales que regulan la temperatura
Otro elemento menos conocido es la inercia térmica, la capacidad de determinados materiales para almacenar calor y liberarlo lentamente. Por eso, los edificios antiguos con gruesos muros de piedra suelen mantenerse frescos incluso en los días más calurosos.
Los colores también influyen. Las superficies claras reflejan mejor la radiación solar, mientras que las oscuras absorben más calor. De ahí que muchas viviendas de las zonas cálidas estén pintadas de blanco.
La vegetación y el agua completan estas medidas. Los árboles de hoja caduca dan sombra en verano y permiten el paso del sol en invierno. Las plantas ayudan a refrescar ligeramente el ambiente, mientras que una fuente situada cerca de una corriente de aire favorece el enfriamiento por evaporación.
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