«La guerra es la continuación de la política por otros medios», sostenía Carl von Clausewitz. Parafraseando al célebre estratega prusiano, en este Mundial de Estados Unidos el fútbol está siendo la geopolítica por otros medios. Jugadores, seleccionadores y hasta el propio presidente de la FIFA han hecho política dentro y fuera del terreno de juego.
La última muestra ha sido la reivindicación de los jugadores argentinos sobre las Islas Malvinas. Tras su victoria sobre Inglaterra este miércoles, varios cogieron un cartel que exhibían unos aficionados en la grada y lo pasearon por el campo. Se leía sobre una sábana blanca «Las Malvinas son argentinas». En 1982, Reino Unido entró en guerra con Argentina para recuperar el control de lo que para ellos son sus Falkland Islands, después de que el Gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri ordenara a su ejército invadirlas y retomarlas. Murieron 649 soldados argentinos y 255 ingleses. Argentina perdió la contienda y desde entonces aquel episodio vive en el imaginario colectivo como uno de sus traumas nacionales.
«Gianni Infantino ya en el sorteo del Mundial rompió el principio de neutralidad política establecido en el Código Ético de la FIFA al alinearse activamente con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump», dice David González
La FIFA ha iniciado una investigación contra la selección argentina. «Lo normal es que la FIFA abra un expediente disciplinario a los dos jugadores argentinos por exhibir la pancarta sobre las Malvinas, ya que sus normas prohíben los mensajes políticos», opina en conversación con EL PERIÓDICO David Gómez, analista de El Orden Mundial y coautor del podcast sobre geopolítica del fútbol Real Politik F.C. «Sin embargo, considero poco probable que les imponga una sanción deportiva a las puertas de la final del Mundial. Lo más probable es que el procedimiento termine con una multa económica. La FIFA abrirá el expediente porque reglamentariamente debe hacerlo, pero difícilmente dejará fuera de una final a dos futbolistas por este gesto».
Ejemplos de política y fútbol en el Mundial
El Código Disciplinario de la FIFA establece en su artículo 13 que puede ser sancionado quien utilice un acontecimiento deportivo «para realizar manifestaciones de naturaleza no deportiva». También establece como inapropiados los gestos o materiales de los aficionados que transmitan mensajes «de naturaleza política, ideológica, religiosa u ofensiva». Sería la primera opción la aplicable a los jugadores argentinos.
En la Ley VI de la Junta de la Asociación Internacional de Fútbol, a la que pertenece la FIFA se dice además que «el equipamiento no deberá contener eslóganes, mensajes o imágenes de carácter político, religioso o personal», para luego añadir que «no se permiten los eslóganes, mensajes o imágenes relacionados con […] Cualquier acto o acontecimiento político concreto«.
El precedente más citado del caso de los argentinos es el del centrocampista surcoreano Park Jong-woo, que en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, después de que Corea del Sur derrotara por 2-0 a Japón en el partido por la medalla de bronce, recorrió el terreno de juego con una pancarta que decía «Dokdo es nuestro territorio». El mensaje aludía a las islas que Corea del Sur administra con el nombre de Dokdo y que Japón reclama como Takeshima. La FIFA consideró que se trataba de una manifestación política y sancionó al jugador con dos partidos internacionales de suspensión.
En el Mundial de Rusia de 2018, los jugadores suizos Xherdan Shaqiri y Granit Xhaka, ambos de ascendencia albanesa, celebraron sus goles contra Serbia haciendo con las manos el águila bicéfala, símbolo de Albania. La FIFA, en ese caso, los sancionó económicamente, pero no les impuso ningún partido de suspensión.
El episodio más reciente que nos afecta directamente fue la sanción de la UEFA de un partido a los jugadores españoles Rodri (Rodrigo Hernández) y Álvaro Morata por cantar «Gibraltar es español» durante la celebración de la Eurocopa.
Ya en este Mundial, el seleccionador egipcio Hossam Hassan recorrió el terreno de juego con una bandera palestina tras la victoria de Egipto sobre Australia. Hassan dedicó el triunfo a los pueblos egipcio y palestino y declaró que su corazón y su alma estaban con los palestinos.
La FIFA no le abrió ningún expediente disciplinario porque consideró que se trata de una bandera nacional autorizada y no de una consigna política: consultada por Associated Press, explicó que las banderas de sus 211 federaciones miembro están permitidas en sus torneos y que Palestina cuenta con una federación reconocida por el organismo.
ATLANTA, GEORGIA – 7 DE JULIO: Hossam Hassan, seleccionador de Egipto, reacciona durante el partido de octavos de final del Mundial de la FIFA 2026 entre Argentina y Egipto. / BUDA MENDES / Getty Images via AFP
El mismo seleccionador protestó cruzando los brazos en forma de aspa después de que un jugador de su equipo fuera amonestado. Ese gesto, dentro del código de la FIFA, es una señal ante actos de racismo y puede llegar a provocar la suspensión de un partido. Hassan dijo después que ese gesto era un simple modo de protesta sin relación con la alerta antiracista.
La FIFA rompe sus propias reglas
Son las más altas autoridades de la organización futbolística las que están rompiendo sus propias reglas de conducta en este torneo.
«Gianni Infantino ya en el sorteo del Mundial rompió el principio de neutralidad política establecido en el Código Ético de la FIFA al alinearse activamente con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Varias organizaciones han pedido que se investigue a Infantino, especialmente por la concesión a Trump del Premio FIFA de la Paz», recuerda David Gómez.
La FIFA accedió a retirar la tarjeta roja al jugador estadounidense Folarin Balogun tras una llamada de Trump a Infantino.
Y luego está el caso de Irán: han impedido que parte del equipo técnico entrara en Estados Unidos y han obligado a los jugadores a dormir fuera del país tras cada partido. «Las restricciones estadounidenses a la entrada de integrantes de la selección iraní han vulnerado el principio de igualdad entre los participantes. La FIFA establece que los equipos deben estar en la sede del partido el día anterior para aclimatarse, entrenarse en el terreno de juego y comparecer en rueda de prensa» recuerda el especialista. «Además, en la guía elaborada en 2018 para los países aspirantes a organizar este Mundial se indicaba que los anfitriones debían flexibilizar la concesión de visados y permitir la entrada de los participantes y de las personas vinculadas a la competición. Sin embargo, Estados Unidos llegó a impedir la entrada de un árbitro somalí».
El último ejemplo de la ductilidad de la FIFA con sus propias reglas es la intención de duplicar el descanso de la final del Mundial para dar cabida a un espectáculo con actuaciones de Shakira, Justin Bieber, Madonna, BTS, Burna Boy y Coldplay. La organización trata de adaptar su producto al mercado estadounidense para aumentar allí el atractivo del fútbol.
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