En el zoológico nacional, la irrupción del «chivato» ha visto aparecer otro viejo conocido de nuestra fauna moral: el «enchufado». Al «chivato», que delata, se une ahora el «enchufado», que prospera. Uno sobrevive señalando. El otro, siendo señalado. Los dos son especies perfectamente adaptadas al ecosistema del poder.
Fuente














