El cambio climático nos está quitando el sueño. Y no solo metafóricamente. Un análisis realizado por la plataforma ‘Climate Central’ estima que el aumento del calor nocturno alimentado por el cambio climático está aumentando las tasas de insomnio en todo el mundo. Según calcula el informe, en apenas 50 años, el incremento de las temperaturas nocturnas, que ahora dejan mínimas por encima de los 30ºC en ciudades de todo el mundo y que complican cada vez más conciliar el sueño, ha multiplicado por dos la cantidad de horas perdidas de descanso desde 1970 hasta ahora. En España, los registros indican que el aumento de noches cálidas ya provoca la pérdida de hasta 42 horas de sueño por persona y año. Los expertos afirman que este fenómeno, lejos de ser una mera curiosidad, demuestra aún más cómo la crisis climática se ha convertido en «un problema creciente de salud pública» que afecta al bienestar de millones de personas de todo el globo y, en muchos casos, pone en riesgo su vida.
El análisis señala que en algunas ciudades del globo ahora se duerme hasta 90 horas menos al año debido al cambio climático
El trabajo, publicado este miércoles, se basa en el análisis de los datos de 1.338 grandes ciudades de todo el mundo desde 1970 hasta 2025. Según explican los autores de este trabajo, en cada caso se analizaron los datos sobre temperaturas nocturnas y su relación con las tasas de insomnio observadas bajo ciertos escenarios de calor. Todo esto, además, se comparó con modelos en los que se calcula cuántos grados está sumando el cambio climático a las noches cálidas observadas en la actualidad. Los resultados apuntan a que las tasas de insomnio vinculadas a las altas temperaturas han aumentado en todo el mundo. En algunas ciudades, ahora se duerme hasta 90 horas menos al año debido al cambio climático.
Horas perdidas en España
En España, el estudio analiza el caso de Barcelona, Madrid, Valencia, Zaragoza y Málaga. En estas metrópolis, que en total suman casi siete millones de habitantes, se estima que el aumento del calor nocturno provoca la pérdida de entre 30 y 42 horas de sueño al año. Los barceloneses, por ejemplo, pierden hasta 39 horas de descanso cada año por culpa del calor nocturno. Los madrileños, unas 30. Los zaragozanos, unas 34. Los sevillanos y malagueños, entre 40 y 41. Y los valencianos, quienes encabezan el ránking español de horas perdidas por el calor nocturno, duermen hasta 42 horas menos por culpa del calentamiento global. El trabajo calcula que, en todos estos casos, la crisis climática es la responsable directa de hasta el 16% de las horas de sueño perdidas. Dicho de otra forma, si este fenómeno no existiera se podrían evitar decenas de horas de insomnio.
Los expertos denuncian que la pérdida de horas de sueño debido al aumento del calor nocturno supone un grave problema a escala global y tiene grandes implicaciones para la salud ciudadana. Sobre todo en un contexto en que las noches de verano son cada vez más cálidas y, además, la llegada de olas de calor deja valores tan extremos como noches infernales por encima de los 32ºC en España y hasta por encima de los 40ºC en puntos como Oriente Medio. La ciencia advierte de que el calor nocturno dificulta que el cuerpo reduzca su temperatura durante el descanso, complica conciliar el sueño y obtener un descanso reparador. Todo esto, señala el informe, «aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión, accidentes, problemas de salud mental y deterioro del rendimiento cognitivo».
El análisis señala que la pérdida de horas de sueño, aunque afecta a todo el mundo, no afecta por igual ni a todos los hogares ni a todas las personas. Según señala el informe, las ciudades destacan entre los puntos más afectados por el aumento del calor nocturno debido al efecto de la ‘isla de calor urbana’ que aumenta entre cinco y diez grados las temperaturas registradas durante la noche. A esto, afirman los expertos, hay que sumarle que los más afectados son los hogares vulnerables en los que, en muchos casos, no se dispone ni de herramientas de climatización ni de recursos para poner en marcha aparatos de refrigeración. En muchas casas, explican, incluso cuando hay aire acondicionado no se dispone de recursos suficientes para ponerlos en marcha durante todas las noches de calor extremo. Y eso, al final, acaba afectando a las horas de sueño.
Problemas de salud
Para muchas personas, perder horas de sueño puede suponer un aumento del malestar, irritabilidad y fatiga así como problemas cognitivos como falta de concentración y pérdida de memoria. Pero para otros, la falta de descanso puede suponer un problema aún más grave. Los científicos recuerdan que los problemas de descanso en adultos mayores, niños pequeños y mujeres embarazadas pueden incrementar el riesgo de complicaciones para la salud, ya que estos grupos son especialmente vulnerables a los efectos del calor extremo y de un descanso insuficiente. En estos casos, una noche de insomnio por calor extremo no solo afecta al bienestar diario sino que también puede agravar enfermedades preexistentes, dificultar la recuperación del organismo y aumentar la probabilidad de sufrir problemas físicos y mentales a largo plazo.
Los expertos advierten que las noches cálidas no solo incrementan el insomnio sino que también aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y deterioro cognitivo
«Dado que el cambio climático provoca noches calurosas cada vez más frecuentes e intensas, la pérdida y las alteraciones del sueño deben considerarse como una preocupación creciente tanto para la salud pública como para la productividad humana», afirma Courtney Howard, presidenta de la Alianza de Clima y Salud. En esta misma línea, la especialista defiende la necesidad de desplegar «más medidas de adaptación climática» para reducir el impacto del calor en las grandes ciudades y, especialmente, para proteger a los hogares más vulnerables del calor extremo. «Estos datos también refuerzan la necesidad de reducir urgentemente las emisiones de gases de efecto invernadero para proteger la salud de las personas y la prosperidad del mundo», afirma la especialista apelando, una vez más, a la urgencia de tomar medidas para frenar el avance del cambio climático.
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