José Miguel mintió a la Guardia Civil y negó haber atropellado mortalmente a Nikoline, de 17 años, en la Autovía del Mediterráneo (A-7). Pero los agentes del GIAT, una suerte de Policía Judicial de Tráfico, no le creyeron y siguieron tirando del hilo hasta acorralar a este vecino de Calahonda.
En la resolución del enigmático y fatal atropello de Nikoline ha sido clave la colaboración entre dos unidades de élite de la Guardia Civil: el GIAT (Grupo de Investigación y Análisis del Grupo de Tráfico) y del ERAT (Equipo de Reconstrucción de Accidentes de Tráfico).
Cuando los agentes se entrevistaron por primera vez con José Miguel G. C., de 46 años, ya habían consultado su historial: «Tenía antecedentes«. De hecho, en algunas fotos de sus redes sociales sale posando sonriente con plantas de marihuana.
De forma que conocían el perfil del sospechoso con el que se batían el cobre y a ese primer encuentro fueron con los deberes hechos porque habían localizado restos de cristal sobre el asfalto que coincidían con un modelo de furgoneta: una Ford, de color blanco, como la que conducía José Miguel, con experiencia como albañil.
Tales restos de una luna fueron localizados cerca del kilómetro 1027 de la Autovía del Mediterráneo, en la salida de la Urbanización Riviera del Sol de Mijas. El punto donde la adolescente noruega Nikoline le pidió que se detuviera el Uber en el que viajaba junto a dos chicos, tras una noche de fiesta.
«El conductor dijo que no había pasado por esa zona de la autovía y mintió sobre el origen del golpe de su furgoneta», tal y como confirman fuentes próximas a la investigación. Básicamente, José Manuel, padre de familia numerosa: «Negó el atropello a los agentes«.
La furgoneta Ford que ha intervenido la Guardia Civil como vehículo que conducía el investigado por el atropello mortal.
En aquella explicación «incurrió en contradicciones«, según remarcan estas fuentes en exclusiva para EL ESPAÑOL.
Prueba de ello es que los agentes del GIAT se dieron una vuelta por el barrio de Calahonda donde reside José Miguel y encontraron un testimonio clave: «Le vieron limpiar su furgoneta con lejía, el lunes 6 de julio, sobre las ocho de la mañana». Los ojos indiscretos que le pillaron con las manos en la masa fueron los de una vecina.
El atropello de Nikoline se produjo a las 5.20 horas de aquel lunes. Era demasiada casualidad que José Miguel se pusiera a limpiar su ‘furgo de currito’ solo tres horas después, y encima, su domicilio «estaba a un o dos kilómetros» de distancia del atropello.
Aquella entrevista marcó la cuenta atrás de la detención de este ciudadano español que tuvo lugar este lunes por la tarde, en Calahonda, una urbanización de Mijas. Allí, los agentes le engrilletaron acusado de un delito de abandono del lugar del accidente.
Pero antes de ponerle los grilletes a este padre de familia numerosa, con antecedentes, lo cierto es que los agentes del GIAT y del ERAT han trabajado con mucha presión política. Esta menor de 17 años era una miembro destacada del partido conservador de su país y este diario ha podido saber que «autoridades» de Noruega se han interesado por el caso desde que su cadáver apareció en la A-7.
Al testimonio de la vecina se sumó otra prueba que evidencia la contradicción del relato del sospechoso: «El golpe que presentaba el chasis de la furgoneta concordaba con el impacto de un atropello y no era creíble que fuese fruto de la colisión con otro vehículo ni con un animal».
De forma que los investigadores se pusieron a buscar grabaciones por la A-7 y la exclusiva Urbanización Riviera del Sol donde la adolescente noruega se bajó del Uber, tras marcharse con dos chicos con los que había estado de fiesta en la discoteca Funky Buddha de Puerto Banús.

Una imagen de la Urbanización Riviera del Sol en Mijas.
Las imágenes recabadas hasta ahora pusieron de manifiesto otra contradicción en el relato del sospechoso. «Después del atropello se salió de la autovía, se sospecha que cambió su itinerario y estuvo dando vueltas antes de llegar a su casa».
Poco a poco, con mucho trabajo, la Guardia Civil fue recabando pruebas y testimonios que desmontaban el primer relato que ofreció José Miguel a los investigadores.
Tales como los restos de cristal, el posicionamiento de su móvil, las grabaciones de las cámaras de tráfico y comercios, la vecina que le vio limpiando su Ford, o el camionero que se detuvo en la A-7 para prestar auxilio a la pobre Nikoline, tras verla volar por encima de la mediana de la autovía al ser atropellada por una furgoneta.
Una semana después del atropello, este lunes por la tarde, José Miguel fue arrestado en Calahonda. Los agentes se llevaron su furgoneta Ford, el típico modelo de repartidores o de cuadrillas de albañiles, para ser analizada al milímetro. «Se están buscando restos genéticos en el chasis, como gotas de sangre, algún pelo, incluso fibras de la ropa que vestía la víctima mortal».
Este diario ha podido saber que el conductor ha sido puesto a disposición judicial por un delito de abandono del lugar del accidente, castigado con penas de cárcel de 6 meses a 4 años. La opción de demostrar que Nikoline sufrió un homicidio imprudente es complicada porque la menor trató de cruzar una autovía: un espacio prohibido para el trasiego de petaones.
Dos pruebas clave
Todo dependerá de dos pruebas. De un lado, los resultados de la muestra de sangre que se tomó a la menor, para comprobar si iba bebida cuando trató de cruzar la Autovía del Mediterráneo. Y de otro lado, el informe de la reconstrucción del atropello debe aclarar a qué velocidad circulaba el conductor y si pudo realizar alguna maniobra evasiva, para evitar la invasión de la calzada de Nikoline.
El citado test también busca aclarar si la adolescente noruega consumió algún tipo de estupefaciente. La Guardia Civil quiere determinar si Nikoline pudo verse influida por alguna droga que afectara a su voluntad, a la vista de que pidió bajarse del Uber cuando circulaba por la A-7, junto a otros dos chicos. «No sabemos si sufrió alguna coacción o estaba influida por alguna sustancia».

Una imagen de archivo publicada por el Observatorio de la Movilidad de Invertia.
Los investigadores se han volcado con el caso desde el lunes 6 de julio hasta el martes 14, trabajando sin descanso, y tras localizar al conductor del Uber han identificado a los dos misteriosos chicos que viajaban con Nikoline aquella madrugada.
«Los jóvenes han explicado que conocieron a la menor viendo el partido de fútbol de Noruega ante Brasil». En concreto, coincidieron en un bar de la Urbanización Rivera del Sol y como hicieron migas decidieron celebrar la victoria de la selección vikinga sobre la seleção en la sala Funky Buddha de Puerto Banús.
La invitaron a copas
«Estuvieron de fiesta con ella y la invitaron a alguna copa en la discoteca, pero aseguran que no vieron a la menor consumir drogas», según explican las citadas fuentes próximas al caso. A las cuatro de la madrugada de aquel lunes 6 de julio, el trío de jóvenes se marchó de la sala en un Uber en dirección a Fuengirola.
Nikoline pidió bajarse al chófer y el Uber se desvió por la salida que hay en Rivera del Sol en Mijas. La menor se bajó y por circunstancias que se investigan, optó por regresar a pie a la Autovía del Mediterráneo. No se sabe si con la intención de cruzarla para ir a una parada de taxis que había al otro lado o de dirigirse a una zona de viviendas, incluso al chiringuito Max Beach.
Lo único que está claro es que nunca llegó a casa con su familia, para volar ese mismo día a su localidad natal: Arendal, para asistir a una fiesta de cumpleaños con sus amigas. Todos en Noruega lloran su atropello mortal.













