El agente Dámaso F. S. llegó ayer miércoles al mediodía al cuartel de la Guardia Civil de Llanes con un arma que no era suya para acabar con la vida de su exmujer, Laura Cruz Vega, también agente, de 50 años. En torno a la una y media de la tarde, entró en las dependencias de la Benemérita y mató a tiros a su expareja, destinada desde hace más de diez años en Llanes y muy querida en la villa. Después disparó en una rodilla al teniente de Ribadesella, que había acudido en auxilio de la víctima, y abrió fuego contra otros agentes mientras intentaba huir. Un sargento al mando del puesto llanisco, con experiencia en el Grupo de Acción Rápida (GAR), cuerpo de élite de la Guardia Civil, consiguió alcanzarle durante el intercambio de disparos en el garaje. Los sanitarios trataron de salvarle la vida durante cerca de dos horas en una UVI móvil, pero el agresor también acabó falleciendo.
Dámaso F. S. , gallego de 49 años y destinado en el Servicio Cinológico de la Comandancia de Zamora, donde entrenaba perros policía, había recibido esta misma semana la comunicación de su separación del servicio: la expulsión del Cuerpo tras un expediente interno. Tenía retirada su pistola reglamentaria después de una condena firme por violencia de género ejercida contra su exmujer. Para cometer el crimen sustrajo el arma de un compañero, supuestamente en Zamora. Tuvo una orden de alejamiento respecto a Laura Cruz durante muchos años, pero se había desactivado en diciembre de 2025.
La secuencia se desarrolló en apenas unos minutos. Según la reconstrucción inicial, el agente encargado de la puerta estaba atendiendo una denuncia y no advirtió la llegada de Dámaso F. S., que accedió por el garaje y utilizó una escalera interior para subir hasta la zona de despachos. Allí, armado y con un chaleco antibalas puesto, se encontró con un guardia civil dedicado a tareas de violencia de género. Le disparó, pero el proyectil impactó contra una mampara antibalas. A continuación se dirigió a la oficina de la plana mayor, donde estaba su exmujer, y abrió fuego contra ella.
Tras el crimen, el atacante trató de abandonar el edificio por el mismo lugar por el que había entrado. En ese momento llegó corriendo un teniente destinado en Ribadesella, en socorro de la víctima. Dámaso F. S. le disparó en una rodilla, causándole una herida grave. Ya en el garaje se produjo un nuevo tiroteo con varios agentes. Entre ellos estaba el sargento, jefe del puesto, que llegaba del exterior y logró abatir al agresor, hiriéndole de gravedad y falleciendo posteriormente en la ambulancia. En el suceso resultó lesionado al menos otro guardia civil.
El agresor ya había atacado antes a su exmujer: «Estaba obsesionado con ella»
Los antecedentes conocidos dibujan una prolongada historia de violencia y obsesión. Dámaso F. S. había sido condenado en 2019 por violencia de género contra Laura Cruz. Como medida cautelar se le retiró entonces el arma y la condena adquirió posteriormente firmeza. La víctima figuraba en el sistema de seguimiento integral de los casos de violencia de género (Viogén), aunque la orden de alejamiento dejó de estar activa en diciembre del pasado año.
Personas que conocían la situación de la expareja aseguran que el agente estaba «obsesionado con ella». Según esos testimonios, seis años atrás se presentó en Llanes y fue localizado después de que Laura alertase a sus compañeros. Los agentes encontraron una pistola en el maletero de su vehículo. Hace unos dos años, añaden otras fuentes, irrumpió de nuevo en la villa y propinó un puñetazo en la cara a su exmujer, que necesitó atención médica.
Agentes de la Guardia Civil, ayer en el exterior del cuartel de Llanes tras el crimen y el tiroteo. / IRMA COLLÍN
La obsesión alcanzó también al procedimiento de divorcio. El agente llegó a recurrir la investigación de la jueza porque sostenía que la había visto cenando con su mujer en un restaurante y afirmó que ambas mantenían una relación. Estaba declarado apto para su trabajo, pero con limitaciones, y se le había retirado el arma debido también a una enfermedad psiquiátrica que, según las fuentes consultadas, había empeorado. El martes, un día antes del crimen, participó todavía en una exhibición con perros policía en Zamora. La comunicación de su separación del servicio aparece ahora como uno de los elementos que los investigadores deberán valorar para establecer si actuó como detonante. Lo que sí consta es que, al no disponer de su pistola reglamentaria, se apoderó del arma de otro agente, supuestamente antes de desplazarse a Llanes.
El crimen deja tres huérfanos, uno mayor de edad y dos gemelas de 13 años. Según personas próximas a la familia, no querían mantener relación con su padre. Laura Cruz Vega era natural de Madrid, pero llevaba muchos años viviendo en Llanes, donde había criado a sus hijos y era una mujer «muy conocida y querida».
El cuartel quedó completamente acordonado y bajo vigilancia de la Guardia Civil y de la Policía Local. Hasta el lugar se desplazaron numerosos efectivos, entre ellos agentes de la Policía Judicial procedentes de Gijón, además del juez de guardia, que inspeccionó las instalaciones y autorizó el levantamiento de los cadáveres».
Fuera del perímetro, los vecinos trataban de comprender lo ocurrido. «Escuché los tiros y parecía una película. Empezaron los policías y los guardias civiles a correr, pistola en mano, detrás de él», relató una testigo todavía conmocionada. Poco después, añadió, llegaron «como tres ambulancias sonando muy fuerte» hacia la parte posterior del cuartel. Otra mujer aseguró haber visto a una persona que gritaba y lloraba y que «podría ser la esposa de uno de los heridos». A escasos metros de las dependencias, Rosalía San Juan, vecina de Santa Eulalia y amiga de varias familias de guardias civiles, siguió el despliegue desde su casa. «Oí muchos gritos», explicó. Varias esposas de agentes acudieron después a su vivienda. «Lloraban como desconsoladas. No sabían nada, nada más que no las dejaban entrar en casa». Una de ellas, que conocía a la víctima, se desmayó al enterarse de lo ocurrido.

Expectación tras el suceso tras el cordón policial. / IRMA COLLÍN
Conmoción absoluta
Dentro y fuera del cuartel, la impresión era la misma: conmoción absoluta. El asesinato de una agente a manos de su exmarido, también guardia civil, y el posterior tiroteo golpearon de lleno a la Benemérita en Asturias y a una localidad que durante horas vio pasar ambulancias, coches policiales y agentes sin conocer todavía el alcance de una tragedia que había comenzado mucho antes de que sonaran los primeros disparos.
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