Hay que visitar Francia un 14 de julio por lo menos en una ocasión para darse cuenta de lo que significa para ellos la Fiesta Nacional. Este periodista ha estado hasta ahora en 34 catorces de julio y si se saltó el de 2020 fue porque el Tour se disputó en septiembre por culpa del covid y los confinamientos.
Es el día en que las ciudadanas y los ciudadanos franceses se acuestan más tarde, muchos de ellos a altas horas de la madrugada. Es la noche en la que bailan los pueblos, se consume vino como si no tuviera que amanecer y poco antes de la medianoche se lanzan fuegos artificiales -algunas localidades los adelantan al día 13 como anticipo a la gran fiesta-.
Los actos de París
La televisión pública francesa -la misma que retransmite el Tour– ofrece en directo los cohetes que iluminan y resuenan en París y siempre buscan unas imágenes icónicas con la Torre Eiffel de protagonista. Por la mañana, las cámaras de televisión se instalan en los ciclistas Campos Elíseos para que toda Francia vea en directo el desfile militar que preside Emmanuel Macron, el mismo que cruzó en coche la meta de Gavarnie a rueda de Tadej Pogacar, después de su feroz ataque en el Tourmalet.
Y este periodista piensa mientras escribe, ¿qué harán con los fuegos artificiales si Francia pierde con España la semifinal de la Copa del Mundo de fútbol? Será un drama, que como venga precedido por una crisis de Paul Seixas, que nadie desea, en la gran etapa de montaña del Tour por el Macizo Central, se convertirá en una tragedia nacional.
Burdeos, donde durmió el viernes la ronda francesa, se trasformó por la tarde en un centro de oración dedicado al Tour. No importó que otro día el termómetro superase los 34 grados, en una Grande Boucle que va camino de romper todos los récords de calor hasta ahora conocidos.
Por la noche, a partir de las 21 horas, la ciudad mutó a un gran estadio de fútbol. Los bares sacaron los televisores a la terraza, porque no son muchos los establecimientos de comer y beber que gozan de climatización. Y los bordeleses iban con Bélgica. No lo hacían por odio a los vecinos del sur. Si hubo rencillas en el pasado, ahora están totalmente superadas. La convivencia es perfecta.
El apoyo y los chistes
Burdeos, como buena parte de Francia, deseaba la victoria de Bélgica porque creían que valones y flamencos serían adversarios más asequibles en el Mundial de fútbol y eso que los chistes que hacen sobre los belgas están al estilo siempre de los famosos sobre Lepe que se contaban en España.
Este martes 14 de julio será de una intensidad máxima en Francia, el Tour ya ha decidido que no puede competir con el fútbol, aunque ocupe buena parte de un mes que siempre estaba entregado al ciclismo. Así que muchos participantes muestran en público las simpatías futbolísticas, tal cual hicieron el sábado los corredores noruegos del Uno X que subieron al podio de salida de la octava etapa, en la localidad de Périgueux, vestidos con la camiseta de la selección de fútbol mientras efectuaban la danza con aire vikingo con la que se anima a Haaland y compañía.
La legislación laboral
El Tour debe cumplir la legislación laboral del país por lo que tiene que dar un día de fiesta a los trabajadores de la prueba una vez a la semana. Como muchos de ellos poca cosa tienen que hacer lejos de las entrañas de la prueba y pasear en plan turista es un tormento con la que cae en cuanto a temperatura, se mueven por los rincones de la prueba en ropa civil, sin la indumentaria oficial de la carrera. Así que uno de los miembros del departamento de comunicación no tuvo impedimento alguno para llevar una camiseta del Real Madrid en honor a Kylian Mbappé. Tampoco había confusión sobre sus preferencias a nivel estatal porque en la selección española no hay mucho jugador blanco al margen de fichajes de última hora.
El martes será un día diferente, festivo, a dos ruedas desde media mañana hasta media tarde, y luego cuando empieza a oscurecer, aunque en el norte de Francia lo hace muchísimo más tarde, se convertirá en un templo de pasión futbolística. No habrá baile, como es costumbre y los fuegos artificiales se mantendrán en suspense.
El jueves pasado, horas después de la exhibición de Pogacar, el único restaurante que había en Gavarnie, al ladito mismo de la llegada, se llenó de comensales franceses que cantaron ‘La Marsellesa’ con el riesgo de quedarse afónicos. Había programada una sesión de fuegos artificiales en honor a la primera ocasión del paso del Tour por aquel rincón pirenaico. Se lanzaron en la media parte del partido. Igual alguna localidad copia el martes la idea en previsión a lo que pueda suceder más tarde.
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