Eran las vajillas del día a día, perfectas para poner a prueba su resistencia y su versatilidad. Estaban en casa de toda la abuela. Formaban parte del patrimonio y de la herencia familiar. La incansable marca Duralex, sin embargo, parece enfrentarse a la paradoja del destino: aquella vajilla que sobrevivió a la torpeza de los pequeños de la casa y a años de uso, podría estar a punto de desaparecer.
Era 1927 cuando la marca Duralex nació en La Chapelle-Saint-Mesmin, en la región francesa de Loiret. Inicialmente su catálogo se enfocaba en tarros y vasos para las destilerías, pero años después, en 1934, Jean-Baptiste Colbert, desarrolló en sus fábricas el famoso vidrio templado, utilizado inicialmente para faros de iluminación y ventanas.
Este proceso industrial hace que el vidrio sea prácticamente irrompible y contribuyó a hacer de Duralex su principal valor de distinción. Rápidamente, la fábrica de vidrio se orientó hacia la vajilla para el gran público y dejó su huella en Francia con su vaso Gigogne (1946) y, más tarde, el Picardie (1954).
Los “Treinta Gloriosos” son considerados la época dorada de Duralex, cuando unas 1.500 personas trabajaban en su fábrica de La Chapelle-Saint-Mesmin. Tras años reinando las casas y las cantinas más populares de Europa, la compañía empezó a afrontar sus primeras dificultades al final de los años 70. Desde entonces, Duralex ha sido cedida a varios ateliers y fabricantes de vidrios instalando su estructura accionarial en la más completa inestabilidad. Precisamente, la historia de Duralex no puede entenderse sin esta sucesión de crisis y resurrecciones. Una historia de supervivencia tan resistente como el propio vidrio que la hizo célebre.
En 2008, la empresa asumió sus dificultades y anunció oficialmente la quiebra, entrando en liquidación judicial. Dos meses después, en un intento por salvar lo que muchos consideran parte del patrimonio cultural de Francia, el Tribunal de Comercio de Orleans decidió poner las riendas de la empresa en manos de Antoine Ioannidès, un empresario franco-británico, que enfocó la compañía a los mercados de Oriente Próximo y Oriente Medio.
Vasos y platos de una vajilla Duralex / EP
Se sumaron el covid, la inflación, las nuevas modas en los hogares… Una cascada de situaciones que han ido poniendo a prueba una y otra vez la resistencia de Duralex.
Tres empresas en la lucha por Duralex
Después de meses bajo administración judicial, Duralex se enfrenta ahora a un nuevo desafío: escoger a uno de los tres candidatos interesados en hacerse cargo de los 243 empleados que actualmente trabajan en la compañía.
Todavía no se han revelado oficialmente las identidades de los tres candidatos, pero según fuentes sindicales y personas cercanas al asunto, los interesados serían: el famoso empresario francés, Cédric Meston, conocido por adquirir Tupperware Francia en 2025; el grupo francés Carlesimo, y la empresa hongkonesa AA Investments, propiedad también de un francés, Morteza Goshayeshi.
«Hasta la fecha, se ha cumplido el presupuesto de ventas inicial previsto para 2026, con una fuerte aceleración de las ventas en junio y julio, así como la apertura de nuevos mercados internacionales», comunicó la directora ejecutiva Peggy Sadier, en un intento por atraer a más compradores.
El director general, François Marciano anunció que la facturación de Duralex debía alcanzar los 35 millones de euros este año o en 2027 para recuperar el equilibrio financiero, con el objetivo de alcanzar 39 millones de euros de volumen de negocio en 2030. Unas cifras que, según fuentes cercanas al expediente, serán difíciles de conseguir. Sadier no quiso comentar estas cifras en el momento de asumir el cargo. En ese momento, aseguró que los balances contables y la “certificación de las cuentas” de Duralex estaban en curso.
El próximo 17 de septiembre, el tribunal mercantil de Orléans será cuando examine las ofertas en una audiencia, y será entonces cuando se escriba un nuevo capítulo en la historia de Duralex.
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