Más de veinte años después de su inauguración, el Estadio de Gran Canaria afronta una nueva transformación a contrarreloj para convertirse en una de las sedes del Mundial de España de 2030. El presupuesto inicial, fijado en 101 millones de euros, fue elevado por el Cabildo de Gran Canaria hasta los 175,2 millones, incluidos los 549.000 euros destinados a la demolición de la torre este. Sin embargo, esta cantidad podría seguir siendo insuficiente, ya que la licitación quedó desierta al no presentarse ninguna empresa, ni nacional ni internacional. Según las constructoras, el presupuesto está un 40% por debajo del precio de mercado, que sitúan en torno a los 220 millones de euros.
Esta situación ha generado malestar entre el Cabildo y las empresas constructoras. La corporación insular ha optado por recurrir a un procedimiento negociado, una vía que las compañías consideran inviable, puesto que la ley no permite modificar el presupuesto mediante este mecanismo, precisamente una de sus principales demandas. Por ello, el Cabildo mantendrá este lunes una reunión para determinar qué procedimiento seguir y adjudicar las obras cuanto antes.
En cualquier caso, un posible incremento del contrato no sorprendería. Tanto el consejero de Deportes, Aridane Romero, como el presidente insular, Antonio Morales, han reconocido que una obra pública de estas dimensiones está sujeta a incertidumbres y no descartan nuevos desvíos presupuestarios. Cabe recordar, además, que la construcción original del recinto ya estuvo marcada por un importante aumento de los costes respecto a las previsiones iniciales, al que posteriormente se sumaron nuevas inversiones y actuaciones.
La construcción del estadio fue una de las grandes apuestas institucionales del Cabildo de Gran Canaria a finales de los años noventa. A comienzos de la década, el entonces consejero de Deportes, Gonzalo Angulo (1991-2003), asumió uno de los proyectos de mayor envergadura impulsados por la institución insular: desde los primeros movimientos de tierras en el barranco de Siete Palmas hasta la inauguración oficial del recinto. En ese periodo se sucedieron tres presidentes: Pedro Lezcano (ICAN), José Macías (PP) y María Eugenia Márquez (PP).
El gobierno insular decidió entonces sustituir al histórico Estadio Insular, inaugurado en 1949 y situado en pleno corazón de Las Palmas de Gran Canaria, por un nuevo recinto ubicado en Siete Palmas, un área entonces en pleno proceso de expansión urbanística. El traslado no estuvo exento de polémica, ya que para una parte importante de la afición amarilla, suponía dejar atrás uno de los grandes símbolos sentimentales de la isla.
Sin embargo, las administraciones defendieron la necesidad de contar con una instalación moderna, con mayores posibilidades de crecimiento y adaptada a las nuevas exigencias del deporte profesional y de los grandes eventos.
El arquitecto de la obra del estadio Pedro Medina (izq.) muestra, en el año 1995, un plano a Gonzalo Angulo, entonces consejero insular, sobre el terreno. / LP/DLP.
Los primeros contactos para diseñar el futuro estadio se remontan a 1992, cuando el Cabildo encargó el proyecto al arquitecto Pedro Medina, reconocido por su experiencia en instalaciones deportivas. La propuesta apostó por integrar el recinto en la orografía de Siete Palmas, adaptándolo al relieve natural del terreno con el objetivo de minimizar el impacto paisajístico y aprovechar las características del barranco.
Más allá de un estadio
En 1994 comenzó a tomar forma la concepción definitiva del nuevo estadio, cuyo proyecto original iba mucho más allá de un recinto futbolístico. La iniciativa contemplaba un gran complejo deportivo y de servicios que convertiría Siete Palmas en una auténtica ciudad del deporte: un estadio olímpico con pista de atletismo, instalaciones para gimnasia y musculación, piscinas cubiertas, una ciudad deportiva anexa e incluso un hotel.
La adjudicación de las obras tuvo lugar en 1998. La unión temporal de empresas formada por Dragados Construcciones y VVO se encargó de ejecutar el recinto y ese mismo año, las autoridades colocaron la primera piedra. Pero la magnitud de la propuesta pronto chocó con la realidad económica. A medida que avanzaba la planificación comenzaron a surgir dificultades presupuestarias que obligaron a redefinir el proyecto.

Construcción del Estadio de Gran Canaria en la década de 1990. / Fedac.
Más del doble
El presupuesto inicial rondaba los 3.000 millones de pesetas (18 millones de euros), aunque la primera gran estimación para el conjunto de la obra se elevó posteriormente hasta los 36 millones de euros. Sin embargo, la factura final terminó elevándose hasta aproximadamente 84 millones de euros, más del doble de la previsión inicial.
Los costes fueron aumentando a medida que avanzaban los trabajos y respondieron a diversos factores, como las sucesivas modificaciones del proyecto durante la ejecución, la incorporación de nuevas actuaciones urbanísticas en el entorno, la complejidad técnica de algunas estructuras o la necesidad de adaptar sucesivamente el proyecto a nuevas necesidades. Para evitar que el presupuesto siguiera incrementándose, el Cabildo acabó fijando un techo de gasto que obligó a renunciar a varios elementos contemplados en el diseño original.

Construcción del Estadio de Gran Canaria. / Fedac.
La recta final concentró el mayor esfuerzo inversor. En el último año de obras se ejecutó aproximadamente la mitad de toda la inversión, alcanzándose ritmos de producción superiores al millón de euros semanales, concentrando en ocasiones hasta un millar de operarios de forma simultánea. En total, sobre una parcela de 65.000 metros cuadrados, se movieron cerca de 1,5 millones de metros cúbicos de tierra para levantar un complejo dotado de 23.000 metros cuadrados de superficie útil construida.
Además, contaba con más de 500 plazas de aparcamiento, gimnasio, salas de calentamiento, vestuarios para fútbol y atletismo, áreas antidopaje, dependencias administrativas, salas VIP, palcos privados y edificios anexos destinados a oficinas y sedes deportivas. El recinto también disponía de dos edificios de ocho plantas, cuatro torres faro de 35 metros de altura y zonas bajo graderío destinadas inicialmente a actividades deportivas complementarias. Sin embargo, muchas de estas dependencias no se terminaron funcionalmente por falta de presupuesto, como la torre oeste, o las instalaciones de climatización y ventilación mecánica en las áreas interiores.

Rubén Castro saluda a la grada en el partido inaugural del estadio, en 2003. / LP/DLP.
El recinto fue inaugurado oficialmente el 8 de mayo de 2003 con una capacidad para 30.000 espectadores. En el césped se jugó un amistoso entre la UD Las Palmas y el Anderlecht de Bélgica (2-1) y en las pistas de atletismo se celebraron exhibiciones ante un graderío repleto. Sin embargo, el equipo amarillo no pudo usar las instalaciones para disputar partidos oficiales hasta la campaña siguiente por diversas deficiencias relacionadas con la seguridad, los accesos y determinados requisitos exigidos por la Liga de Fútbol Profesional.
Los siguientes años también estuvieron marcados por las críticas de numerosos aficionados, especialmente por las pistas de atletismo, que alejaban considerablemente las gradas del terreno de juego y generaban una sensación de frialdad en contraste con el añorado Estadio Insular. Aunque había sido concebido inicialmente como un recinto olímpico y multidisciplinar, esa circunstancia condicionó durante años la relación de parte de la afición con un recinto cuya utilización era limitada fuera de los días de partido.
Mientras tanto, el gobierno insular trasladó al edificio de la grada Naciente las oficinas del Instituto Insular de Deportes y distintas federaciones deportivas, al tiempo que erigía la estatua del futbolista David Silva a las afueras del recinto.

Trabajos de retirada de las pistas de atletismo. / LP/DLP.
Atletismo
La gran transformación del Estadio de Gran Canaria llegó tras el ascenso de la UD Las Palmas a Primera División en 2015, un hito que obligó a adaptar la instalación a las exigencias de la máxima categoría del fútbol español. Con una inversión superior a los dos millones de euros, el Cabildo acometió la desaparición definitiva de las pistas de atletismo, el acercamiento de las gradas al terreno de juego y la reconfiguración completa del anillo inferior, elevando la capacidad del recinto hasta los 32.392 espectadores.
La remodelación culminó posteriormente con la instalación de nuevas butacas que reprodujeron los colores corporativos de Gran Canaria y de la UD Las Palmas. Paralelamente, se habilitaron nuevos espacios para la prensa, se mejoró la accesibilidad y se modernizaron distintas infraestructuras del recinto. También se renovaron los sistemas de iluminación, sonido, videovigilancia y retransmisión televisiva, además de adecuar los accesos, las zonas VIP y las áreas destinadas a los medios de comunicación, con el objetivo de cumplir con los requisitos establecidos por la Liga de Fútbol Profesional.
Sin embargo, el Estadio aún seguía como una obra inacabada. Para tratar de completarla, en la última década el gobierno insular destinó cerca de siete millones de euros a la culminación de la Torre Oeste y la mejora integral del campo anexo para permitir la celebración de encuentros oficiales con todas las garantías.

Representación gráfica de la vista aérea del nuevo Estadio de Gran Canaria tras la reforma. / LP/DLP.
Con todo ello, la construcción original presupuestada inicialmente en unos 18 millones de euros y que terminó costando alrededor de 84 millones, sumó más de 13 millones adicionales destinados a reformas, equipamientos y mejoras hasta 2023, elevando la inversión acumulada hasta los 97 millones de euros.
Sin embargo, aquellas actuaciones tampoco finalizaron el Estadio. Quedaron pendientes proyectos como el acercamiento definitivo de la grada Naciente al terreno de juego o la conclusión de la torre este para albergar dependencias administrativas y la futura sede social del club.
El futuro estadio
Dos décadas después de su inauguración, el estadio encara ahora la mayor transformación de su historia. Entre las actuaciones previstas figuran el incremento del aforo hasta los 43.508 espectadores y una nueva cubierta integral con envolvente textil, la actuación más costosa, con una inversión de 60,5 millones de euros. Además, se instalará por primera vez un sistema completo de climatización y ventilación, junto a una profunda modernización tecnológica que incluirá cuatro videomarcadores LED de gran formato, cobertura integral de Wi-Fi 6 y conectividad 5G.












