Plácido Domingo llegará a Castelló el próximo 26 de julio para cantar junto al mar, en un contexto alejado de la solemnidad habitual del teatro de ópera y más cercano a la celebración popular. En esta entrevista, el artista habla del placer de llevar la lírica a nuevos públicos, de su encuentro con la Orquestra Simfònica de Castelló y de una etapa vital que define como un regalo inesperado: seguir cantando, dirigiendo y viajando a los 85 años.
Entre la memoria de los grandes personajes que ha interpretado, la defensa de la zarzuela como patrimonio compartido y la convicción de que la fuerza de la ópera nace de la vulnerabilidad, Domingo reivindica una música capaz de emocionar sin necesidad de explicaciones. En el SOM Festival, su voz se presenta no solo como un instrumento, sino como una biografía hecha de escenarios, cambios y canciones.
—Viene a Castelló, a un festival junto al mar y no a un teatro de ópera tradicional. ¿Cambia algo en usted cuando canta fuera del marco solemne del teatro?
Creo que es maravilloso llevar la música también fuera de los teatros, porque nos permite llegar a un público más amplio y heterogéneo. Eso mismo fue lo que hicimos con Los Tres Tenores: juntos llenábamos estadios y no venían a escucharnos solo los melómanos; había muchísima gente que asistía a nuestros conciertos por curiosidad o para pasar una noche agradable e incluso algunos terminaban enamorándose de la ópera y luego venían al teatro.
El cantante lírico madrileño es uno de los grandes atractivos del SOM Festival de este 2026. / Fiorenzo Niccoli
—Actuará con la Orquestra Simfònica de Castelló. ¿Qué espera de ese encuentro con una orquesta del territorio y con un público quizá más mezclado que el de una temporada lírica?
Me hace muy feliz trabajar con ellos. Nuestras orquestas locales en España son un patrimonio cultural extraordinario para el territorio. La Orquestra Simfònica de Castelló tiene una gran versatilidad en su repertorio, lo cual es perfecto para el programa tan variado que ofreceremos en el concierto. En cuanto al público de Castelló, espero que disfrute de esta velada bajo las estrellas, donde habrá música para todos los gustos: desde la ópera hasta las canciones, pasando por la opereta, el musical y, por supuesto, mi queridísima zarzuela.
—Después de tantos escenarios, ¿todavía hay lugares o contextos que le obligan a escuchar de otra manera?
Cada lugar tiene su propio encanto. En esta etapa de mi carrera, que es un regalo completamente inesperado —pues jamás imaginé llegar a los 85 años cantando, dirigiendo y con tantos compromisos aún—, tengo la oportunidad de volcarme en los conciertos. Así puedo regresar a escenarios maravillosos, como este diciembre, cuando celebraré el 55º aniversario de mi debut en el Teatro San Carlo de Nápoles, el más antiguo y espectacular del mundo. Al mismo tiempo, viajo muchísimo y puedo debutar en países lejanos que nunca había visitado o en rincones especiales, sobre todo en Europa y en España.
«La voz es parte de nosotros y con nosotros cambia»
—Se habla mucho de la voz como don, pero menos de la voz como memoria. ¿Qué conserva hoy su voz de todas las vidas que ha cantado?
Conservo recuerdos de algunos papeles maravillosos que he interpretado tantas veces, como Otello, Cavaradossi, Don José o Siegmund… Todos están unidos de forma indisoluble al recuerdo de grandísimos colegas, directores de orquesta, músicos y directores de escena que han hecho la historia de la ópera.
—Usted ha transitado del repertorio de tenor a papeles de barítono. Más allá de lo técnico, ¿qué le enseñó ese cambio sobre aceptar el paso del tiempo?
Quizás más allá de la técnica vocal, lo fundamental es saber escucharnos, sin miedo de emprender nuevos caminos cuando sentimos que es bueno cambiar. La voz es un instrumento delicadísimo. No la podemos guardar en una funda, es parte de nosotros y con nosotros cambia.
—¿Existe un momento en la carrera de un cantante en el que deja de preguntarse «qué puedo cantar» y empieza a preguntarse «qué debo cantar»?
Son dos preguntas que van de la mano. Entre las ofertas que recibes, sobre todo al comenzar de la carrera, debes entender cuáles puedes abordar con tu voz y a cuáles debes renunciar conscientemente.
—La ópera suele asociarse a lo grandioso, pero sus mejores momentos a veces son de fragilidad extrema. ¿Qué le interesa más hoy: la potencia o la vulnerabilidad?
Siempre me ha fascinado la profunda humanidad de los personajes que he interpretado. La fuerza de la ópera no se radica en la potencia del canto, sino en la vulnerabilidad de los personajes.
—Ha defendido mucho la zarzuela. ¿Cree que España ha sabido cuidar ese patrimonio o seguimos viéndolo con cierto complejo?
Creo que estamos viviendo un tímido, pero progresivo renacimiento de la zarzuela en España. Personalmente confío mucho en ello y estoy seguro de que lograr el reconocimiento de la UNESCO será un paso gigante que nos dará un mayor sentido de orgullo. En el extranjero, y no solo en los países de habla hispana, nuestra zarzuela tiene un atractivo enorme para el público. Es nuestro patrimonio y un puente extraordinario entre España, México y toda América Latina: es muchísimo más que un género musical.

Plácido Domingo reivindica una música capaz de emocionar sin necesidad de explicaciones. / Fiorenzo Niccoli
—En un festival donde conviven pop, humor, canción de autor y lírica, ¿la ópera debe proteger su diferencia o aprender a convivir mejor con otros lenguajes?
Todas las formas de expresión se convierten en arte cuando transmiten emociones. Es muy interesante que un festival como el SOM ofrezca esta variedad a su público. Además hablando de ópera y pop, algunos de los mayores éxitos populares de todos los tiempos son arias o temas de ópera: piensen en el célebre «Nessun dorma» de Turandot… una obra maestra que se convirtió en un fenómeno de masas y que lleva liderando hit parade de éxitos mundiales de los últimos cien años.
—¿Qué le diría a alguien joven que irá al SOM Festival sin ser aficionado a la lírica y quizá lo escuchará por primera vez en directo?
Ver a jóvenes en mis conciertos y poder coincidir con ellos me llena de alegría y de esperanza en el futuro. Deseo de corazón que pasen una noche especial y que se diviertan.
—Y, para terminar. ¿Qué música le sigue conmoviendo sin necesidad de explicarla?
El Réquiem de Verdi. No es solo una pieza sacra, es una auténtica ópera; se percibe algo que sacuden el alma, resultando tan desgarradoras como reconfortantes.
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