Dmocracia no es una marca de ropa al uso, pero en los últimos días muchos la han leído como si lo fuera. En verdad es una campaña impulsada por el Gobierno dentro del programa ‘España en Libertad. 50 años’ se ha convertido en una bola de nieve perfecta de internet: una sesión de fotos, el Congreso, ‘influencers’, dinero público y una cifra millonaria que el Ejecutivo ya ha negado este miércoles.
En el centro también dos caras muy conocidas para la generación más joven, Marina Rivera, conocida como ‘Rivers’ en sus distintos perfiles sociales, donde acumula 10 millones de seguidores, y Sara Fructuoso, con casi 300.000 en Instagram. Ambas posando en el Congreso de los Diputados con camisetas, sudaderas y pantalones de estilo urbano.
La polémica ha estallado cuando algunos han atriubuido a Dmocracia un coste de más de 14 millones de euros, pero el Gobierno sostiene que esa cifra corresponde al programa global de actos por el medio siglo de libertad tras de la muerte de Franco, y que esta acción no vende ropa ni supera los 386.000 euros de presupuesto máximo. Estas son las claves del caso:
Dmocracia es una campaña de comunicación con estética de moda urbana. Usa el lenguaje del ‘streetwear’, los vídeos de redes y una colección cápsula para hablar de democracia, libertad y derechos. No es una firma comercial, aunque juegue deliberadamente a parecerlo.
Según el Comisionado España-50 años en Libertad, «aunque usa el mismo lenguaje de la moda, no se trata de una marca de ropa». La idea era llevar el debate a los códigos de los jóvenes, no abrir una tienda ni vender prendas.
La acción forma parte de ‘España en Libertad. 50 años’, el programa del Gobierno por el medio siglo de la actual etapa democrática. En ese marco se han organizado actividades, conciertos, talleres y eventos. Dmocracia es solo una pieza dentro de ese engranaje.
Ahí nace una de las confusiones centrales: los más de 14 millones atribuidos en redes a la supuesta marca no serían, según el Gobierno, el coste de Dmocracia, sino del programa conmemorativo en su conjunto.
Uno de los elementos que más ruido ha provocado fue la sesión fotográfica en el Congreso de los Diputados. Rivers posó con prendas de la campaña en la Cámara Baja para mostrar a una nueva generación entrando «con sus códigos» en la institución que la representa.
Memoria Democrática asegura que el ‘shooting’ contó con autorización de la Mesa del Congreso y que se realizó con respeto institucional. La foto fue gasolina para la polémica: para unos era una forma de acercar la democracia a la juventud; para otros, una frivolización del Congreso.
No. El Gobierno lo ha desmentido de forma tajante: Dmocracia no vende ropa. Las prendas se han producido en edición limitada para grabaciones, acciones en redes y actos vinculados al aniversario democrático.
La colección, creada por el artista Bnomio, funciona como una cápsula simbólica para viralizar un mensaje, no como una línea de negocio.
La cifra clave es esta: la Secretaría de Estado de Memoria Democrática sitúa el presupuesto máximo de la campaña en 386.000 euros. De ese total, 185.215 euros corresponden a producción y hasta 193.900 euros a difusión en redes, una partida que no se habría gastado por completo.
Según el Gobierno, los costes de divulgación «en ningún caso superarán los 200.000 euros». La agencia EFE ha detallado otros gastos: 112.783 euros para producir las prendas, 59.680 euros para sesiones fotográficas, 10.000 euros en diseño y asesoría, y 2.752 euros en almacén, envíos y tarjetas.
Porque la campaña quería llegar a menores de 35 años y el Gobierno apostó por creadores de contenido. En total, según la versión oficial, participan 32 jóvenes perfiles digitales. No se pagó a Meta ni a TikTok para difusión: la estrategia se apoya en ‘influencers’.
Los datos difundidos por Memoria Democrática hablan de más de cuatro millones de visualizaciones y más de 600.000 personas alcanzadas, con más del 70% por debajo de los 35 años.
Rivers ha publicado un vídeo para responder a las críticas, los insultos y las acusaciones. Defiende que acepta una campaña sobre democracia y libertad, y niega cualquier irregularidad: «No he hecho absolutamente nada ilegal».
También remarca que «la democracia no es de izquierdas ni de derechas, es de todos» y que, a su juicio, es importante que los jóvenes recuerden que los derechos «han costado mucho conseguirlos». Sobre las críticas al dinero público, acusa a sus detractores de hacer demagogia con la idea de que ese dinero podría haberse destinado a sanidad, educación o cáncer.
Sí. Rivers ha anunciado que donará lo cobrado por la campaña. Rivers no ha detallado la cifra exacta, pero sostiene que su retribución ronda el 10% de la partida de divulgación, que el Gobierno cifra por debajo de 200.000 euros. Es decir, unos 20.000 euros brutos como máximo.
La creadora ha explicado que en otro vídeo explicará a quién destinará el dinero, pero mencionó posibles entidades vinculadas a la investigación contra el cáncer, el cáncer de mama, la ELA o alguna ONG. También ha asegurado que mostrará los comprobantes cuando realice la donación.
Porque Dmocracia concentra varios debates a la vez: el uso de dinero público, el papel de los ‘influencers’, la comunicación institucional, la polarización política y la manera de hablar de democracia a una generación que se informa en redes.
La campaña buscaba usar la moda como puerta de entrada a una conversación cívica. Pero la mezcla de Congreso, estética urbana, creadoras famosas y una cifra viralizada ha tenido el efecto contrario.
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