Más de 20 meses lleva Cayetana (nombre figurado), madrileña de 40 años, esperando cita en la sanidad pública para rehabilitación del suelo pélvico (el conjunto de músculos y tejidos que sostiene la vejiga, el útero y el recto) tras un parto complicadísimo el 21 de septiembre de 2024, cuando nació su pequeña Nana. Cómo no, el día más feliz de su vida que, recuerda, también, como «un auténtico horror» que acabó en «un parto instrumental con fórceps tras 37 horas en activo». Hoy, todavía sufre las consecuencias, y, visto que pasaban los meses, ha acabado recurriendo a la sanidad privada para esa rehabilitación que tanto se demora en el sistema público.
El embarazo y el parto someten al suelo pélvico a una importante sobrecarga, explica la doctora Soraya Hijazi Vega, miembro del Grupo de Trabajo de Suelo Pélvico de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF). En los servicios de Medicina Física y Rehabilitación las derivaciones se revisan y se priorizan siguiendo criterios clínicos, con el objetivo de que las pacientes con mayor riesgo o con lesiones que requieren una atención preferente sean valoradas dentro de los tiempos recomendados.
«Tengo 40 años y antes de parir corría medias maratones, jugaba al pádel… y siempre fui bastante activa», lamenta Cayetana
«Sin embargo, la presión asistencial y la insuficiencia de recursos hacen que, en ocasiones, resulte difícil cumplir esos plazos, lo que constituye una de las principales preocupaciones de nuestra especialidad», añade la médico. Datos recientes de la sociedad, indican que tres de cada cuatro mujeres con cáncer ginecológico no reciben atención especializada en forma de rehabilitación del suelo pélvico «pese a la elevada prevalencia de secuelas funcionales».
Desgarros perineales
«Después de un parto complicado, especialmente cuando se han producido desgarros perineales graves, una lesión del esfínter anal, un periodo expulsivo prolongado o un parto instrumental, pueden aparecer pérdidas de orina o heces, dificultad para contener gases, sensación de peso o bulto vaginal, dolor pélvico y molestias durante las relaciones sexuales. Estas lesiones requieren una valoración y un seguimiento específicos», añade la médico.
Tres de cada cuatro mujeres con cáncer ginecológico no reciben rehabilitación del suelo pélvico «pese a la elevada prevalencia de secuelas funcionales»
La valoración por Rehabilitación se recomienda, de forma general, a partir de las 6-8 semanas posparto, una vez completada la recuperación inicial de los tejidos, tal y como recogen las guías de práctica clínica. Permite identificar las diferentes disfunciones tras el parto y determinar qué mujeres pueden beneficiarse. Comienza con una evaluación individualizada por parte del médico de la musculatura, las cicatrices, la sensibilidad, el dolor y la capacidad para contraer y relajar correctamente el suelo pélvico, detalla la doctora Hijazi Vega.
Explica la especialista que existen excepciones (como las lesiones obstétricas del esfínter anal u otras complicaciones) que pueden requerir una valoración más precoz.
Puerperio de alto riesgo
A Cayetana, tras ese complejísimo parto, le recomendaron un seguimiento estrecho en consulta. El diagnóstico era puerperio «de alto riesgo». «El larguísimo tiempo de pujos (los esfuerzos físicos voluntarios o reflejos que realiza la madre durante la fase de expulsión) y el uso instrumental facilitaron mi diagnóstico posterior: descolgamiento de recto y vejiga, lo que llaman prolapsos, y descolgamiento también uterino», explica. Se queja de que, nuevamente, las cosas se complicaron y no recibió cita en su centro de salud para ese control.
«Con ese diagnóstico, el control de esfínteres es una lotería, no puedes hacer ejercicios físicos concretos (fuerza, running…) y todo cambia. Tengo 40 años y antes de parir corría medias maratones, jugaba al pádel… y siempre fui bastante activa», relata. Ahora, dice, las cosas se han complicado.
Pendiente de cita
Con pocas opciones sobre la mesa, Cayetana vio «algo de luz» cuando le sugirieron la rehabilitación de suelo pélvico para recuperarse. «Dije sí, evidentemente. La única cita, para valoración, fue en enero de 2025 (el parto fue en septiembre de 2024). Me incluyeron en el listado como ‘preferente’ para la rehabilitación. A día de hoy, todavía no me han llamado para citarme. Si me llamaran hoy, me han avisado, tampoco sería inmediato. Mi hija tiene casi dos años», lamenta.
Confiesa que ha acabado recurriendo a la sanidad privada para recibir esa rehabilitación. «Llevo más de 30 sesiones y no son baratas. He tenido que comprar un par de sondas, una para casa, otra para la clínica, para hacer la rehabilitación que tanta importancia», señala.
Más allá de los ejercicios
«El tratamiento no consiste simplemente en realizar ejercicios. Puede incluir entrenamiento muscular supervisado, coordinación con la respiración y la musculatura abdominal, reeducación de los hábitos urinarios e intestinales, tratamiento de las cicatrices y, cuando está indicado, técnicas manuales o sistemas que ayudan a la paciente a identificar si activa adecuadamente los músculos», añade.
Un retraso en la atención «no significa necesariamente que vayan a producirse secuelas irreversibles, pero sí puede prolongar síntomas que interfieren en la movilidad, el ejercicio, las relaciones sexuales, el descanso, el cuidado del bebé y la calidad de vida», finaliza.
Suscríbete para seguir leyendo














