Hay estrategias políticas que no necesitan resolver los problemas, les basta con repartir culpas. Son más rápidas y mucho más sencillas de explicar que la complejidad de gobernar. Si algo falla, siempre habrá alguien a quien señalar. El parado, el inmigrante, el pensionista, quien está de baja médica o quien recibe una ayuda pública. La política deja de consistir en gestionar intereses legítimos para convertirse en un ejercicio de distribución de sospechas.
Fuente














