Durante años hemos librado una guerra contra las bacterias de nuestra piel. Las hemos asociado con la suciedad, el acné o la aparición de infecciones y, justamente por eso, nos hemos pasado la vida «combatiéndolas» con jabones antibacterianos, cosméticos y tratamientos destinados a «eliminar» los microorganismos de nuestra piel. Pero según explica el científico Marc Güell Cargol, investigador ICREA en el SynBio Lab de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), la ciencia demuestra que las estigmatizadas bacterias cutáneas no solo son esenciales para nuestra salud sino que, además, podrían incluso convertirse en una fábrica natural de medicamentos para nuestra piel. «Estamos estudiando el uso de bacterias editadas genéticamente para tratar el acné», afirma el especialista, recién galardonado con el XXI Premi a la Investigació Biomèdica de la Fundació Banc Sabadell.
La idea, explica el científico en una entrevista con El Periódico, es sencilla. Y consiste en algo tan simple a la par que revolucionario como es profundizar en el estudio sobre la diversidad de microorganismos que habitan nuestra piel para, comprender de forma más clara cuándo y por qué en determinadas ocasiones se produce un desequilibrio en su composición y, a partir de ahí, utilizar las propias bacterias para corregir estas alteraciones. «Es un enfoque innovador que podría cambiar la forma de abordar enfermedades tan comunes como el acné o patologías inflamatorias como la psoriasis y la dermatitis atópica», comenta el investigador, quien está liderando una línea de estudio basada en el uso de herramientas de edición genética para desarrollar nuevas terapias basadas en el microbioma de la piel.
El científico estudia desde su laboratorio de Barcelona cómo utilizar la biología sintética para modificar ciertos microorganismos y «aprovecharlos» a nuestro favor
Según explica Güell, los primeros estudios desarrollados para «aprovechar» el microbioma cutáneo a nuestro favor consistían en seleccionar bacterias presentes en la naturaleza con beneficios probados para la piel y, a partir de ahí, incorporarlas a formulaciones probióticas para restaurar el equilibrio de microorganismos que habita nuestra tez. Pero ahora, afirma el científico, el objetivo es mucho más ambicioso. «En lugar de buscar microorganismos que posean de forma natural una propiedad interesante, estamos diseñando circuitos genéticos para modificar algunas bacterias cutáneas y, gracias a ello, lograr que desarrollen funciones completamente nuevas que ayuden a mejorar la salud de nuestra piel», explica Güell como ejemplo del enorme potencial de la biología sintética.
Tratamientos innovadores
Una de las grandes promesas de la investigación es la bacteria cutánea ‘Cutibacterium acnes’, un microorganismo que vive en las glándulas sebáceas, justo debajo de la superficie de la piel, y que interactúa de forma natural con el sistema inmunitario y con los mecanismos fisiológicos que regulan el funcionamiento de la piel. En el laboratorio de Güell se está estudiando el uso de una cepa modificada genéticamente de esta bacteria para regular localmente la producción de sebo y actuar como tratamiento frente al acné. «Podría ser una alternativa a la isotretinoína, el famoso Roacután, que sigue siendo un tratamiento extremadamente eficaz frente al acné pero que, en contrapartida, produce importantes efectos secundarios. Nuestra idea es desarrollar un tratamiento que, en lugar de actuar sobre todo el organismo, permanezca únicamente en la piel y ejerza allí su efecto terapéutico», comenta el investigador.
El experto está desarrollando una bacteria editada genéticamente para crear un tratamiento tópico con la misma eficacia que la isotretinoína pero sin efectos secundarios
Los científicos ya han testado el uso de esta bacteria manipulada en líneas celulares de la piel y en modelos de ratones. Ahora, afirma Güell, esta estrategia se sigue estudiando en los laboratorios con vistas a poder pasar a la fase de ensayos clínicos. Si todo avanza correctamente, el científico afirma que podría convertirse en un tratamiento eficaz frente al acné y «con menos efectos adversos» que las pastillas que existen en el mercado. En un futuro, además, Güell confía en que estas terapias puedan aplicarse a otras enfermedades relacionadas con mecanismos inflamatorios como, por ejemplo, la psoriasis o la dermatitis atópica. «Ambas patologías suelen ir acompañadas de una pérdida de diversidad del microbioma cutáneo y de alteraciones en las bacterias que normalmente ayudan a mantener el equilibrio de la piel», explica.
En un futuro, estos tratamientos podrían trasladarse a enfermedades como la psoriasis y la dermatitis atópica
El trabajo de Güell ha sido reconocido con el XXI Premio a la Investigación Biomédica «por sus contribuciones pioneras a la biología sintética y al desarrollo de nuevas tecnologías de ingeniería genética». Junto a él, este año también se ha premiado el trabajo de Pelayo García de Arquer, profesor de investigación en el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), quien ha recibido el X Premio a las Ciencias y la Ingeniería por «sus avances vanguardistas en nanociencia para desarrollo sostenible y nuevos dispositivos optoelectrónicos«. Según explican desde la Fundació Banc Sabadell, el objetivo de estos galardones es reconocer la trayectoria de jóvenes investigadores que destacan en sus respectivas especialidades y que, gracias a su trabajo, están contribuyendo a crear un mundo mejor y a resolver los grandes retos de nuestra era.
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