Hay quien piensa que gobernar consiste únicamente en levantar edificios, asfaltar calles o inaugurar plazas. Se trata sin duda de actuaciones necesarias, y nadie lo discute. Pero existe otra forma de hacer ciudad mucho menos visible y, probablemente, mucho más trascendente: invertir en las personas. Especialmente en aquellas que dentro de muy poco tomarán el relevo; me refiero a los jóvenes.
Los jóvenes. Es curioso. De ellos se habla mucho, pero pocas veces se les escucha. Se analizan sus hábitos, se cuestionan sus prioridades, se lamentan sus dificultades y, con demasiada frecuencia, se les observa desde el prejuicio. Sin embargo, basta con ofrecerles oportunidades para comprobar que detrás de esa generación tantas veces etiquetada hay talento, creatividad, curiosidad y enormes ganas de participar.
Por eso, iniciativas como la Summer Edition 2026, de la Concejalía de Juventud de Elche, merecen algo más que una nota de agenda. Merecen reconocimiento. Porque detrás de un programa de actividades estivales hay una manera de entender las políticas públicas que conviene poner en valor.
El verano suele presentarse como un tiempo de descanso. Lo es. Pero también puede convertirse en un espacio extraordinario para descubrir vocaciones, aprender habilidades nuevas o, sencillamente, salir de la rutina. La diferencia entre que esos meses transcurran sin más o se conviertan en una experiencia enriquecedora depende, muchas veces, de que existan propuestas capaces de despertar el interés de los jóvenes.
Ahí es donde aparece la Summer Edition. No como un simple catálogo de talleres, sino como una invitación a aprovechar el tiempo de otra manera.
Hay algo especialmente acertado en esta edición impulsada por la Concejala de Juventud, María Bonmatí. Y es haber entendido que las políticas juveniles ya no pueden diseñarse desde la distancia. Escuchar antes de programar es, seguramente, el mayor acierto de esta iniciativa. Que buena parte de las actividades hayan nacido de las propias propuestas de los jóvenes demuestra que alguien ha comprendido una evidencia que a veces olvidan las Administraciones: nadie conoce mejor las inquietudes de una generación que esa misma generación.
Ese cambio de mirada explica una programación que respira actualidad. Radio, videopódcast, creación de contenidos, cerámica, cocina, dibujo manga, serigrafía, danza, teatro, escalada, snorkel o actividades náuticas. A simple vista parecen propuestas muy distintas entre sí. Pero en realidad forman parte de una misma filosofía: ofrecer oportunidades para que cada joven encuentre aquello que le motive.
No todos tienen las mismas inquietudes, ni falta que hace. Una ciudad inteligente es aquella que entiende esa diversidad y es capaz de responder a ella. La Summer Edition lo hace con naturalidad. Sin artificios. Sin caer en la tentación de programar por cumplir.
Hay una idea de fondo que atraviesa toda la iniciativa: el ocio también educa. Y educa mucho. Lo hace cuando un adolescente descubre que es capaz de hablar delante de un micrófono. Cuando alguien encuentra en la cerámica una forma inesperada de expresar su creatividad. Cuando unos desconocidos terminan convirtiéndose en amigos tras compartir una actividad. Cuando una experiencia al aire libre despierta el respeto por el entorno natural, o cuando un taller termina sembrando una inquietud que quizá, con el tiempo, acabe siendo una profesión. Esas cosas ocurren. Y ocurren más veces de las que imaginamos.
En tiempos en los que las pantallas ocupan buena parte del tiempo libre, ofrecer alternativas presenciales, creativas y participativas es casi una obligación institucional. No para competir con la tecnología, sino para recordar que la vida sigue sucediendo también fuera de ella, vinculada a la creatividad y a la naturaleza.
Por eso, conviene reivindicar el papel de las Administraciones cuando aciertan. Es fácil señalar errores; mucho más difícil poner en valor aquellas iniciativas que funcionan y que generan un beneficio colectivo evidente. La apuesta de la Concejalía de Juventud pertenece a ese segundo grupo. No porque organice actividades de verano -eso puede hacerlo cualquiera-, sino porque lo hace desde una visión moderna de las políticas juveniles, entendiendo que el tiempo libre también puede ser un espacio de formación, convivencia y crecimiento personal.
Hay otro detalle que engrandece el programa y que no debería pasar desapercibido: todas las actividades son gratuitas. Puede parecer un aspecto secundario, pero no lo es. En un contexto en el que cualquier propuesta de ocio o formación supone un esfuerzo económico para muchas familias, mantener cerca de quinientas plazas sin coste representa una decisión profundamente igualitaria. Significa que las oportunidades no dependen del bolsillo. Que cualquier joven, con independencia de su situación económica, puede participar, aprender y disfrutar.
Eso también es hacer política, probablemente la mejor política. Porque invertir en juventud nunca debería verse como un gasto. Es una inversión con el retorno más rentable que existe: el humano. Los jóvenes suponen la sementera de la sociedad, incluida la política, que, aunque pese, es absolutamente necesaria. El tiempo exige relevos, y sin los jóvenes estos son imposibles.
Dentro de unos años nadie recordará cuántas solicitudes se presentaron ni cuántos talleres se impartieron exactamente. Pero sí habrá jóvenes que recordarán aquel verano en el que aprendieron algo que no esperaban, conocieron a personas que siguen formando parte de su vida o descubrieron una pasión que acabó marcando su futuro.
Ese es el verdadero éxito de programas como la Summer Edition. No llenar un calendario, sino llenar de oportunidades una etapa decisiva de la vida.
Elche tiene la fortuna de contar con una juventud inquieta, preparada y con ganas de participar. Lo inteligente es ofrecerle caminos por los que avanzar. Y cuando desde una concejalía se apuesta por escuchar, innovar y poner recursos al servicio de esa generación, lo justo es reconocerlo. Como cualquier ciudad, Elche se construye desde la base, y ésta se encuentra en las chicas y chicos ilicitanos, que irán tomando nuestro relevo y representando papeles importantes en la sociedad ilicitana.
Pocas inversiones resultan tan rentables como confiar en los jóvenes. ¿Alguien lo duda? Hasta pronto.
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