Julio Bernárdez está viviendo un momento especialmente dulce para el baloncesto gallego. Galicia vuelve a contar con tres equipos en la ACB, presume de músculo en la máxima categoría femenina y mira a la cantera con ambición renovada. El presidente de la Federación Gallega celebra el gran ascenso del Monbus Obradoiro y el papel federativo en la fase de ascenso del Leyma Coruña y deja una idea de futuro: si repite mandato, sueña con ver a cuatro equipos gallegos en la élite.
El ascenso del Leyma llegó tras una fase que pudo ser gallega, porque también estaba el Obradoiro. ¿Qué papel jugó la Federación y el propio Obradoiro?
Lo que cuenta a la hora de adjudicar una competición así es, primero, la infraestructura deportiva. Hicimos venir a la directora de competiciones de la Federación Española, Hanna Bahlhaus, para que conociese qué ambiente se vivía en Galicia. El Leyma-Obradoiro, al que asistió y que reunió a 9.300 personas, fue definitivo para que la Federación supiera que había solvencia técnica, infraestructuras, un club serio y una organización muy potente. Eso fue diferencial. Una vez ascendido el Obradoiro, hicimos todo lo posible por llevarla a Coruña y el Obradoiro, en el papel de su presidente Raúl López, también puso su firma respaldando la candidatura.
¿Fue compleja aquella adjudicación con dos gallegos optando al ascenso?
La última jornada fue de locos. Las copas andaban entre A Coruña, Santiago y Mallorca. Había candidaturas muy potentes, como Palencia u Oviedo, y lo que tratamos fue vender nuestro producto. La Federación Gallega apoyó la candidatura en la Española para demostrar que era solvente y ayudó a vincular a las instituciones públicas. Quiero destacar la ayuda de la Xunta, por medio de Diego Calvo, y también la de la Deputación y el Concello de A Coruña.
Deportivamente, la fase tuvo un desenlace casi cinematográfico.
Fue un acontecimiento que ni diseñado sale mejor. Nadie podía pensar que a cinco minutos del final el Leyma estuviese prácticamente fuera del ascenso y que en cinco minutos todo cambiase. De un partido trabado se pasó a una soltura que nadie podía creer. Creo que Carles estuvo espectacular jugando con dos bases, metiendo a un tres-cuatro y generando más espacios. Hubo la fortuna de que los tiros entraran y de que Granger entrara en crisis cuando había dominado el partido.
Galicia vuelve a tener tres equipos en la ACB. ¿Qué significa?
El mérito es de los jugadores, de los técnicos y de las entidades. Pero todo lo que está alrededor suma, no crea problemas y abre caminos. Estamos encantados de que tres equipos gallegos estén en la ACB. Somos, después de Cataluña, la autonomía que tiene más equipos. Es un orgullo tremendo para el baloncesto gallego.
También remarca el crecimiento del baloncesto femenino.
Estamos orgullosos de que lo que antes era un complemento ahora sea un buque insignia. Tener tres equipos en la máxima categoría es algo impresionante. Y detrás hay proyectos como el de Maristas Coruña, que ha conseguido el ascenso a la Liga Challenge y encarna el sueño de un patio de colegio para llegar a la élite.
El titular de futuro parece estar en Ourense. ¿Sueña con un cuarto equipo gallego en ACB?
Ourense está palpitando algo con una nueva directiva encabezada por Diego Regueira, una persona excelente que quiere poner al COB y a Ourense en el sitio donde estaban. Muchas veces, para que pasen las cosas, primero hay que soñarlas. Yo tengo el sueño de que, si en la próxima candidatura tengo el honor de volver a representar al baloncesto gallego y vuelvo a ser presidente, a lo mejor en vez de tres puede haber cuatro equipos gallegos en ACB y el baloncesto puede seguir creciendo.
También habla de una base cada vez más competitiva.
Tenemos una base espectacular. Llevamos dos años seguidos quedando campeones de España 3×3 en U13 masculino y este año también en U13 femenino. Eso no había pasado nunca en el baloncesto gallego. Antes, cuando una selección gallega jugaba contra una catalana o madrileña parecía que ya estábamos perdiendo. Ahora ellos no están tranquilos, porque saben que pueden ganarnos, pero también llevarse una sorpresa.
¿Qué ha cambiado en ese trabajo de cantera?
Darío Martínez Méndez está llevando a cabo una labor increíble de seguimiento del talento gallego, apostando por jugadores con proyección. Hay un hecho diferencial en el baloncesto actual: las estructuras físicas. Si no tienes jugadores grandes, no puedes competir. Desde que se ha apostado por eso, hemos quedado terceros en la competición infantil de selecciones autonómicas.
Usted defiende que las selecciones mantengan identidad gallega.
Todos los componentes de nuestras selecciones son gallegos o jugadores que han venido y llevan aquí tres o cuatro años. No vamos a discriminar a nadie por su origen, pero tampoco vamos a hacer trampas, como hacen otras autonomías, trayendo a un jugador que lleva dos meses aquí y mide 2,10 o 2,20. Prefiero quedar noveno que quedar primero de esa forma. Respetamos al jugador gallego y a los entrenadores gallegos.
¿Qué balance hace de su mandato y cuáles son los retos?
Ser presidente de la Federación Gallega es la culminación de mi carrera deportiva. La Federación tiene estabilidad económica y hemos incrementado su credibilidad. También hemos hecho partícipe a la Comisión Delegada en el diseño de las competiciones. En Galicia se juega democráticamente a lo que eligen los clubes. Entre los retos están la digitalización, con un portal para los clubes, y otro objetivo clarísimo: erradicar la violencia en nuestras canchas. El baloncesto era un ejemplo y algunos comportamientos en las gradas lo han distorsionado.
¿Quiere continuar cuatro años más?
Por supuesto que sí. Tengo un equipo directivo con una capacidad de gestión increíble. Dentro del mundo del baloncesto gallego quiero destacar el altruismo y la bondad que existe en los dirigentes de cada uno de los equipos. Hay personas que todavía creen que se construye desde el insulto y desde la desconsideración. Creemos que esa no es la forma de participar en estructuras deportivas. Todavía existe esa gente. Yo la invito cada día, y quiero dar oportunidades para que se integren no en la descripción de problemas, sino en la creación y en la aportación de soluciones














