En la vida de entonces, cuando vivíamos pendientes de lo que nos dijeran Domingo Pérez Minik, Eduardo y Maud Westerdahl de quién era Óscar Domínguez, sólo sabíamos de él que era un artista grande, insólito, un pintor llamado por la historia a ser considerado como genial e imperecedero. El silencio entonces podía más que la realidad, y estuvimos años sin Óscar Domínguez, o al menos sólo lo estábamos gracias a los bisbiseos.
Ellos, Minik, Westerdahl, Maud, sabían de su prestigio y de su presencia internacional, y de ello nos hablaban en voz bajas o en las madrugadas porque entonces Óscar Domínguez parecía hecho para ser, al final de su vida, alguien al que su tierra iba a despreciar. Los silencios marcaron la presencia de otros que, aquí o fuera, resultaron contrarios a los ganadores de la guerra. El talento fue parte del pasado y la mediocridad se hizo cargo de nosotros, así que Óscar Domínguez y muchos más quedaron presa del silencio.
Pasó el tiempo y vino, de pronto, la posguerra de veras, es decir, se acabó del todo (¿del todo?) Franco y se acabaron los fuegos de artificio de la tremenda censura que aquí y en toda España fue abriéndole paso a lo que había habido pero que fue silenciado. Aquí, por ejemplo, pasado el tiempo hubo incluso la oportunidad de darle a Óscar Domínguez un sitio grande en el primer museo de la isla, en Santa Cruz, que muy fugazmente alcanzó el nombre del pintor de Tacoronte. Pero perdió en seguida la oportunidad porque se dijo que había sido, en su vida parisina, sobre todo, un disoluto, alguien que podía merecer el honor de la pintura, pero no la calidad de su nombre propio en el museo principal de Santa Cruz de Tenerife.
Hubo mucha gente interesada, sin éxito, en darle ese honor a lo que luego (y para siempre, de momento) se llamaría el TEA. Pudo más la penuria del silencio y Óscar Domínguez fue introducido en las salas, pero no en el nombre propio y grande que debió tener desde antes de la guerra, en la guerra, en la posguerra y ahora mismo.
Ha pasado de todo, en nuestra tierra y en la vida, y ahora ya Óscar Domínguez puede caminar por los almanaques y por la historia de la pintura (del mundo, de España, de su tierra) gracias a algunos nombres propios y, sin duda también, al Tea que lo hace grande pero que aún no lleva su nombre… aún y todavía.
En esa historia del regreso genial de este personaje que en un tiempo fue la conversación en voz baja y que ahora es una de las grandes voces de nuestra historia ha tenido una importancia capital José Carlos Guerra, profesor que lo ha devuelto a la importancia que merecía y que ya ha hecho dos ediciones (la segunda sale ahora, corregida y ampliada).
Este 22 de junio el profesor Guerra contó su historia con Domínguez, cómo lo fue buscando por los museos viejos de París y del mundo, cómo supo de su gran calidad desconocida, de qué manera se encontró con las distintas calidades del pintor, de qué forma poco a poco tuvo para siempre la idea de un personaje que ahora mismo es uno de los grandes de la pintura que se cotiza en el mundo.
El libro que recoge la segunda edición de su trabajo (Óscar Domínguez. Obra, contexto y tragedia) ha sido editada por él mismo, comprende el trabajo inmenso que ha ido recopilando y ahora es un recorrido genial por una obra que es, también, un aldabonazo a favor de la consagración de aquel personaje que hoy es, dice José Carlos Guerra, el más importante y cotizado de los pintores canarios.
Estuve en la presentación de esta segunda edición. La presidió Rosa Dávila. Allí estuvieron el sobrino bisnieto del pintor. Carlos Acosta Méndez, Isidro Hernández, conservador jefe de la colección TEA, Eliseo G. Izquierdo hijo, director de LM Arte Colección, que editó el libro, a lo que colaboraron los ayuntamientos a los que perteneció Domínguez, Tacoronte y La Laguna. Rosa Dávila no hizo un saludo de protocolo: fue tan entusiasta como los que recibieron esta nueva edición de un libro que ahora es también una obra de arte. Isidro Hernández se asomó a Domínguez, cuya obra cuida en el TEA, desde la atalaya de Octavio Paz. Dijo Isidro: “En su cuaderno de ensayos Corriente alterna, el poeta y ensayista Octavio Paz que ´escribir sobre André Breton con un lenguaje que no sea el de la pasión es imposible`. Lo mismo ocurre con otras figuras clave del Movimiento Surrealista como es el caso de Óscar Domínguez, quien despierta en nuestra mirada una admiración semejante a un astro con una luz propia inextinguible. Y es que la obra de Óscar Domínguez no ha dejado de despertar nuestra admiración y entusiasmo a partes iguales, en perfecta consonancia con aquella maquinaria clandestina, vertiginosa e irracional del Surrealismo”.
Isidro atrajo nombres propios que Domínguez alcanzó en su vida: inventor de la decalcomanía, excelente constructor de objetos surreales, cabeza de toro, señorial de líricos bigotes, el inventor de la técnica pictórica del triple trazo… Subrayó el cuidador del TEA esta segunda entrega de José Carlos Guerra: se complementa “y enriquece de algo más de medio centenar de páginas, de una sugerente selección de imágenes y de nuevas informaciones sobre la obra del pintor”.
José Carlos Guerra fue por todo el mundo buscando a Óscar Domínguez. La Biblioteca Nacional de Francia, la Kandisnsky del Centro Pompidou, otros museos y archivos de París, de Francia, del Reino Unido, de Florencia… Y explicó en el acto esta razón de la segunda edición que presentaba: “La primera se agotó pronto. En los cinco años transcurridos desde la primera he seguido estudiando sobre Óscar Domínguez y he descubierto aspectos nuevos de su vida y de su obra y he madurado en mi comprensión de su obra. Por esto, esta segunda edición no es una copia de la primera, sino una versión que modifica sustancialmente el contenido de la primera y la amplía en cincuenta páginas y otras tantas imágenes”.
Es una obra rica como si la modelara para que Domínguez entre de veras en el lugar en el que siempre debió estar como el pintor universal que es y el artista cuya obra merece el reconocimiento que hasta fecha reciente ha sido saludado con la indiferencia o con la duda. “Corresponde a la institución que representa a la isla ofrecer al mundo, empezando por los tinerfeños y tinerfeñas, la contemplación de la gran colección de su artista más universal. Y no es un gasto. Es una inversión en términos estrictamente económicos, dado el acelerado proceso de revalorización de la obra de Domínguez durante este siglo”.
Óscar Domínguez entró en el Cabildo como si se vistiera de nuevo para ser recibido en la isla que fue su cuna, en el mundo que fue también la esencia extraordinaria de una pintura que vuelve a renacer como un milagro surrealista y vivo. Como su pintura.
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