La izquierda alternativa sigue buscando la fórmula para resolver su crisis existencial, marcada por la falta de referentes, la división y las cuitas abiertas entre partidos. El órdago lanzado en febrero por Gabriel Rufián, abriéndose a liderar una candidatura de izquierdas en Cataluña, despertó cierta esperanza en Podemos y los partidos de Sumar, que sin embargo ahora admiten su desengaño con el portavoz de ERC.
Rufián lleva meses planteando fórmulas para que la izquierda se presente a las elecciones generales, pese a que ERC ha insistido en mantener su hoja de ruta y concurrir en solitario en Cataluña. Esta misma semana, el portavoz republicano ha lanzado un nuevo mensaje apelando otra vez a los partidos de izquierdas y defendiendo la necesidad de «crear otro espacio votable» en lugar de Sumar. «Ese espacio debe ser liderado por las izquierdas soberanistas con un programa común basado en tres ejes: 1) vivienda 2) condiciones de vida 3) derecho de autodeterminación», señalaba en redes, donde advertía: «Quien crea que su bandera (y su buen resultado electoral particular) le va a proteger o es un inconsciente o es un negligente».
https://x.com/gabrielrufian/status/2072576115776864312
Una nueva referencia a una candidatura para las generales que, sin embargo, resulta ya poco creíble en Podemos y Sumar. Las fuerzas progresistas admiten cierto hastío hacia los movimientos del dirigente republicano, que de forma recurrente llama al espacio progresista a organizarse en una candidatura nacional.
Las peticiones de concretar los pasos al dirigente republicano no han sido atendidas y tampoco ha habido más movimientos más allá de los mensajes públicos. Las expectativas generó en un primer momento están a día de hoy completamente disipadas.
El primer movimiento de Rufián llegó en febrero y generó cierto desconcierto en las fuerzas de izquierda, que acogieron con recelo el primer acto con el diputado de Más Madrid Emilio Delgado. Aquella cita sirvió para que el diputado republicano lanzara una suerte de plan para unir a la izquierda de cara a una cita electoral. “¿Qué sentido tiene que 14 izquierdas nos presentemos en el mismo sitio?“, se preguntó, planteando candidaturas de unidad tanto a nivel estatal como en los para maximizar fuerzas en las elecciones. En ERC dejaron claro que se trataba de una posición individual y que en nada representaba al partido.
Aquello coincidió con el intento de refundación de Sumar y con su descabezamiento, tras la renuncia de Yolanda Díaz a repetir como cabeza de lista. En la coalición de izquierdas recibieron tímidamente la propuesta del portavoz de ERC y le pidieron concreción. Ante la falta de referentes, el diputado se veía como alguien capaz de cohesionar a la izquierda y abrir una nueva fase, aupado también por el carisma y la buena acogida entre el electorado de izquierdas.
«No se va a ir de ERC»
La percepción ha cambiado a día de hoy en el ala minoritaria del Gobierno, donde asumen que el dirigente republicano, más allá de sus discursos públicos, «no se va a ir de ERC«. Ya hubo un intento de acercamiento a Rufián a través de los Comuns, tal como avanzó EL PERIÓDICO. La respuesta del portavoz fue remitirles a la dirección del partido republicano, que en nada estaba en las tesis del dirigente. Así, en Sumar atribuye al diputado un «doble discurso».
Mientras públicamente aboga por una candidatura de unidad, «en privado no se mueve«, y se mantiene fiel a Esquerra. «Dice una cosa y la contraria», advierten, convencidos de que su discurso público responde en realidad a un intento de sacar músculo dentro de su partido: «Está utilizando su candidatura para hacerse fuerte en ERC«, concluyen.
Las tensiones entre el portavoz en el Congreso y la formación liderada por Oriol Junqueras en Cataluña se han hecho evidentes en las últimas semanas, después de conocerse que el portavoz había puesto sus propias «condiciones» para repetir como candidato.
Después de aquellas fortísimas tensiones, algunas voces de la coalición se muestran convencidas de que «Rufián ya ha pasado de pantalla«, y que después de amagar con una candidatura nacional, ha vuelto a «las referencias al soberanismo»; en un repliegue catalán que hace indicar que mantendrá las tesis de su partido, ERC. El último acto junto a Mónica Oltra en Valencia, donde en teoría iba a aclarar sus planes de futuro, resultó un «pinchazo», según describen, que no hace sino abundar en lo que ven como un intento de posicionarse públicamente.
Iglesias lo apoyó
Algo similar sucedió en Podemos, donde pasaron de rebajar el acto de Rufián a una «charla» sin trascendencia alguna a concederle toda la relevancia para, más tarde, admitir su desencanto. El pasado abril, Podemos anunció a bombo y platillo un acto entre el portavoz republicano y la eurodiputada y principal referencia del partido, Irene Montero. Allí plantearon abiertamente una suerte de candidatura liderada por los morados a nivel estatal y por los republicanos en Cataluña.
Tras ese momento, desde Podemos lanzaron mensajes a Rufián para concretar la propuesta. El termómetro del estado de ánimo lo puso, como tantas veces, el exvicepresidente de Gobierno Pablo Iglesias, una de las figuras más importantes de Podemos, que entre febrero y abril se deshacía en elogios hacia el diputado de ERC. «Ese equipo que podrían hacer Rufián e Irene Montero ilusionaría a mucha gente y que eso podría ser el inicio de algo que la gente está pidiendo: dejen de pelearse, pónganse de acuerdo. Nos gusta mucho Rufián, aunque sea independentista«, defendió Iglesias en abril, en un llamamiento abierto al dirigente.
En la dirección de Podemos, que durante semanas confiaron en que Rufián diera un paso decidido hacia una candidatura, admiten cierta decepción. La tesis que sostienen, al igual que en Sumar, es que el dirigente republicano empleó la posibilidad de liderar una candidatura nacional como elemento de presión a su propio partido, ERC, con quien mantiene una «lucha interna por tener el control del grupo parlamentario«. Los morados creen que la exhibición de fuerza de Rufián a nivel nacional es una manera de ponerse en valor y que «lo está utilizando» para ganar terreno en su propio partido.
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