Roca Rey salva otra tarde de escaso fondo ganadero en Santander

La Feria de Santiago volvió a recordar que una gran figura es capaz de convertir en triunfo lo que para otros apenas sería una oportunidad. Apenas veinticuatro horas después de que Victorino Martín devolviera al toro el protagonismo del espectáculo, Cuatro Caminos regresó a una corrida de muy desigual presentación y comportamiento. En ese escenario emergió la capacidad de Roca Rey para imponer su concepto y cuajar al notable segundo de Juan Manuel Criado en la faena de mayor calado de la tarde. Mientras, la alternativa del portugués Tomás Bastos dejó argumentos para pensar en un torero con futuro.

El triunfo del peruano quedó cimentado en el segundo, un toro de buenas hechuras pero algo escaso en su trapío global que tuvo una extraordinaria calidad en la embestida. Andrés, desde el capote, entendió el ritmo que pedía el astado y, ya con la muleta, construyó una faena de menos adorno y más profundidad de lo que acostumbra, siempre muy asentado y aprovechando la humillada entrega que tuvo el animal por ambos pitones. El final, con las cercanías como argumento definitivo, terminó de encender unos tendidos entregados antes de un espadazo rotundo que puso en sus manos las dos orejas.

Muy distinta fue la historia del cuarto. Más serio de presencia, pero también mucho más deslucido, sacó querencias, brusquedad y escasa continuidad. Roca Rey volvió a demostrar su enorme capacidad para resolver problemas, insistiendo hasta exprimir las escasas opciones de un toro áspero y correoso. El fallo con el descabello le privó de un nuevo trofeo.

La tarde de Pablo Aguado transitó entre los destellos y la frustración. El tercero apenas ofreció posibilidades con una embestida corta, defensiva y sin poder. El sevillano dejó únicamente algunos detalles aislados de su personalidad. Sí encontró más opciones en el quinto, un toro que exigía sutileza y mano baja. Cuando logró acompasar su embestida aparecieron naturales de enorme calidad, cargados de ese toreo lento y empacado que distingue su concepto. Sin embargo, el pinchazo volvió a dejar sin premio su actuación.

La otra buena noticia de la tarde fue la alternativa de Tomás Bastos. El joven portugués afrontó el día más importante de su carrera con personalidad y sin dejarse intimidar por la responsabilidad. El toro del doctorado tuvo nobleza, aunque muy escaso poder, y Bastos supo aprovechar sus opciones antes de que el animal buscara las tablas. La oreja se escapó entre la espada y el descabello.

Más redonda resultó su actuación frente al sobrero que sustituyó al inválido sexto. Bastos volvió a mostrar un concepto templado y una llamativa serenidad para meterse entre los pitones cuando el toro comenzó a apagarse. Esa firmeza tuvo recompensa con una oreja que sirvió para cerrar una alternativa ilusionante y confirmar que el portugués posee argumentos para hacerse un hueco en el escalafón.

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