Los eclipses son espectaculares. Lo hemos visto esta semana. En unos pocos minutos la luna tapa el sol y aparece la oscuridad. Increíble.
Algo similar tengo la sensación que está pasando con las vocaciones empresariales en España. Aunque no ocupe titulares.
Una serie de circunstancias están opacando la capacidad de crear empresas de los españoles más jóvenes.
Una fiscalidad que no ha dejado de subir en los últimos diez años. Una diarrea legislativa que ahoga el día a día de los empresarios con incontables trámites. La presunción de los poderes públicos de que el emprendedor es un defraudador y los múltiples incentivos para no ser autónomo frente a los subsidios. Por no hablar de las producciones audiovisuales en las que es imposible encontrar un empresario que no sea el malo de la película. El resultado es que cada vez hay menos jovenes empresarios en nuestro país como acredita la estadística oficial o el informe global GEM.
Lastima que este eclipse apenas esté despertando la atención de la opinion pública. Por eso me animo a escribir esta tribuna.
Mi consuelo es que, como hemos visto, los eclipses no duran mucho y pronto la luz de sol vuelve a iluminar los paisajes. Todo esta concatenación de hechos que acabo de describir, espero que puedan pasar. No exige grandes actuaciones ajenas a la cultura de nuestro país. Basta con mirar a nuestro entorno cercano. Los impuestos podrian ser como los de Irlanda, la burocracia como en Letonia, la consideración de la figura del empresario como en Dinamarca, la cultura del esfuerzo alemana, la educacion emprendedora de los Países Bajos.
Aunque los eclipses suceden habitualmente en varias territorios del mundo; en el argumento que estamos usando en esta reflexión, claro que hay muchos países que no son amistosos con las empresas. Pero la astronomía nos recuerda que para que la luna tape al sol en el mismo lugar han de pasar decenas de años, por no decir siglos.
Mi esperanza es que este apagón de vocaciones empresariales sea algo temporal que superaremos pronto y no vuelva a darse en muchísimos años.
Pero para que muchos más jovenes decidan abrir una empresa en España no podemos depender de que los astros no se alineen, hay que actuar. El eclipse emprendedor de nuestro país no es un fenómeno exógeno ni mucho menos espontáneo. Los impuestos los han subido los gobiernos , la burocracia goza de acuerdos parlamentarios, la crítica al empresario es fruto de una agenda política y deslegitimar la cultura del esfuerzo es una opción ideológica. Toca que la luz vuelva a vencer a la oscuridad. Nuestros vecinos lo han logrado con herramientas con legitimidad democrática como el estatuto del emprendedor francés, el apoyo al capital semilla polaco o las facilidades portuguesas a los mejores empresarios, por no hablar de los programas austriacos de una FP para crear empresas.
Toca ponerse a ello para que este eclipse pase y no vuelva a darse en siglos.












