Ecclesia al día, emitido en TRECE ha dedicado un espacio para dar visibilidad a la compleja realidad que atraviesan los municipios de la España rural
Para profundizar en este asunto, el Padre Fidel, un sacerdote rural, ha compartido la experiencia que vive diariamente al atender múltiples comunidades azotadas por la despoblación y el envejecimiento.
La rutina en los pequeños municipios exige una flexibilidad absoluta por parte de los párrocos. «El día a día de un cura rural nunca es un día normal», ha explicado el sacerdote, añadiendo que las exequias se han convertido en una de las celebraciones más habituales debido a que la población envejecida requiere un continuo acompañamiento pastoral.
día a día a contra reloj
Para cumplir con sus obligaciones eclesiales, el sacerdote debe organizarse minuciosamente con la ayuda de un croquis semanal.
El cura ha detallado que atiende a 4 parroquias distintas y que recorre «muchísimos kilómetros» en carretera, llegando a desplazarse hasta en tres o cuatro ocasiones durante la misma jornada al mismo pueblo para atender sucesos imprevistos e ir siempre «con el reloj en mano».
Imagen de una autovía española
A pesar de la sobrecarga de trabajo y del cansancio físico, el párroco ha destacado que la motivación de los vecinos resulta primordial para sostener este modelo.
«El sacerdote, sin la gente, no es nada», ha afirmado al referirse al sentido de su labor, subrayando que la cercanía de sus feligreses le otorga la fuerza necesaria para continuar con su ministerio sacerdotal.
El sacerdote, sin la gente, no es nada»
Sacerdote rural
Una familia unida en cuatro parroquias
La convivencia estrecha en el entorno rural fomenta una relación que trasciende la simple labor religiosa.
El padre Fidel ha valorado este trato cercano como un regalo, asegurando que los vecinos le abren las puertas de su corazón y lo integran como a un miembro más de una gran familia compartida entre los 4 núcleos parroquiales.

La parroquia de San Pedro Apóstol de La Quiñonería, un pueblo de 10 habitantes
En este sentido, el clérigo busca mantener una equidad completa entre todos los templos que tiene encomendados.
Respecto a su papel pastoral, ha afirmado que procura actuar como un padre de familia de cuatro hijos para cuidar de cada comunidad «por igual», adaptándose a las costumbres propias de los pueblos pequeños.
El dolor compartido y el aprendizaje
Esta vinculación afectiva también conlleva asumir los momentos difíciles de la comunidad como propios.
El cura ha confesado el fuerte impacto emocional que provocan las desgrazias familiares en el pueblo, revelando que en momentos de funeral o durante la eucaristía se ha roto en un «llanto de dolor» junto a las familias afectadas.

Vista de la localidad de Valenoso
Por último, el sacerdote ha expresado su gratitud por todo el aprendizaje humano y la humildad que recibe a diario de los vecinos. «Me han enseñado a tener el corazón abierto de par en par», ha concluido sobre la lección constante de acogida que le brinda la vida rural.
Me han enseñado a tener el corazón abierto de par en par»
Sacerdote rural















