La tragedia que azota a Venezuela ha convertido el país en un escenario de escombros y edificios derruidos que dificultan las labores de rescate de los sobrevivientes.
Mientras el país andino trata de recomponerse, las primeras certezas empiezan a poner nombres y apellidos a la tragedia.
Entre el caos y el polvo de los derrumbes, el eco del desastre ha cruzado el Atlántico.
Lo que comenzó como una angustiosa espera telefónica para cientos de familias en España se está transformando, con el paso de las horas, en una dolorosa realidad.
El Ministerio de Asuntos Exteriores ya ha confirmado las primeras cifras oficiales de compatriotas afectados por el violento doble seísmo que sacudió el norte del país.
Hasta el momento, las autoridades cifran en 17 los ciudadanos españoles fallecidos, una lista negra que lamentablemente amenaza con incrementarse.
Mientras tanto, los equipos de emergencia, entre los que se encuentran efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y el equipo de Emergencia y Respuesta Inmediata de la Comunidad de Madrid (ERICAM), extreman los trabajos a contrarreloj entre los escombros.
La desesperación se centra ahora en la suerte de unos 150 españoles que aún permanecen en la lista de desaparecidos, mientras el país caribeño asimila un balance global que ya supera las 1.450 víctimas mortales.
Dos primas unidas en la tragedia
El dolor de esta catástrofe ha golpeado con especial dureza al Archipiélago canario, históricamente vinculado a Venezuela.
Entre las víctimas identificadas se encuentran dos mujeres unidas por lazos de sangre y un mismo destino trágico en La Guaira, una de las zonas más devastadas por el seísmo.
La primera de ellas era Isabel Jara Noda, delegada del Gobierno de Canarias en Venezuela.
Nacida en La Guaira el 1 de mayo de 1957 en el seno de una familia de origen canario, Isabel poseía la doble nacionalidad y una trayectoria vital que conectaba continentes: cursó su bachillerato en Nueva York antes de regresar definitivamente a Venezuela en 1986.
El violento seísmo derribó el edificio residencial donde habitaba la representante institucional, truncando una vida entregada a los suyos y dejando un vacío inmenso en una familia rota por el dolor: Isabel era viuda, madre de cuatro hijos y abuela de nueve nietos.
Apenas unas horas después, el trágico balance sumaba el nombre de su prima, Olga Morales Santos, de 58 años, convertida en la última víctima española identificada en la zona.

Isabel y Olga, españolas fallecidas en los terremotos de Venezuela.
El ADN de la emigración
Olga encarnaba a la perfección la esencia de la diáspora: hija de emigrantes canarios originarios de Alojera, en la isla de La Gomera, su vida fue un constante puente entre ambas orillas.
Aunque regresó a Canarias y llegó a residir durante un año en el Archipiélago, el magnetismo de la tierra caribeña donde había crecido y desarrollado toda su vida la llevó de vuelta a La Guaira.
La confirmación de su fallecimiento viajó con dolor de vuelta a las islas el viernes, cuando su hermana Aura, residente en San Sebastián de La Gomera, recibió la desgarradora llamada de su cuñado desde el epicentro del desastre.
Isabel era hija de emigrantes procedentes de la isla de La Gomera; de hecho, según la prensa de la emigración, su padre figuró entre las 171 personas que protagonizaron la agónica y legendaria travesía clandestina del velero Telémaco en 1950 para buscar un futuro mejor.
Décadas después de aquella odisea marítima, la historia familiar se cierra con otra tragedia en la que adoptaron como su segunda patria.
El empresario bilbaíno, Jon Sustacha
Jon Sustacha llevaba toda la vida viviendo y trabajando en Venezuela. De hecho, su vida se ha visto truncada justo cuando estaba a punto de regresar a su Bilbao natal para disfrutar de su jubilación en la tierra que le vio nacer.
“Han recuperado el cuerpo de mi suegro sin vida”, relata Vanessa a EL ESPAÑOL quien cuenta que “está entero su cuerpo, porque no pudo protegerse”.
“Se ve que aguantó hasta hace un día o algo así porque no está en una descomposición fuerte”, explica.
Pero la gestión de toda la catástrofe ha dejado mucho que desear para las víctimas de esta tragedia que son las principales afectadas.
“Por culpa del Gobierno de mierda no llegó la ayuda a tiempo y han muerto”, reprocha al chavismo encabezado por Delcy Rodríguez.
Jon que era ingeniero había dirigido su empresa de aires acondicionados, servicios de refrigeración y calefacción en Venezuela hasta esta semana que han puesto todo en jaque.
Su hijo Esteban, su nieta y su nuera Vanessa habían mantenido la esperanza antes de recibir la triste noticia que esperaban no tener que escuchar.
Sin embargo, en mitad de toda esta catástrofe y de la pérdida de Jon para esta familia queda una anécdota cargada de amor incondicional.
Y, es que, su perrito Bruno sobrevivió al derrumbe por el terremoto y “no se apartó de Jon en ningún momento”, cuenta la familia a EL ESPAÑOL.
Bruno y Angy los dos perros de Jon que acompañaron a Jon durante el terremoto.
Pero, este empresario bilbaíno tenía otra perrita, Argy que no tuvo la misma suerte y su cuerpo lo encontraron este sábado después de que falleciese en el terremoto.
El edificio donde residía Jon Sustacha se encuentra en La Guaira, la zona más afectada por estos dos seísmos que ha quedado totalmente devastada.
Alazne Solabarrieta, mujer del etarra ‘Txistu’
Alazne Solabarrieta fue la primera víctima mortal española confirmada de los dos terremotos de Venezuela.
Al menos hay 17 españoles fallecidos según el Ministerio de Asuntos Exteriores, una cifra que fluctúa con el paso del tiempo y conforme las labores de rescate avanzan y lamentablemente encuentran cuerpos sin vida enterrados bajo los escombros de los edificios destruidos.
Alazne era de Caracas pero contaba con la doble nacionalidad española al ser descendiente de vascos.
Su abuelo fue alcalde de Ondarroa (Vizcaya), José María Solabarrieta, un político que tuvo que exiliarse a Venezuela después de la Guerra Civil.
De familia de políticos, su prima, María Esther Solabarrieta, es exdiputada Foral de Acción Territorial de Vizkaia.
Solabarrieta estaba casada con el etarra, Koldo Olalde, conocido como “Txistu” quien vive en este país después de huir en 1978 tras asesinar a tres guardias civiles.
Sin embargo, Olalde sí que ha sobrevivido a la tragedia aunque ahora se encuentra ingresado en uno de los hospitales de Venezuela que están prestando atención a los heridos por la catástrofe.














