“Aquí descansa aquel que fue la Alegría del Pueblo”. Este epitafio puede leerse en una tumba del cementerio de Magé, donde fue enterrado Manuel Francisco Dos Santos. En la historia del fútbol, siempre recordado por el apodo con el que la bautizó en su día su hermana y que define a un pajarillo veloz y a la vez torpe que vive en la selva del Mato Grosso: Garrincha. Un alma libre de Brasil que solo tuvo a un gran enemigo y a su vez peligroso aliado: el alcohol.
Campeón de casi todo con Botafogo y dos veces rey del mundo con la selección de su país, en 1958 y 1962, fue también uno de los mejores regateadores de la historia. Un talento innato pese a un detalle que no hacía presagiar que llegara tan lejos: una malformación en las piernas producto de una poliomielitis sufrida de pequeño.
Garrincha, en una visita a su pueblo natal, Pau Grande / EFE
De descartado a imprescindible
Garrincha tenía las dos piernas torcidas hacia el lado izquierdo y una de ellas, seis centímetros más larga que la otra. Posiblemente por ello fue rechazado por canteras potentes del país, pese a que destacaba en el Pau Grande de su ciudad natal. Todo cambió cuando probó por el Botafogo y deslumbró regateando una y otra vez al presuntamente infranqueable Nilton Santos.
Debutó en el primer equipo del Fogao en junio de 1953, con 19 años. Solo un mes después, anotó su primer ‘hat trick’ en la Liga de su país, en un partido contra el Bonsucesso que acabó 6-3. La clase de aquel futbolista llenaba los estadios de seguidores que querían disfrutar de su fútbol y solo tardó dos años más en empezar a entrar en las convocatorias de la selección nacional.
Por aquel entonces, Brasil aún se recuperaba del varapalo del ‘Maracanazo’ en 1950, cuando perdió contra Uruguay ‘su’ Mundial. En 1954, la selección brasileña tampoco brillo pero cuatro años más tardes se iniciaría una leyenda, aunque estuvo a punto de no serlo ya que un psicólogo desaconsejó su inclusión en la selección porque decía que «en lugar de cerebro tenía botellas». Por suerte para Brasil, no le hicieron caso,
Garrincha coincidió en la escuadra con un joven talento llamado Pelé. Vicente ‘el Gordo’ Feola, el seleccionador, supo ver el potencial de esa dupla, que se perdió los dos primeros partidos de aquel campeonato por problemas físicos. A partir del tercero, contra la antigua URSS, llegó la magia.
Campeón… sin enterarse
Brasil ganó 2-0 e hizo lo propio en cuartos de final contra Gales (1-0) y en semifinales frente a una de las favoritas, Francia (5-2). Y en la final le esperaba la selección anfitriona, Suecia, pero la ‘verdeamarelha’ volvió a golear 5-2 y Garrincha levantó su primera Copa del Mundo, aunque parecía que ni se hubiese enterado de lo conseguido. “¿Y ahora, contra quién jugamos?”, comentó a alguno de sus compañeros al acabar la final.

Una imagen de Garrincha en sus primeros años de internacional / ARCHIVO
Cuatro años más tarde, en Chile, Mané ya tuvo un papel protagonista desde el principio. Y más cuando una lesión en el segundo partido contra Checoslovaquia apartó del torneo a Pelé. El ‘ángel de las piernas torcidas’ asistió a su compañero Amarildo en el triunfo 2-1 contra España con el que cerró la fase de grupos y firmó sendos dobletes en cuartos de final contra Inglaterra (3-1) y en semifinales contra la anfitriona Chile (4-2).
Finalista con indulto
Garrincha estuvo a punto de no jugar la final. En el partido contra los chilenos, el árbitro peruano Arturo Máximo Yamasaki le expulsó por una presunta agresión a Eladio Rojas. Sin embargo, la Confederación Brasileña de Fútbol reaccionó. Con la colaboración del entonces primer ministro del país, Tancredo Neves, pidieron el ‘indulto’ al presidente de la FIFA, Stanley Rous, considerando que el jugador era “un excelente deportista y una persona sumamente disciplinada” y que el mejor futbolista del torneo no podía quedarse fuera del partido decisivo. En el fondo, existía la preocupación de no tener tampoco a Pelé y enfrentarse a la única selección a la que no había ganado en el torneo, Checoslovaquia.
La FIFA accedió al perdón en una decisión polémica y discutida. Garrincha se convirtió en el único futbolista de la historia en jugar una final pese a haber sido expulsado en una semifinal. No marcó en ese partido pero su selección se impuso por 3-1, con goles de Amarildo, Zito y Vavá. Mané y sus compañeros alzaron el segundo trofeo de su historia.
En 1966, Garrincha disputó su último Mundial en Inglaterra, aunque Brasil perdió su alegría. Pese a la victoria contra Bulgaria –con gol de libre directo incluido de Mané-, la ‘canarinha’ perdió sus otros dos partidos de la fase de grupos contra Hungría y Portugal, con lo que dijo adiós al torneo.
En aquel momento, el jugador empezaba a vivir su declive. A sus problemas físicos agravados por la explotación futbolística a la que sometía Botafogo se le unieron sus problemas personales. Se separó de su mujer Nadir tras iniciar una relación con la cantante Elza Soares muy mal vista por la sociedad brasileña de la época. Garrincha no podía evitar su adicción al alcohol, lo cual le llevó a la tumba. Una cirrosis lo mató el 20 de enero de 1983, con solo 49 años de edad. Un triste final para la ‘alegría del pueblo’.
Fuente: Sport












