El alcohol se mantiene como la causa número uno que lleva a los ciudadanos a buscar ayuda por drogodependencia. Según los últimos datos presentados en el Parlament, esta sustancia motivó 5.951 inicios de tratamiento de un total de 13.626 registrados en los Centros de Atención y Seguimiento de las Drogodependencias (CAS) durante 2025, lo que representa el 44% del total. Esta cifra consolida una tendencia que se mantiene inalterable desde 1997, cuando el alcohol superó a la heroína como principal motivo de consulta. El secretario de Salud Pública, Esteve Fernández, ha sido el encargado de exponer estas cifras en una comparecencia donde también han aflorado otras problemáticas complejas, como el aumento de la patología dual (la coexistencia de una adicción y otro trastorno mental), el consumo en personas sin hogar y la necesidad de adaptar los recursos de atención a las mujeres y otras identidades de género.
Alcohol y cocaína, las adicciones que lideran los tratamientos
La hegemonía del alcohol en las estadísticas de adicciones es un hecho consolidado desde hace casi tres décadas. Su impacto en la salud pública sigue siendo de primer orden, superando a otras sustancias que históricamente habían generado una mayor alarma social. La facilidad de acceso y su normalización en la sociedad contribuyen a que siga siendo la droga que más demandas de tratamiento genera en la red de atención especializada.
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Justo por detrás del alcohol, la cocaína se posiciona como la segunda droga que más inicios de terapia ha provocado desde el año 2003. En 2025, fue responsable de 3.723 nuevos tratamientos, lo que equivale a un 27% del total. A más distancia se encuentran otras sustancias como el cánnabis, que motivó el 13% de los inicios de tratamiento, y la heroína, con un 7%. Por su parte, el tabaco representa solo el 1,5% de los casos en los CAS, una cifra que tiene truco, ya que la mayor parte de la adicción al tabaco se aborda desde la atención primària, fuera de estos centros especializados.
En el ámbito de las adicciones comportamentales, los datos, correspondientes a 2024, revelan que se registraron 936 inicios de tratamiento. La gran mayoría de estos casos, un 74%, estuvieron relacionados con los juegos de apuestas. El resto se distribuye entre las compras compulsivas (7%), la adicción a los videojuegos (6%) y al sexo (5%), dibujando un panorama de nuevas dependencias que ganan terreno en la sociedad.

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El drama del sinhogarismo y la patología dual
La comparecencia de Esteve Fernández se centró en las políticas y programas de reducción de daños, un conjunto de intervenciones que buscan minimizar el impacto del consumo de drogas en la salud de la persona y de la comunidad. Estos programas tienen como objetivos principales reducir la mortalidad y la exclusión social, así como prevenir sobredosis e infecciones. Actualmente, Cataluña cuenta con una red de 40 servicios de reducción de daños, que incluyen centros de día, unidades móviles, salas de consumo supervisado y equipos de calle.
Uno de los datos más crudos aportados por Fernández es que el 45% de las personas atendidas en estos servicios de reducción de daños se encuentran en situación de sinhogarismo. Esta realidad evidencia la profunda conexión entre la exclusión social y las adicciones. Para hacer frente a este desafío, Salud Pública plantea como propuesta de mejora la ampliación de los recursos residenciales específicos para personas sin hogar que consumen drogas, así como un refuerzo en la formación de los profesionales que trabajan en primera línea.

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Otro de los fenómenos que preocupa es el aumento de la patología dual. Los profesionales observan un número creciente de personas que presentan, además de la adicción, otro trastorno mental asociado. Para abordar esta complejidad, se propone incorporar profesionales de la psiquiatría a los equipos de reducción de daños y reforzar los circuitos de coordinación con los dispositivos sanitarios del territorio. Además, se ha detectado que estos servicios tienden a ser recursos masculinizados, lo que dificulta el acceso a mujeres y personas con otras identidades de género, por lo que se planea adaptarlos con medidas como la creación de espacios de higiene diferenciados.
Se regalan hasta en fiestas de cumpleaños o comuniones»
Secretario de Salud Pública
La nueva amenaza: Vapear como puerta de entrada a la nicotina
Aunque no era el tema central de la comparecencia, la expansión de vapear entre los más jóvenes ha sido uno de los puntos que más ha preocupado a los diputados. La reciente encuesta ESTUDES de 2025 ya arrojó un dato alarmante: uno de cada cuatro estudiantes de entre 14 y 18 años ha consumido cigarrillos electrónicos en el último mes. Fernández ha alertado de que el diseño, con sus colores y sabores atractivos, «va dirigido a una población adolescente» e incluso «preadolescente y casi infantil».
El secretario de Salud Pública ha sido tajante al señalar la peligrosidad de estos dispositivos, que a menudo se perciben como inofensivos. Ha advertido de que se ha normalizado su presencia hasta tal punto que «se regalan hasta en fiestas de cumpleaños o comuniones». Esta afirmación subraya la urgencia de actuar para frenar una tendencia que amenaza con crear una nueva generación de adictos a la nicotina.
Vapear aumenta entre dos y tres veces el riesgo de convertirse en fumador de tabaco tradicional pasada la adolescencia»
Secretario de Salud Pública,
Fernández ha calificado vapear como la «puerta de entrada a la adicción a la nicotina de los joves«. Lejos de ser una alternativa inocua al tabaco, los datos y la experiencia clínica sugieren que su uso temprano tiene consecuencias directas. Según el secretario, «vapear aumenta entre dos y tres veces el riesgo de convertirse en fumador de tabaco tradicional pasada la adolescencia», desmontando el mito de que son una herramienta útil para dejar de fumar en este grupo de edad y presentándolos, en cambio, como un catalizador hacia el tabaquismo.
Finalmente, en el debate parlamentario también se ha puesto sobre la mesa la falta de recursos públicos para que las personas con una adicción puedan acceder a tratamientos de desintoxicación. Este punto, sumado a los nuevos retos como el consumo de metanfetamina o el envejecimiento prematuro de los consumidores de larga duración (el 60% de los atendidos en reducción de daños tiene más de 40 años), conforma un panorama complejo que exige una respuesta integral y con más recursos por parte de las administraciones.














