Mucho antes de que las gigantescas piedras de Stonehenge dominaran el paisaje del sur de Inglaterra, una comunidad neolítica ya había levantado una estructura orientada con precisión hacia los principales eventos solares del año. El descubrimiento de este monumento de madera de hace 5.000 años revela que la observación astronómica y las ceremonias vinculadas al Sol formaban parte de la vida de estas poblaciones varios siglos antes de la construcción del icónico enclave prehistórico.
Un equipo de arqueólogos de Wessex Archaeology, en el Reino Unido, ha descubierto cerca de Stonehenge una estructura de madera de unos 5.000 años de antigüedad que podría haber servido como precursor del famoso monumento. La construcción, alineada con el amanecer del solsticio de verano y el atardecer del solsticio de invierno, demuestra que el conocimiento astronómico y las ceremonias vinculadas al Sol existían en la región siglos antes de que se erigiera el popular monumento.
Notable precisión en una estructura de madera
Las piedras de Stonehenge llevan siglos fascinando a investigadores y visitantes por su precisa relación con los movimientos del Sol. Ahora, un descubrimiento realizado a pocos kilómetros del monumento británico sugiere que esa conexión astronómica tiene raíces aún más antiguas de lo que se creía.
Los científicos han identificado en Bulford, en el condado inglés de Wiltshire, los restos de una estructura neolítica de aproximadamente 5.000 años de antigüedad. Según los investigadores, podría tratarse de un “prototipo” de la alineación solar que más tarde haría célebre a Stonehenge.
Aunque hoy solo se conservan los huecos donde estuvieron emplazados los postes, el análisis arqueológico ha permitido reconstruir su disposición original. La estructura estaba formada por dos grandes postes de madera separados por unos 120 metros. Su orientación apuntaba con notable precisión hacia el amanecer durante el solsticio de verano y hacia la puesta de Sol en el solsticio de invierno, exactamente el mismo patrón astronómico que caracteriza a Stonehenge.
Las dataciones por radiocarbono indican que este monumento fue levantado alrededor del año 3000 a. C., unos 500 años antes de que se completaran las fases más emblemáticas de Stonehenge. Los expertos consideran que se trata de la evidencia más antigua conocida hasta el momento de una alineación con los solsticios en todo el paisaje arqueológico de Salisbury Plain.
Reconstrucción de las celebraciones del solsticio de verano, tal como podrían haber ocurrido en Bulford hace 5.000 años. / Crédito: Wessex Archaeology.
Un espacio sagrado en transformación
Para confirmar la hipótesis, especialistas en arqueoastronomía recrearon digitalmente el cielo, el horizonte y el paisaje tal como habrían sido hace cinco milenios. Los resultados mostraron que la alineación de los postes coincidía con los principales eventos solares con un margen de error de apenas un grado, una precisión sorprendente para una sociedad sin instrumentos modernos de medición.
El yacimiento también ha proporcionado indicios de una intensa actividad ceremonial. Las excavaciones revelaron fosas con restos de animales, fragmentos de cerámica, herramientas de sílex y vestigios de grandes reuniones comunitarias. Todo apunta a que el lugar fue un importante centro ritual, donde las poblaciones neolíticas se congregaban para celebrar los cambios estacionales y reforzar sus creencias religiosas.
Los investigadores creen que este hallazgo obliga a replantear la historia de Stonehenge. Más que una creación aislada, el monumento podría representar la culminación de una larga tradición de observación celeste y ceremonias vinculadas al Sol. La nueva estructura demuestra que las comunidades de la región ya desarrollaban complejos conocimientos sobre los ciclos astronómicos mucho antes de levantar los famosos círculos de piedra.
En ese sentido, el hallazgo refuerza la idea de que el paisaje de Wiltshire fue durante miles de años un espacio sagrado en constante transformación. Monumentos de madera, recintos ceremoniales y, posteriormente, círculos de piedra formaron parte de una misma tradición cultural que evolucionó a lo largo de generaciones.












